
Son pocos los entrenadores con la trayectoria de Jorge Fossati que llegan al Perú y logran tener el éxito esperado. El uruguayo tomó la difícil decisión de venir al país y tomar el mando de un equipo armado y golpeado anímicamente; pero, siempre tuvo la convicción de lograr grandes cosas.
No tenía que probar nada. Ya había salido campeón en Ecuador, Qatar y torneos internacionales, y dirigió a nivel de selecciones. Pese a lo mencionado previamente, se aventuró en un nuevo desafío con más de 70 años en una liga desconocida y lejos de la comodidad de su casa.
Su hambre de gloria y el apoyo de su comando técnico lo llevó a alcanzar el objetivo ansiado por los millones de hinchas ‘cremas’ desde hace casi una década atrás: la estrella 27. Y lo hizo de una forma histórica, venciendo a su clásico rival, Alianza Lima, y dando la vuelta olímpica en su cancha.
Confianza en su esquema de juego
La ‘U’, con Carlos Compagnucci, formaba con un 4-3-3; no obstante, Fossati impuso su esquema de juego, 3-5-2 o 5-3-2, desde su primer partido. Acomodó a diferentes jugadores en posiciones inhabituales. Por ejemplo, a Aldo Corzo lo alineó como ‘stopper’ por derecha. Por esa misma banda, colocó a Andy Polo como carrilero.
Su sistema le dio mayor equilibro al elenco ‘merengue’, que no la había pasado muy bien defensivamente en el inicio de la Liga 1 2023. Resguardó al volante Rodrigo Ureña con tres zagueros - Corzo, Riveros y Di Benedetto- y le facilitó las cosas al extremo de salir nominado como mejor futbolista de la temporada.
El equipo del ‘charrúa’ salía de memoria: José Carvallo en el arco; Aldo Corzo, Williams Riveros, Matías Di Benedetto como centrales; Andy Polo y Nelson Cabanillas como carrileros; Rodrigo Ureña, Martín Pérez Guedes y Piero Quispe en el mediocampo; Alex Valera y Luis Urruti o Edison Flores como dupla de ataque.

Buen manejo de las crisis
Claramente el camino no iba a ser fácil y el experimentado estratega tuvo que superar varios obstáculos. Los futbolistas de su escuadra protagonizó una pelea campal con sus rivales de Gimnasia y Esgrima La Plata en el final de la fase de grupos y algunos quedaron suspendidos por varias fechas.
Sin duda alguna, el momento más crítico de su etapa en Universitario fue cuando su preparador físico, Sebastián Avellino, quedó detenido en Brasil por realizar supuestos gestos racistas en el cotejo ante Corinthians. Su colaborador permaneció semanas dentro de una celda y Fossati estuvo cerca de renunciar a su cargo.
Producto del desgaste de la competencia internacional, entró a una mala racha en la recta final del Torneo Apertura, sobre todo cuando salía de visita hilando tres derrotas (Alianza Atlético, UTC y Sport Huancayo), que no le permitió ganar dicha fase del campeonato peruano y provocó múltiples críticas.
En estos distintos escenarios, el DT extranjero mostró mucho aplomo y dio asertivos mensajes para mantener la unión en el camerino y superar las crisis de la mejor manera. Asimismo, consiguió seguir encaminado hacia la obtención de las metas planteadas desde su llegada a Ate.
Su don de paternidad
Algo que falló en el paso de Carlos Compagnucci por Campo Mar fue su manejo con los futbolistas. El mismo argentino lo reconoció en una entrevista. Caso contrario ocurrió con Jorge Fossati, quien recurrió a su don de paternidad para recuperar a deportistas que no atravesaban un buen momento.
Para citar un nombre puntualmente, Piero Quispe es un claro ejemplo. El ‘10′ canterano no venía jugando con el ‘gaucho’ y el entrenador uruguayo le devolvió el titularato. Este le pagó su confianza con sobresalientes actuaciones, las cuales le permitieron debutar con la selección peruana y estar cerca de emigrar al extranjero.

Su perfil que lo llevó a ser elegido por Manuel Barreto y Jean Ferrari, también lo alejó de tienda ‘crema’. Y es que la selección peruana se interesó en su persona tras la salida de Juan Reynoso y restan detalles para concretar su incorporación. Fossati vivirá su tercera experiencia a nivel de selección.
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