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“Quiero formar una familia”: Gonzalo Aziz habló sobre la búsqueda del amor, la paternidad como proyecto y la ansiedad por el paso del tiempo

En Ellos, el periodista y conductor reflexionó sobre su deseo de compartir la vida con alguien, construir un hogar y comenzar una nueva etapa después de haber priorizado durante años su carrera profesional. Además, habló de sus miedos y expectativas, y de las transformaciones personales que cambiaron su manera de vincularse y de proyectar el futuro

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Hay que vivir ahora, abrazar más, viajar más, decir más ‘te quiero’ porque la vida se puede acabar mañana”, afirmó Gonzalo Aziz en Ellos, el nuevo ciclo de Infobae, al reflexionar sobre cómo el paso del tiempo, los vínculos y la conciencia de la finitud fueron reordenando sus prioridades personales y su manera de mirar el presente.

Durante la entrevista, habló sobre la importancia de la pareja como equipo, el peso de la disponibilidad afectiva, la relación con sus padres y amigos, y el trabajo personal que hizo en los últimos años para habitar sus vínculos con más madurez y empatía. Su testimonio puso en primer plano una búsqueda íntima atravesada por el deseo de compartir, construir un hogar y vivir con mayor profundidad emocional.

Gonzalo es periodista, analista político y conductor. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Políticas Públicas por la Universidad Austral. Además, está al frente de una cátedra en la Maestría en Ciencia Política de la Universidad Austral. Desarrolló gran parte de su carrera en TN y eltrece, donde comenzó en 2003 como pasante y productor y, desde 2007, se desempeñó como periodista especializado en política, con una extensa trayectoria como acreditado en el Congreso de la Nación y la Casa de Gobierno. También realizó estudios de posgrado en Ciencia Política y Liderazgo Político en España.

En 2026, inició una nueva etapa profesional en Infobae, donde conduce el programa de cierre de jornada de Infobae en Vivo. Además, es autor de La gestión del diálogo, un libro en el que propone repensar la confrontación política y avanzar hacia una cultura basada en el diálogo y la construcción de consensos.

Ellos - Gonzalo Aziz
Gonzalo Aziz habló sobre los procesos internos que marcaron una nueva etapa, tanto personal como profesional, en su vida. (Maximiliano Luna)

— Gonzalo, me encanta tenerte como entrevistado porque es poco lo que se sabe de vos y mucho el camino que has recorrido en los medios.

— Muchos años trabajando de esto, sí. Es como que nunca me acostumbré, nunca me metí en esto de convertirte en un personaje que cuenta su vida privada, pero en definitiva lo que hacemos como profesional es fruto de una vida privada, ¿no? Pasan muchas cosas que nos convierten en esto, que después la gente ve un ratito, tres horas por día.

— ¿Pero por qué? ¿No te animaste? ¿No se dio la oportunidad o quisiste resguardar ese espacio personal?

— No, nunca quise resguardar así de manera sistemática o estratégica. Quizás no se dio tampoco. Y este año tuve una primera experiencia en una entrevista que me hizo Tati Shapiro en Infobae, que me solté bastante y conté muchas cosas de una vida privada, que afortunadamente es muy linda, está buena y que creo que hace esto que soy también como periodista o analista político.

— ¿Sentís que hay muchos periodistas que quizás prefieren no exponer su vida privada, como los periodistas deportivos, que prefieren no contar de qué club son hinchas para resguardarse un poco?

— Sí, en una parte sí. Yo fui cambiando eso igual. Pensaba eso y hoy te digo que me parece que estoy mucho más convencido de que mis opiniones políticas, que uno puede escuchar todos los días acá en Infobae, salen de una vida privada que nace de una familia, de un grupo de amigos, de un barrio, que después, obviamente, se complementa y se nutre de una formación académica y de un recorrido profesional. Pero creo que no está despegado un caso del otro, ¿no? Uno es quien es por un montón de razones que están súper relacionadas con la vida privada de uno también.

— ¿Y en qué momento de tu vida estás ahora?

— Mirá, en un momento espectacular. Muy contento. Profesionalmente, creo que en el mejor. Vine a Infobae súper feliz de hacer este cambio a principios de este año, después de una carrera que ya tenía 23, 24, 25 años, si querés, depende de cómo uno la mida. Y me encuentra también en un momento personal que creo que va de la mano de ese momento profesional de mucha tranquilidad, de un lindo estado de cierta madurez, de trabajarme mucho a mí mismo también, de procurar trabajarme a mí mismo y de ocuparme de trabajarme.

— No sé si te ha pasado, quizás tuvo que ver con estos grandes cambios laborales que hiciste, pero ¿viste que cuando tenés la suerte y la consecuencia del trabajo, de que vas logrando objetivos y te está yendo bien a nivel profesional, se empieza a llenar una especie de vaso en donde la insatisfacción, a contramano de lo que pareciera, empieza a florar. ¿Te pasó? ¿Te invitó a hacer algún tipo de quiebre?

— Sí. Sobre todo a nivel personal, creo. Cuando trabajás de esto tantos años y le entregás tanto tiempo y energía a tu vida profesional, desatendés otras cosas, ¿viste? Hay una frase que me encanta de Ismael Serrano que dice: “Cada vez que uno hace una elección, al mismo tiempo hace una renuncia”. Cuando uno elige, renuncia a algunas cosas. Y con el correr del tiempo, con los años, con la madurez profesional de llegar quizás a los lugares donde quería llegar, empecé también a preguntarme: “¿Qué es lo que dejé?” Creo que también la vida te da revancha y te permite empezar a ocuparte de esas cosas que quizás no te ocupaste tanto durante todo este recorrido profesional.

— ¿Y cuáles crees que fueron esas cosas que dejaste de lado?

— Este es un laburo que te demanda mucho tiempo. Entonces tenés que trabajar mucho con vos mismo para ocuparte de tus seres queridos, de tus amigos, para estar con la gente que te conoce desde que vos no existías prácticamente a nivel profesional. Y empecé a pensar un poco en eso, a volver mucho a mi barrio. Yo soy de Adrogué, provincia de Buenos Aires. Así que tratar siempre de volver a mis orígenes, de estar ahí, de encontrarme con mi familia, con los chicos del barrio, con mis amigos de toda la vida. Creo que siempre estás a tiempo de recuperar esas cosas. Nunca las perdí del todo. Creo que sí atendí mucho mis cuestiones profesionales y mi vida personal quizás estuvo, en cierto modo, postergada, ¿no?

— ¿Te lo cuestionaste mucho eso en algún momento?

— Sí, claro que sí. Porque yo soy un tipo súper familiero, un tipo con vocación de familia, de querer algún día formar mi familia y creo que como esas cosas tan importantes de la vida requieren que vos le pongas atención, tiempo, dedicación, paciencia. Y para eso tenés que ocuparte de abrir un espacio para que eso ocurra. El tiempo es finito, entonces, si vos no tomás la decisión de dedicarle tiempo a tu vida personal, eso no va a ocurrir por arte de magia.

— ¿Y cuándo uno toma esa decisión? ¿Cuándo llegás a un punto de inflexión en el que quizás hay una línea cronológica que empieza a perseguir y, como has dicho en algún momento, ya te comiste la mitad de la pizza? ¿O hay algún hecho o suceso que te invita a replantearte todo?

— El mundo que te rodea te lo replantea a la fuerza porque tus amigos empiezan a tener hijos, están casados, hacen vida más tradicional y uno a veces se pregunta: “Che, pero a mí también me gustaría tener una vida así”. Y al principio te lo perdonás más o tenés más paciencia con vos mismo porque sos más joven. Cuando pasás los 40, 40 y pico, ya te acercás a los 50 y decís: “Bueno, tampoco hay que subestimar tanto el paso del tiempo, ¿no? Porque la vida pasa para todos".

— Pasa muy rápido. Las mujeres tenemos quizás un estigma mayor a nivel social y cultural en relación al reloj biológico. ¿Cómo lo vivís vos?

— No lo vivo con la misma presión que lo vive una persona que tiene ese, digamos, impedimento, que viene de la vida misma. Al mismo tiempo, creo que tampoco toda la vida es para hacer todas las cosas. No es que a mí me gustaría llegar demasiado grande al momento de formar una familia. Creo que también hay energía, disposición, un montón de cosas que van...

— Las rodillas no funcionan igual a los 30 que a los 50, eso seguro.

— Exactamente. Pero bueno, a mí obviamente me interpela permanentemente eso. No te voy a mentir. Sería hipócrita de mi parte no decirte que sí, que eso me interpela muchísimo y si yo tuviese que elegir hoy qué parte de mi vida satisfacer, esa es claramente la prioritaria, absolutamente.

— Lo que pasa que es difícil porque no es algo que depende solo de vos. Uno a veces dice: “Quiero que llegue esto en tal momento, cuando tenga tal y tal cosa alcanzada a nivel laboral”. Pero después, la vida decide ¿no?

— Sí. Hay una cuota de destino muy grande. De todas maneras, uno tiene que disponerse a que el destino actúe. Porque si el destino actúa y vos no estás dispuesto o no estás ni dispuesto ni disponible, que son dos cosas complementarias, me parece que por más destino que haya, si vos no estás disponible a que las cosas te pasen y dispuesto desde tu interior a que eso te ocurra, nunca va a terminar pasando.

— En los tiempos que corren se habla mucho de esta falta de disponibilidad de los varones a la hora de entregarse a un vínculo. Vos hablabas de la no disponibilidad por temas laborales, pero ¿en algún momento te reconociste no estando disponible para estar en plenitud en un vínculo?

— Me ha pasado sobre todo cuando se terminó una pareja que tuve. Después de varios años, es como que uno tiene que recuperar el estado de disponibilidad, ¿viste? Cuando vos terminás una relación, después, no es tan fácil empezar rápidamente. Y uno tiene como que redisponibilizarse, ¿no?

— Sí y reeducar la manera de comunicarte con ese otro que habla otro idioma distinto al que venías hablando, ¿no?

— Totalmente. Ahora, de un tiempo a esta parte, es como que ya siento que estoy en un buen momento para afrontar una situación de pareja otra vez y sobre todo para aprender de las experiencias pasadas, para intentar de que no vuelvan a pasar y, al mismo tiempo, para que las cosas funcionen. Hay que poner mucho de uno también. No tiene que ser un sacrificio. Tiene que fluir y ser algo que te haga muy feliz. Pero tenés que disponerte. Algo tenés que hacer para que las cosas ocurran, no es que ocurren por arte de magia. Y como dijiste vos recién, no depende solo de uno. Con lo cual, también, que no dependa solo de uno significa tomar conciencia y considerar que hay un otro y aprender a ser tolerante, a escuchar y aprender a aprender de los demás.

— Pero viste que dicen que cuanto más tiempo pasa, uno se vuelve más mañoso...

— Cuando no te trabajás. Yo creo que cuando te trabajás, al contrario, cuanto más tiempo pasa, sos más maduro, estás más preparado, te volvés más tolerante con el paso del tiempo cuando te trabajás. Yo soy proterapia desde siempre y me encanta. Es un espacio espectacular donde uno puede trabajar las cosas que no te hacen bien, las cosas que no haces bien, las cosas que tenés que mejorar. Y cuando te trabajás a vos mismo, ya sea a través de la terapia o de cualquier actividad que te haga bien, desde constelar hasta hacer yoga o lo que sea, me parece bien. El paso del tiempo, como el vino, te pone mejor.

— ¿Y te has abierto a ese tipo de terapias alternativas más allá del psicoanálisis? ¿Te veo constelando en un grupo? (risas)

— Sí, una vez me animé. Pasa que yo era muy reticente a eso hasta que me pasaron dos cosas. Primero vi la serie Mi otra yo y después, yo ando mucho en moto, viajo mucho y en un viaje venía bajando por Tucumán, Catamarca, La Rioja. Llego a San Juan, antes de pasar a Mendoza, y me encuentro con un exdiputado a quien había conocido en mi calidad de periodista y comiendo un asado en Calingasta, en un lugar bellísimo, en Barreal, zona de viñas, me presenta su pareja y le digo: “¿Vos a qué te dedicás?” “Yo constelo”, me dijo. “¿Pero vos no sos ingeniera?” “Sí, sí, pero constelo”. “Pero pará, ¿vos no sos dueña de una empresa de telecomunicaciones?” “Sí, pero constelo”. “¿Y cómo es constelar?” Entonces, en ese asado, su pareja, este exdiputado, le dice: “Hacele una muestra gratis a Gonza”. Y me consteló con algunos objetos, digo, con el fiambre, una botella de vino, lo que había en la mesa (risas).

— Para quien no sabe: uno empieza a ubicar esos objetos, dándole algún tipo de renombre o rótulo y paradójicamente surgen ciertas vinculaciones y modo de vincularnos que a veces nos hacen abrir los ojos.

— Yo me quedé helado, Luli. Le dije: “Pero si vos no me conoces a mí, ¿cómo sabés todo esto?” Así que cuando terminé ese viaje en moto, que concluyó en mi lugar en el mundo, que es Villa La Angostura, volví a Buenos Aires y le pedí a este exdiputado si le podía pedir a su pareja para que me recomiende alguien con quien constelar. Y constelé dos veces.

— ¿Y cómo te fue?

— Muy bien. Me gustó mucho. Una experiencia reveladora, aparte.

— Muy reveladora, porque uno constela distintas cosas.

— Sí, yo constelé un poco mi vínculo con mi familia, con mis padres. Yo tengo una familia espectacular, por la cual estoy profundamente agradecido, pero la vida tiene un montón de vaivenes y quería constelar algunas cositas que quizás me interpelaban y estuvo espectacular.

— Uno se queda como resonando con todo eso durante varios días. ¿Sentís que te posicionó en un lugar diferente?

— Sí, mucho mejor. Entendí, acepté muchas cosas. Comprendí por qué pasaban algunas cosas en mi manera de vincularme con mi familia, con mis viejos.

— ¿Te tocó cuestionarlos también?

— Me tocó entenderlos, creo yo siempre fui más de cuestionar (risas) y me pasó de comprender, de decir: “Che, claro, ahora entiendo por qué”. Y está bien y te hace más empático, más compasivo.

— Tenés un modelo igual de padres muy unidos, ¿no? Con un matrimonio muy lindo.

— Uf, mis viejos tienen 74 años, están casados desde los 22 años. Y están de novios desde los 16. Fueron compañeros de colegio desde salita de cinco años.

Ellos - Gonzalo Aziz
“Ahora tengo la experiencia, los recursos y la disponibilidad para poder ser un buen marido y un buen papá”, aseguró el periodista. (Maximiliano Luna)

— ¿Y cuánto pesa una historia tan sólida a la hora de armar un vínculo?

— Y pesa para bien, pero pesa. Yo no concibo una manera de estar en pareja que no sea siendo feliz. Esto que uno ve habitualmente, que estás en un asado y alguien te dice: “No, que mi jermu tal cosa y que mi mujer tal otra”. Y yo digo: “Che, pero si no estás contento, ¿para qué seguís? ¿Por qué seguís en pareja?”. Y empezás a indagar un poco el mundo que te rodea, y si bien yo tengo la suerte de tener a mi alrededor muchas parejas lindas de amigos y de familiares, también conozco muchas personas que siguen juntos por obligación o por costumbre. Eso no está en mi enciclopedia. Yo cuando estoy en pareja estoy feliz, orgulloso, me gusta físicamente, mentalmente, espiritualmente mi pareja, me encanta estar en pareja cuando estoy bien y disfruto mucho de esto que yo siempre digo es un equipo, no una sociedad.

— ¿Y siempre tuviste claro qué tipo de pareja o de compañía buscabas? Porque a veces uno, al menos desde el lado femenino, dice: “Los hombres no se quieren comprometer” o “les pasa esto o aquello”, y de golpe quizás es uno el que está poniendo mal la brújula.

— Sí, coincido. Yo eso lo tengo muy claro, por suerte.

— ¿Y qué tipo de mujer buscás?

— Primero una compañera. Creo que estar en pareja es hacerse compañía en todo sentido, en todo tiempo, en todo lugar. Tiene que ser tu equipo, tiene que ser tu compañera de equipo. Y hay cosas que no negocio. Primero, que me tiene que gustar, tiene que haber atracción y no hay que ser hipócrita. A veces el mundo es hipócrita con eso. Te tiene que gustar. A vos te tiene que gustar. Tenés que ver a tu pareja y decir: “Che, sos lo más lindo que hay en la vida, sos preciosa”, la tenés que admirar. Para mí una pareja sana es la pareja en la cual vos podés poner en sus manos cualquier decisión importante de tu vida y decirle: “Che, decime para vos qué es lo que tengo que hacer. Y yo confío plenamente en lo que me vayas a decir y soy capaz de hacer lo que vos me recomiendes, porque sé que vos vas a querer lo mismo para mí”. Y después tenés que tener un modelo de futuro similar, no digo el mismo, pero parecido, por lo pronto, el tipo de familia que querés construir. Eso es central.

— No te quiero romper el corazón, pero toda esa previsibilidad es muy difícil de llevar a cabo después.

— Seguro, pero al menos tenés que intentarlo. Yo siempre digo ponelo en el lugar del deseo, si querés, y del intento, no de la concreción exacta. No pretendo un calco, en absoluto. Digo que en el momento de empezar tenés que tratar de matchear en la mayor cantidad de cosas que puedas de estas variables que uno maneja: que es que te tiene que gustar, que tenés que admirar, que tenés que confiar mucho. Después está el tema de la confianza. Para mí una pareja se construye con confianza. Yo me río porque muchas veces, tanto en el canal anterior donde trabajaba como acá, me preguntaron y dije públicamente que yo nunca fui infiel a una pareja porque no entra en mi enciclopedia ni en mi diccionario la posibilidad.

— Igual es sorprendente que eso sea algo a destacar, ¿no? Cuando uno elige a otra persona debería ser algo normal. Creo que a veces estamos interpelados por la necesidad de ser aprobados todo el tiempo por un otro y me parece que muchas veces la búsqueda de un tercero dentro de un vínculo tiene más que ver con inseguridades no abordadas.

— Pero tenés siempre la chance de separarte. Cuando vos tenés la oportunidad de ser infiel, primero tenés que pensar que vas a lastimar a alguien, alguien que confía en vos, que te quiere un montón, que te ama. En segundo lugar, tenés que pensar cómo te sentirías vos si vos fueses la víctima de una infidelidad, que creo que a mí me destrozaría absolutamente. Y tercero, tenés que decir: “Che, a mí nadie me obliga a estar acá, yo puedo, tengo la opción de terminar con este vínculo antes de lastimar, antes que defraudar”, porque en definitiva lo que estás rompiendo es un compromiso de lealtad con alguien. Y la infidelidad no es solamente a nivel pareja, la más fuerte quizás es a nivel pareja. Pero también puede ser en otros ámbitos. A mí no me gusta ser infiel a mis amigos, yo no soy infiel a un amigo.

— ¿Cómo se le es infiel a un amigo?

— Y, por ejemplo, participando de alguna situación social en la cual se está hablando mal de él. Yo si estoy con vos y vos empezás a basurear a un amigo mío, me levanto y me voy. Mis amigos son los hermanos que la vida me regaló y los quiero muchísimo y son una parte esencial, son mi familia también. Entonces, de repente, estar en un lugar o concebir una relación con alguien que está destratando a un amigo tuyo es una manera para mí de serle infiel a un amigo.

— Te escucho y escucho todo lo que la mayoría de las mujeres busca en un compañero, en una pareja. ¿Estás solo actualmente?

— Estoy solo, sí.

— ¿Por qué sentís que estás solo?

— Qué pregunta difícil, pero qué bueno hacérsela acá. Estoy solo porque hay una cuota que me corresponde a mí y una cuota que le corresponde al destino. Muchas veces, como te contaba hace un ratito, uno le pone mucha atención y energía a algunos costados de su vida que implican individualidad. Lo profesional, por ejemplo.

— ¿No sentís que, habiendo ejercitado tanto ese costado tuyo, también hay una parte, quizás de temor a soltar toda esa solvencia y seguridad que lo conocido ya te da?

— Puede ser, en su momento, hoy ya trabajado te digo que no. Hoy yo estoy completamente consciente y seguro de que lo más importante para mí, que incluso me va a hacer mejor analista político, mejor conductor de televisión, es tener una vida personal sólida, linda, florecida y alegre. Después hay una cuota de destino. Decir que no me colaboró sería muy injusto, porque me colaboró en muchas cosas. Me dio salud, trabajo, me dio familia, amigos, me dio un bienestar tremendo, pero en ese capítulo de mi vida, esa parte de mi vida todavía no me terminó de colaborar. Con lo cual, si te tengo que responder por qué creo que aún con las ganas de formar una familia, con mi vocación de hacerlo, estoy solo, creo que hay una parte que me corresponde a mí, que quizás hoy en día ya tengo trabajada y hay otra parte que corresponde al destino, que todavía no me tocó encontrarme con una persona que quiera eso mismo que yo.

— Hablaste de tus amigos, de cómo ya a muchos los ves papás. ¿Te animarías a ser papá solo?

— Uf, qué buena pregunta. Me gustaría intentarlo con alguien primero. Yo no sé si soy tradicionalista, porque soy una persona que hago un montón de cosas, que tengo una vida muy dinámica, trabajo en un ecosistema que no es tradicionalista. Pero es como que todavía me gusta el modelo de familia tradicional. Me gusta ese modelo equipo donde hay una mamá y un papá, donde hay una casa, un hogar, sobre todo, que no es lo mismo una casa un hogar. En un hogar hay un ecosistema que está hecho de abuelos, de tíos, de primos, de amigos que son familia y que son como los tíos de los hijos. Me gusta todavía esa cosa de la familia a la vieja usanza. No descarto algún día, porque creo que la vida te va moldeando, te va enseñando, te va curtiendo y nunca hay que decir que no a las herramientas que la evolución de la historia nos va ofreciendo. Pero si te lo tengo que responder hoy, en 2026, todavía me gustaría tener la posibilidad de armar una familia a la vieja usanza.

— Mencionaste a Ismael Serrano y también hablaste, en el reportaje con nuestra compañera, de Joaquín Sabina. ¿Por qué sentís que te interpelan tanto en este momento de tu vida?

— Mira, a los dos los escucho hace mucho tiempo, desde que soy joven me acompañan. Joaquín, que me parece que fue el padre de la canción de autor española, junto con Serrat y algunos más. Estos tipos que llevaron una bandera de la música profunda, poética, nostálgica, también. Ismael Serrano creo que es un hijo pródigo de ellos. Me gustan ese tipo de propuestas musicales porque me parece que nos indagan mucho en todo esto que venimos hablando. Nos permite pensar cómo entendemos el amor, el amor sano, el del bueno, el que te hace bien. Sabina tiene una canción espectacular que se llama Pastilla para no soñar. Que todo el tiempo hace una especie de raconto de las cosas que tenés que hacer si querés vivir 100 años, ¿no? Y claro, las cosas que vos tenés que hacer si querés prolongar tu vida, seguramente no te hacen vivir, ¿no? Porque te hacen estar preocupado permanentemente por llegar a viejo y quizás no te permiten preguntarte y hacer lo que tengas que hacer para vivir bien este presente en el que estamos hoy. Entonces, me parece que ese tipo de música todo el tiempo te hace una propuesta personal: ¿por qué no vivís la vida más profundamente, amando más profundamente a la gente que te rodea, vinculándote más, entendiendo que la vida es un conjunto de momentos, una suma de momentos, de historias? Creo que esa música es un refugio para los que vivimos en este mundo racional, para no dejarnos vencer por este mundo.

— Y se te reconoce una persona hiper racional, ¿no?

— Al aire sí (risas).

— ¿Y fuera del aire?

— Bueno, fuera del aire soy mucho más emocional.

— ¿Sentís que lográs conectar con lo que vos sentís, independientemente de toda la información y lo que se nota que tenés analizado tu vida y lo que te gusta, lo que no?

— Creo que hoy se da un match perfecto entre ese Gonzalo que es afectuoso, familiero, amiguero y mi rol profesional. Y no es por tirar flores. Infobae a mí me permitió amalgamar esas dos facetas, ¿viste? Conducir un programa, aun siendo un analista político y muy racional en mi manera de leer la política, la política pública, la economía. Hoy estoy en un momento profesional donde siento que puedo conectar aun con esos entrevistados que vienen de ese mundo racional y tan duro, tan gris como es el de la política y la economía, desde un costado mucho más humano. Es como que yo siento que este lugar es mi casa y los recibo en mi hogar. Y las conversaciones muchas veces tienen que ver aun con muchísimas diferencias y discusiones muy profundas y subidas de tono, en algún momento, porque corresponde. Siempre llegamos a un lugar donde, en definitiva, él o ella son un ser humano que tiene sus sentimientos, ideas, quizás diferentes de las mías, pero que al igual que yo quieren este país y entienden que la salida está por otro lugar. Entonces, puedo encontrarme desde un lugar más afectuoso, un lugar mucho más empático, emocional, con esas personalidades de la política, la economía, con quienes hasta hace un tiempo me unían simplemente cuestiones grises, duras, más estructuradas.

— Después de escuchar o entrevistar a personajes que, como decís, devienen de la política y que, al menos por lo que uno se va enterando, para nada comparten los valores en los que vos sí creés y promovés, ¿no hay como un cortocircuito cuando los estás escuchando y sabés que te están mintiendo y traicionando en el relato?

— Sí, y ahí es donde aparece otra cosa buena de quien uno es como persona más allá del trabajo. Yo soy súper pasional, soy taurino. Dicen que el tauro es un signo súper pasional y me reconozco.

— Tenés que ver cuál es tu ascendente, porque desde los 28 años te rige tu ascendente.

— Creo que, según alguna vez leí por ahí, en Aries.

— ¿No te hiciste carta astral?

— Una sola vez (risas) y no la recuerdo.

— Hay que arrancar de nuevo con eso (risas).

— Me pasa que cuando estoy entrevistando a alguien y sé que su planteo es negativo, roza lo ilegal, lo corrupto, etcétera, ahí es donde sale una persona en mí que discute y pelea. Pero pelea siempre, resguardando lo institucional y el respeto. Yo nunca golpeo debajo del cinturón. Aun cuando me ha pasado de entrevistar, incluso conduciendo acá en este canal a personas que yo creo que le han hecho mucho daño a la Argentina. Pero igual las invito para discutir, porque me parece que son parte de este producto llamado República Argentina y está bien discutir públicamente con ellos. Me parece que está bien que nos demos la mano y que podamos despedirnos con educación, con caballerosidad, aun cuando la entrevista haya sido muy difícil.

— Quiero volver por un momento a lo que me contabas antes, en relación con todo lo aprendido, lo trabajado de cara a lo que viene. ¿Es más fácil o más difícil estar libre no solo de pareja sino también del combo familiar? Porque vos hablás de la nostalgia del barrio, tus viejos, los amigos, pero uno también escucha del otro lado: “Estoy agotada de los chicos” o a tu amigo quejándose de la jermu. ¿Es más liviano o te pesa más?

— Uno quiere siempre lo que no tiene. Y ese es un mantra.

— Y el pasto del vecino siempre está más verde.

— Siempre es más lindo. Y muchas veces mis amigos me dicen: “No, porque vos que podés ver una serie, que podés ir a recitales”. Yo voy mucho a recitales, por ejemplo, y entiendo que para ellos, que tienen una estructura, lo que se ve de mi parte, de mi lado, es atractivo. Para mí es súper atractivo lo que veo de su lado. Para mí debe ser espectacular tener un hijo o muchos hijos y que te vean llegar a tu casa y que se te cuelguen: “Papá, esto, papá, lo otro. Y te quiero contar que hoy...” ¿Viste?

— No hablan tanto, igual te digo la verdad. Son monosilábicos. Sí o no, pero no importa (risas).

— Pero bueno, digo, es como que uno a veces piensa que la vida está hecha un poco de las dos cosas. A veces yo, no sé, no sé si es una especie de autocalmarme o de...

— Consolarte, autoconsuelo.

— Pero decís: “Bueno, quizás la vida me permitió hacer todo esto que hice hasta ahora para que el día que tenga la gracia de formar una familia, que no me quede ninguna cuenta pendiente, que hice todo lo que quería hacer. Viajé, me moví, fui, vine, trabajé. Y bueno, ahora tengo todo: la experiencia, los recursos, la disponibilidad para poder ser un buen marido y un buen papá y entregarles el tiempo que se merecen y la energía que se merecen”. No sé si es un autoconsuelo o qué.

— Bueno, es parte del proceso. Cuando uno espera o quiere que algo llegue en el ámbito que sea, también hay como toda una necesidad de calmar cierta ansiedad o los pensamientos que a veces nos abruman. ¿Cómo te llevás con eso?

— Me llevo bien, lo cual no significa que le gane la pelea todos los días. Yo termino de trabajar acá en Infobae a las nueve de la noche, llego a casa, llego en quince minutos y me preparo algo para comer, pongo algo de música, me sirvo una copita de vino para bajar el día y después es como que te acostás y todavía... Pensá que lo que para una persona común es terminar a las seis de la tarde, para mí es terminar a las nueve de la noche. Mi momento de empezar a apagar el motor arranca a las 21 horas, con lo cual a veces me voy a acostar todavía con el auto en marcha, ¿viste? Y ahí es donde los pensamientos y las interpelaciones aparecen. Me llevo bien porque me ocupé de llevarme bien. Uno también se tiene que perdonar a uno mismo y aceptar que la vida no es siempre como uno esperaba y que tiene un montón de cosas que son imprevistas y que no siempre son cosas que están buenas. Si uno empieza a reconciliarse con eso, irse a dormir a la noche es mucho más fácil. Eso no significa que todas las noches uno se vaya a dormir ok.

Ellos - Gonzalo Aziz
“Cuando trabajás de esto tantos años y le entregás tanto tiempo y energía a tu vida profesional, desatendés otras cosas”, reconoció Gonzalo en diálogo con Luli Fernández. (Maximiliano Luna)

— ¿Sentís que es en esos momentos, cuando estás rumiando, cuando quizás aparece más esa lucecita de decir: “Cómo me gustaría compartir este viaje con una pareja, una familia”?

— Totalmente. Se lo decía a mi vieja el fin de semana pasado: “Estoy en un momento de mi vida en el cual me va re bien en lo laboral, estoy en un lugar maravilloso como este, medio líder, en un rol espectacular como es el de conducir el programa que cierra la programación, haciendo lo que me gusta, es decir, analizando y contando la política, la economía. Tengo una cátedra en la maestría en Ciencia Política en una universidad súper prestigiosa como la Austral. Profesionalmente estoy bárbaro, estoy muy bien con mis papás, con mis amigos. Me ocupé de tener un lindo lugar donde vivir, que vuelvo a casa y me gusta la casa donde vivo, las luces, el olor, la música. Y es como que a veces...

— Te falta con quién compartirlo.

— Claro, decís cuánto me gustaría poder compartir todas estas cosas, que no son cosas materiales, aclaro.

— Son momentos.

— Son momentos, todo es fruto del corazón, del empeño, del sacrificio. Me encantaría poder compartir eso con alguien y armar un equipo con sus cosas, con su familia, con sus amigos. No sé, algo que a mí me parece que es espectacular, como viajar. Yo si fuese por mí dos de cada cuatro fines de semana por mes me iría a la costa a ver el mar, a leer un libro. Y todas esas cosas es lindo hacerlas en equipo, no hacerlas solo. Como que ya me cansé un poco de viajar solo. Yo soy muy fanático de Madrid, pero me cansé de ir a Madrid solo. Es como que estaría bueno también, y por eso es que insisto, a la noche a veces lo pensás y tu cabeza vuela. A veces decís: “Che, qué linda vida que Dios me dio, ojalá me permita compartirla con alguien y que eso sea el fruto de la construcción de un equipo mucho más grande”.

— Nos tenemos que poner ya las pilas. Tenemos que abrir canales de conquista. ¿Por dónde...? ¿Te animas a tirar un like en Instagram? ¿Te metés en alguna app de citas?

— No tengo app de citas. Nunca tuve.

— La app de cita para mí es una cornisa que está al punto de caer, sobre todo cuando trabajás en los medios. ¿Y las redes?

— Y las redes son redes súper profesionales las mías. La verdad es que yo todos los días posteo las cosas que hago acá en Infobae y es un Instagram que está dedicado a que me vean en mi rol de analista político. De tanto en tanto filtro un asado con mis amigos o una reunión familiar, porque como te contaba cuando arranqué, para mí todo eso me hace el analista político que soy. No es que digo estoy a favor del diálogo y de los acuerdos pensando en un país de largo plazo de la nada. Es porque yo vengo de una familia donde está bien tolerar al otro, está bien escuchar al otro, una familia abierta a que venga quien sea y eso me nutre a mí como analista político. Entonces, filtro de vez en cuando de dónde nace ese Gonzalo que promueve el diálogo político entre los polos que hoy se están matando. Pero mis redes sociales son súper profesionales.

— O sea, no te animás a conquistar por redes, por Instagram.

— No es que no me animo. Alguna vez me ha pasado, de hecho, la última vez...

— Porque es un re canal para eso. Que te presente un amigo a alguien, la amiga de la mujer...

— Totalmente. No y aparte, para no ser hipócrita, lo primero que te gusta de una persona es lo que ves.

— Obvio. Pero, ¿quién dice lo contrario?

— Bueno, el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

— Bueno, pero por eso es un cuento para chicos (risas).

— Es una mentira, porque lo esencial no es invisible a los ojos. La persona te tiene que gustar. Y uno también, ocupándose de uno, mantenerse bien, cuidándose, haciendo actividad física, no solamente se está queriendo uno mismo, también está demostrándole amor a la persona con la que uno comparte su vida, manteniéndose bien, tratando de gustarle. Es un acto de amor. De hecho, me pasó que la última pareja que tuve el año pasado, el arranque de la conversación fue por Instagram, sí.

— Bueno, puede ser un lugar.

— Es un lugar donde arranca. Un inicio, sí, claro que sí.

— ¿Y por qué sentís que en esa oportunidad no funcionó?

— Qué buena pregunta (risas). Voy a arriesgar una respuesta...

— ¡¿Cómo arriesgar?! Con todo el análisis que estás haciendo, ya lo debes tener clarísimo. ¿Sabés qué? Con highlights y todo.

— Te voy a ser honesto con esto. Fue una pareja en la cual había mucha atracción mutua, mucho amor mutuo, había mucho match en cuanto a pensar cómo concebir el futuro de formar una familia. Yo di todo por eso. Creo que del otro lado faltó disponibilidad. No faltó amor, faltó disponibilidad. A veces no basta solamente con que te guste, con que haya admiración, haya amor, sino que también hay una línea de tiempo en la cual los dos nos tenemos que encontrar. Y creo que del otro lado no había ese momento tal, ¿no?

— ¿Y cuánto creés que puede influir, no la falta de paciencia, sino el hecho de que, cuando uno quiere algo y sabe adónde va, quiere que suceda ya? Que decís: “Che, no estoy para perder el tiempo”, ¿viste?

— Sí. Hace poco escuchaba un reel muy interesante de Gabriel Rolón, que cuenta su experiencia personal con su actual mujer. Se lo cuenta creo que a Andy Kusnetzoff, si mal no recuerdo. Y le dice: “Yo me enamoré de una mujer profundamente y ella se enamoró de mí, pero ella no estaba en un momento de su vida en el cual podía ofrecerme la disponibilidad necesaria para devolverme todo ese amor que yo le estaba dando. Entonces, la invité a comer decidido a que esa iba a ser nuestra última cita”. Entonces, dice que se encuentran en un lugar muy bonito y él le dice a ella: “Mirá, vengo a decirte que esta es la última vez que vamos a compartir, porque yo estoy profundamente enamorado de vos y siento que vos no estás en un momento de tu vida en el cual tengas la disponibilidad suficiente para devolverme todo este amor que yo te estoy dando. Así que te quiero agradecer y si me voy hoy, va a ser mucho más fácil recordarte con cariño y con alegría. Si esto lo hago de acá a un mes, me voy a ir con muchísimo dolor y me voy a arrepentir de no haberlo hecho en el momento indicado. Así que gracias”. Pidió la cuenta y cuando se estaba yendo, ella le dice: ‘Pará, pará, pará ¿Y si me dejás intentarlo a mí también?’”. Y hoy están juntos hace 12 años. En mi última relación no hice esa última cita de decir hasta acá llegué, porque yo fui a fondo y seguí. Y seguí porque creo que cuando uno está enamorado y está bien e identifica en la otra persona una persona con la cual podés armar una familia y compartir tu vida, tus amigos, a tus viejos, tus tíos, tus primos y se va a dar esa amalgama perfecta, apostás igual y te la jugás. Bueno, yo me la jugué y creo que del otro lado también se hizo lo que se pudo. Pero bueno, llega un momento en que uno también tiene que tener un acto de dignidad para con uno mismo, ¿no?

— Seguro.

— Y decir: “Che, yo no te puedo obligar a vos a que quieras devolverme a mí exactamente lo que yo necesito. Entiendo que estás haciendo lo mejor que podés, que sos una buena persona y que quizás si pudieses darme lo que yo necesito, lo harías, pero no lo estás haciendo. Así que por mí, elijo salir”.

— Sí, quizás no en el momento o de la forma que vos querés que lo hagan.

— Tal cual. Pero sí, yo me tomé el tiempo necesario. No es que fui ni ansioso ni apurado. Dejé que pase mucho tiempo, acompañé mucho y llegó un momento en el cual también uno empieza a pensar: che, la vida no es tan larga como uno cree. Y todo este tiempo que yo estoy entregando con mucho amor, si se prolonga de manera indefinida y esto no se modifica, a mí me va a lastimar mucho y me va a hacer arrepentirme de no haber puesto una pausa donde quizás había que ponerla.

— Si pudieses tomarte un mate con el Gonzalo de hace 10 años atrás, ¿qué te dirías?

— Uf. Le diría que suelte. Que no hay un abismo, un acantilado atrás de cada decisión que uno toma. Y abajo de ese acantilado no hay tampoco dragones que tiran fuego. No hay un apocalipsis atrás de... Le diría que no tenga miedo, que vaya para adelante, que viva la vida que quiere vivir y no la que los demás esperan que uno viva. Le diría que tenga una noción real del paso del tiempo. Le avisaría que el tiempo pasa, que no es infinita la vida y que por eso cada momento que vivís con la gente que querés, tenés que atravesarlo y disfrutarlo como si se acabase mañana. Hoy tengo una relación hermosa con mis papás y los amo profundamente. No sé si siempre fui tan amoroso. Siempre fui un buen hijo y los amé. Nunca tuve un problema. Pero le diría a ese Gonzalo de hace 10 años: “Abrazá más a tus viejos, abrazá más a tus tíos, a tus primos, disfrutá más, tomate más vacaciones, viajá más. No te van a echar de ningún laburo porque te tomes vacaciones. Y si te echan de ese laburo porque te tomaste vacaciones, va a haber otro y seguramente es porque no debió haber sido ese trabajo. Rodeate de gente que te quiera bien, no de gente que tenga un interés en tu rol profesional o en tu rol personal”. Le diría que viva, básicamente, como si la vida se terminase mañana, porque se puede terminar mañana. Uno nunca sabe cuando el barba te dice: “Che, [chiflido]”.

— Ya está, vamos.

— Ya te picó el boleto. Me ha pasado en mi entorno más personal que he perdido seres queridos y situaciones en las cuales la vida, Dios o quien sea, te está regalando la enseñanza de que esto no se acaba en el infinito, sino que se puede acabar mañana. Entonces, hay que disfrutarla hoy, ¿viste? Y pasar buenos momentos con la gente que querés, escuchar más música, viajar más, leer más libros.

— Que eso no es perder el tiempo, todo lo contrario.

— Abrazarte más a la gente que querés, decirle más a la gente que querés, a tus papás, a tus tíos, tus primos, tus amigos: “Che, te quiero, te adoro, qué lindo que estás en mi vida. Gracias por todo lo que hacés”. Eso hay que hacerlo ahora, hay que vivir ahora, ¿viste? Hay una canción de Ismael Serrano que replica un poema de Machado que dice: “Hoy es siempre todavía. Toda la vida es ahora”. Le diría eso.

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