El acicalamiento entre gatos no siempre es afecto, según un estudio

La investigación publicada en Applied Animal Behaviour Science concluye que esas interacciones pueden expresar vínculo o servir como presión para evitar choques, según el contexto, las posturas y las señales de estrés en casa

Google icon
Una investigación publicada en Applied Animal Behaviour Science indica que el acicalamiento social entre gatos no siempre expresa afecto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cualquier persona que comparta su hogar con dos o más gatos habrá visto alguna vez esta escena: un felino se acerca al otro, comienza a lamerle la cabeza o el cuello, y todo parece una muestra de afecto. Pero segundos después aparece un mordisco, un manotazo, y uno de los dos abandona el lugar.

Una nueva investigación publicada en la revista Applied Animal Behaviour Science demuestra que el acicalamiento social entre gatos puede tener dos significados completamente distintos dependiendo del contexto, y que en ocasiones funciona como una herramienta de presión social para evitar un conflicto abierto.

Lamer no siempre es querer

Durante décadas, el llamado acicalamiento social se interpretó como una de las pruebas más claras de una buena relación entre felinos. La imagen de dos gatos lamiéndose mutuamente era sinónimo de confianza, cohesión grupal y vínculo afectivo. Según expertos, esa lectura resultó ser, al menos en parte, equivocada.

PUBLICIDAD

El estudio sobre comportamiento felino plantea que lamer puede funcionar como una forma de presión social para evitar un conflicto abierto (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo fue liderado por Morgane J.R. Van Belle, junto a un equipo de la Universidad de Gante y otras instituciones europeas. Según detalla el estudio, la investigadora comenzó a sospechar que algo no encajaba cuando observó a uno de sus propios gatos lamer repetidamente a otro que descansaba junto a una ventana. Poco después aparecieron mordiscos y el segundo gato terminó cediendo el lugar. Esa escena cotidiana derivó en una pregunta de mayor alcance: ¿y si los gatos no siempre se acicalan por amistad?

El método: cámaras en hogares reales

Para responder a esa pregunta, el equipo optó por una estrategia poco frecuente en estudios sobre comportamiento animal. En lugar de recurrir a colonias callejeras o animales de laboratorio, los investigadores pidieron a propietarios con dos gatos que grabaran escenas espontáneas de convivencia en sus propios hogares.

El análisis reunió vídeos de 53 hogares, lo que permitió estudiar las interacciones de 106 gatos adultos a través de un etograma de 23 comportamientos distintos. Los investigadores no se limitaron a contar lametones: también registraron qué ocurría antes, durante y después de cada episodio, la postura corporal de ambos animales, la posición de las orejas, los movimientos de la cola y señales asociadas al estrés.

PUBLICIDAD

Uno de los primeros resultados llamó la atención desde el inicio. Cuando un gato se limpia solo, dedica gran parte del tiempo al torso, las patas y la cola. Cuando lame a otro, concentra la inmensa mayoría de los lametones en la cabeza, el cuello y las orejas. Si el objetivo fuera exclusivamente higiénico, lo esperable sería que el gato alcanzara las zonas que su compañero tiene más dificultad para limpiar por sí mismo. Eso, sin embargo, apenas ocurrió.

Dos patrones, dos mensajes distintos

El acicalamiento entre gatos se concentró sobre todo en la cabeza, el cuello y las orejas, y no en las zonas más difíciles de limpiar (Imagen Ilustrativa Infobae)

La parte más reveladora del estudio llegó al analizar el contexto completo de cada interacción. De acuerdo con Muy Interesante, el acicalamiento apareció de forma reiterada en dos escenarios completamente diferentes.

El primero coincide con la interpretación tradicional: los gatos buscaban contacto físico, permanecían muy cerca uno del otro con posturas similares, y el acicalamiento iba seguido de juegos amistosos o de largos periodos de descanso conjunto. Todo apuntaba a un refuerzo del vínculo afectivo.

Pero existía un segundo patrón. En numerosas ocasiones, el gato que iniciaba el acicalamiento permanecía de pie mientras el otro estaba tumbado o sentado, una postura claramente asimétrica. Poco después comenzaban a aparecer señales de tensión: orejas giradas hacia atrás, lamidos de labios, sacudidas de cabeza, mordiscos y golpes con las patas. Son comportamientos que los etólogos consideran indicadores de conflicto.

Lo revelador, según detalla la investigación, es que en muchos casos la situación no terminaba en una pelea abierta. El gato acicalado simplemente se levantaba y abandonaba el lugar, sin que mediara una agresión directa.

Una negociación silenciosa

Los expertos describen este mecanismo como una forma de presión social sin violencia explícita. En la naturaleza, una pelea siempre implica riesgos: heridas, estrés y deterioro de las relaciones dentro del grupo. Muchas especies han desarrollado señales que permiten resolver disputas antes de llegar a la agresión física, y el estudio plantea que el acicalamiento podría formar parte de ese repertorio en los gatos.

El lenguaje corporal de los gatos permite distinguir si el acicalamiento social refleja vínculo afectivo o tensión en hogares con varios felinos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En lugar de lanzar un zarpazo para expulsar al otro de un lugar cómodo, un gato puede acercarse, lamerle el cuello o la cabeza de forma insistente y generar una situación lo suficientemente incómoda como para que el otro se marche por iniciativa propia. El lamido no sería una agresión, sino una herramienta de negociación social más sutil.

Lo que revela el lenguaje corporal

Uno de los mensajes más valiosos del trabajo es que ningún comportamiento debería interpretarse de forma aislada. Ver a dos gatos lamiéndose no es suficiente para concluir que mantienen una relación armoniosa. Lo que importa es el conjunto: las posturas, la simetría o asimetría entre ambos animales, los gestos que aparecen antes y después del contacto.

Según la investigación, la sincronía corporal se convierte en una de las claves para leer correctamente la convivencia entre felinos. Si ambos permanecen relajados y adoptan posiciones similares, probablemente se trate de una interacción amistosa. Si uno permanece erguido y el otro muestra orejas hacia atrás o acaba por alejarse, el significado puede ser radicalmente distinto.

Este hallazgo tiene implicaciones para los millones de hogares donde conviven varios gatos. Muchas situaciones de tensión crónica pasan desapercibidas porque nunca derivan en peleas visibles. Pequeñas señales repetidas a lo largo del tiempo, sin embargo, pueden indicar que la convivencia no es tan equilibrada como parece. Identificarlas a tiempo permite mejorar la gestión del espacio y el bienestar de los animales.