Lima no era una ciudad limpia: así funcionaba el sistema de desagüe y la limpieza pública durante la época del virreinato

La capital del virreinato, reconocida por su belleza y carácter cosmopolita, no se caracterizaba precisamente por su buena gestión en salud pública o temas de salubridad

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Lima antigua
Lima, una ciudad que luchó con la insalubridad. (blog.pucp.edu.pe/ Pinterest / Celebrate Urban Birds)

Nuestro país ha pasado por muchas etapas a lo largo de su historia, cada una con grandes eventos que marcaron un antes y un después para los ciudadanos de la época. Entre estos periodos destaca la era virreinal, que duró casi 300 años y de la cual hay un amplio registro.

En ese contexto vale decir que Lima, la joya de la corona española, fue por mucho tiempo una de las ciudades más importantes del virreinato y se convertiría más tarde en el último bastión de la ocupación extranjera. Esta destacaba por aspectos como su particular pero bella arquitectura ―que podemos apreciar en gran medida hasta actualidad―, su ubicación estratégica con salida a una importante ruta marítima y las innumerables riquezas que poseía.

Sin embargo, hay un punto un poco menos comentado y es la gran cantidad de insalubridad que existía por aquellos días y que llegó a convertirse en un verdadero dolor de cabeza, especialmente para las autoridades que por mucho tiempo buscaron soluciones para los múltiples problemas que traía la suciedad en la ciudad de los reyes.

Lima y sus muladares

Lima antigua
Imagen referencial que evoca a Lima en el virreinato. (Facebook LIMA en el Arte)

La época de ocupación española en Perú estuvo marcada por una serie de cambios, así como nuevas disposiciones para la administración del virreinato y su capital, Lima. Aquí se establecieron leyes muy rigurosas sobre diversos tópicos y se discutía regularmente sobre los problemas que aquejaban a la ciudad.

El Cabildo era la entidad encargada de estas conversaciones, y lo hacía a través de sus regidores, quienes llegaban a ciertos acuerdos y ejecutaban luego las decisiones en búsqueda del bien común, pero también de algunos intereses personales.

Lo cierto es que uno de los puntos críticos fueron desde siempre las condiciones de salubridad de la ciudad. Las autoridades, con plena conciencia de esto, realizaron esfuerzos como la emisión de una ordenanza que exigía a los ciudadanos no tirar basura y mantener limpias las calles colindante a sus viviendas, entre otras.

Lima antigua
Como se aprecia, por la ciudad solían pasar animales continuamente, haciendo una mezcla con lo rural. (Artmajeur)

Pese a esto, no fue posible controlar la cantidad de desechos que estos expulsaban, dando como resultado la creación de grandes muladares, que eran básicamente montones de excrementos de animales, humanos y basura acumulados.

Estos no se reservaban únicamente para los ‘corrales’ donde había animales, ya que se podían encontrar muladares en callejones, calles principales y secundarias, e incluso hubo un gran muladar en un establo abandonado muy cerca del Convento de San Francisco, ocasionando molestias a los frailes, según destaca el texto El manejo de los residuos orgánicos en el virreinato del Perú: El caso de los muladares de la ciudad de Lima, de Paula Ermila Rivasplata Varillas.

Estos podían llegar a ser enormes, compactos y muy difíciles de retirar. Asimismo, eran de temer debido a lo costoso que era eliminarlos. Muchos también se acumulaban cerca del río e incluso podían alterar el curso de algunas fuentes de agua.

Cerca del Convento de San Francisco hubo un gran muladar.
Cerca del Convento de San Francisco hubo un gran muladar. (Wikipedia)

De este modo se puede dejar a la imaginación cómo lucía uno de estos muladares y lo que representaban para la ciudad.

Insectos y basura

Debido a la ya mencionada convivencia entre humanos hacinados y animales, la ciudad de los reyes era constantemente azotada por la presencia de insectos como chinches, pulgas, piojos, moscas, mosquitos y demás, provenientes de los muladares y el ‘polvo del estiércol’ que era muy propio de la ciudad de Lima. Por supuesto, no se puede dejar fuera la existencia de roedores y cucarachas.

Asimismo, vale mencionar que según el texto del viajero italiano Francesco Carletti, también proliferaban las niguas o piques, muy problemáticos para los pobladores.

Nigua o pique
Nigua o pique. (Deborah Silver)

Por otro lado, el recojo de la basura, a inicios de la época colonial no se hacía diariamente, sino más bien cuando esta empezaba a ser un obstáculo para el libre tránsito o el olor se volvía insoportable, dando como resultado una población habituada a la suciedad de las calles.

Cabe mencionar que una costumbre común de la época era botar la basura desde el puente de piedra y otras estructuras similares, pese a que esto también estaba prohibido y contribuía con la formación de los muladares.

Agua, desagüe y gallinazos

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Una acequia en la antigua Lima. (Memorias de Lima.)

El clima de Lima también constituyó una fuente de preocupación, principalmente para los viajeros. La mezcla de calor y humedad era más que suficiente para descomponer rápidamente la basura, alimentos y cadáveres de animales que eran dejados en algunas calles.

En tal sentido, es importante destacar la presencia de gallinazos en la ciudad, aves que se posaban por diversos espacios y daban cuenta de la situación. Fueron consideradas incluso un ‘mal necesario’ ya que debido a su naturaleza carroñera, acababan con algunos de estos cadáveres de animales ‘ayudando’ sin querer a las labores de limpieza.

Respecto del sistema de alcantarillado, como sería conocido hoy, Lima de esos días no tenía realmente uno. Sin embargo, se puede entender de manera más gráfica las condiciones para el desecho de residuos humanos a través de las investigaciones de Carlos Bustíos, médico e investigador de la salud en Perú. Un extracto de estas fue recogido por el libro Historia Ambiental del Perú Siglos XVIII y XIX, del Ministerio del Ambiente.

“Su situación sanitaria era terrible y peligrosa: acumulación de basuras; acequias abiertas en las calles principales, portadora de todo tipo de desechos; jirones polvorosos, sin empedrar; falta de canalización del agua y desagüe; [...] con silos abiertos; falta de baños públicos y particulares, etc”, se describe.

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El agua del río Rímac era usada para beber, pero también fungía de lugar de paso del desagüe. (Rumbos del Perú)

De igual modo, el historiador Juan B. Lastres, también para el libro del Ministerio del Ambiente, comenta lo siguiente: “Las deyecciones eran echadas al arroyo o almacenadas en silo, que volvían las ciudades pestilentes y de atmósfera irrespirable”.

En tal sentido, queda claro que la forma más común para deshacerse de la materia fecal, orines y basura en Lima eran justamente estas acequias. Muchas de ellas pasaban por las calles y funcionaban como desagües que a veces se desbordaban, pero siempre desembocaban en el río Rímac.

A propósito de esto, vale mencionar que dicho río fue por mucho tiempo la fuente de agua principal para los limeños, la cual bebían directamente sin mayor reparo. Por esta razón muchos de los ciudadanos sufrían de males estomacales agudos como tifoidea o diarreas que podían ser mortales.

Juan B. Lastres complementa explicando la situación de la distribución de alimentos, tan precaria como casi todos los puntos mencionados anteriormente.

“Los mercados de abastos, con la suciedad y promiscuidad consiguientes, hacían fácil el contagio y la transmisión de las enfermedades de todo orden, amén de la pobre alimentación y el clima, que favorecían el progreso de la tuberculosis. La higiene del soldado, tan precaria, facilitaba la transmisión del tifus exantemático, las enfermedades eruptivas, el paludismo y muchas parasitarias”.

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Referencia de un mercado colonial. (LaVoz)

Pese a esto, se dictaminó más de una norma para mejorar las condiciones sanitarias en la ciudad de los reyes, como la imposición de multas, nombramiento de comisarios de limpieza, entre otras ordenanzas. Desafortunadamente, la salubridad continuó siendo un problema que se agravó con el crecimiento demográfico de la ciudad, que tardaba mucho tiempo en ponerse al corriente con las medidas impuestas por la corona para el cuidado de la salud pública y la limpieza.

En el siglo XVIII vendría un cambio con respecto al sistema de desagüe de acequias que fueron transformadas en un alcantarillado. El paso del tiempo, las pestes y demás dieron lecciones que luego fueron aplicadas y mejoraron exponencialmente la calidad de vida de los ciudadanos, pero no se puede negar que la metrópolis con sus gallinazos y hedores fue por mucho tiempo un claro ejemplo de que la belleza e insalubridad, en raras ocasiones, pueden convivir en una sola frase.

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