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El terremoto de 7.5 en Panamá fue el más fuerte registrado en la falla de Soná-Azuero

El sismo del 9 de octubre dejó evidencias de deformaciones permanentes, mientras investigaciones históricas identifican otros riesgos geológicos para la zona metropolitana.

La falla de Soná-Azuero se extiende entre las provincias de Veraguas y Los Santos y está relacionada con grandes terremotos ocurridos en 1883, 1913 y 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre fue el más fuerte registrado en la falla de Soná-Azuero, una estructura geológica que ha provocado al menos tres grandes movimientos sísmicos durante los últimos 150 años.

Sin embargo, la probabilidad de que ocurran nuevas réplicas superiores a magnitud 6 ha comenzado a disminuir, según explicó el investigador Luis Pinzón.

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El director de Investigación de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) señaló que esta falla produjo terremotos de magnitud 7 en 1883 y 1913. Después de más de un siglo de acumulación de energía, el movimiento de octubre alcanzó una magnitud superior a los anteriores, de acuerdo con los registros históricos disponibles.

Pinzón explicó que la falla se extiende desde Soná, en Veraguas, hasta Tonosí, en Los Santos, y que el punto donde comienza un terremoto no necesariamente coincide con el lugar donde se libera la mayor cantidad de energía. En este caso, las deformaciones más importantes se produjeron hacia Tonosí y Soná, donde también se registraron daños considerables.

El movimiento sísmico provocó deformaciones permanentes del terreno, con desniveles de hasta dos metros y grietas de hasta 1,5 metros de apertura en las zonas inspeccionadas. Captura de video de la Estrella de Panamá

La acumulación de energía ocurre cuando los bloques de la corteza terrestre permanecen trabados mientras continúan sometidos a presión. Cuando esa resistencia se rompe, la energía acumulada se libera mediante ondas sísmicas que se propagan por el terreno. Según el especialista, este proceso explica la magnitud alcanzada después de más de cien años sin un evento semejante.

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Durante sus visitas a las comunidades afectadas, el lunes y martes posteriores al terremoto, Pinzón observó desplazamientos permanentes del terreno, desniveles de hasta dos metros y grietas con aperturas de entre uno y 1.5 metros.

Estas deformaciones evidencian la enorme cantidad de energía liberada por la falla y ayudan a comprender la magnitud de los daños.

El investigador explicó que la profundidad relativamente superficial del terremoto, estimada entre 10 y 12 kilómetros, contribuyó a concentrar las afectaciones cerca de la zona de ruptura.

También destacó que la baja densidad de población en algunas comunidades evitó consecuencias potencialmente mayores, aunque numerosas viviendas e infraestructuras resultaron afectadas.

Las comunidades cercanas a Tonosí y Soná estuvieron entre las más afectadas por la liberación de energía acumulada en la estructura geológica. Captura de video

Sobre las réplicas, Pinzón indicó que su frecuencia ha comenzado a disminuir y los intervalos entre movimientos son cada vez mayores. Durante los primeros momentos ocurrían incluso cada 30 segundos o un minuto, pero posteriormente comenzaron a espaciarse, una evolución que considera compatible con la estabilización progresiva de la falla.

El especialista precisó que la probabilidad estimada de una réplica superior a magnitud 6 bajó del 25% al 22% entre el miércoles y el jueves 15 de octubre. Consideró posible que continuaran durante aproximadamente otra semana, aunque esta estimación no significa que puedan descartarse nuevos movimientos fuertes ni permite establecer una fecha exacta para su finalización.

También advirtió que las viviendas y edificaciones previamente dañadas siguen expuestas a desprendimientos de paredes y otros elementos durante las réplicas. Por ello, recomendó mantener precauciones especialmente en las provincias centrales, donde las estructuras debilitadas pueden sufrir nuevas afectaciones incluso ante movimientos de menor magnitud.

En Ciudad de Panamá, las condiciones fueron diferentes. Pinzón explicó que las ondas sísmicas perdieron intensidad durante su recorrido de aproximadamente 200 kilómetros desde la zona afectada. Los acelerógrafos instalados para medir el movimiento registraron valores de 0.04 g, considerablemente inferiores a las aceleraciones consideradas en el diseño estructural de las edificaciones capitalinas.

El terremoto de magnitud 7,5 del 9 de octubre fue el más fuerte registrado en la falla de Soná-Azuero, según el investigador Luis Pinzón, de la USMA. REUTERS/Enea Lebrun

La aceleración sísmica permite determinar la fuerza del movimiento que deben resistir las estructuras durante un terremoto. Aunque numerosos residentes percibieron sacudidas intensas, los registros muestran que el movimiento no alcanzó niveles capaces de provocar daños estructurales generalizados en las edificaciones diseñadas bajo los criterios correspondientes.

El especialista destacó que muchos edificios altos de la capital están cimentados sobre roca, una condición favorable frente a determinados movimientos sísmicos. Sin embargo, aclaró que el terremoto de octubre no puso realmente a prueba la resistencia de estas construcciones, porque las aceleraciones registradas estuvieron muy por debajo de los niveles de diseño.

La situación podría ser distinta ante un terremoto originado en la falla de Pedro Miguel, ubicada aproximadamente a diez kilómetros de la ciudad. Pinzón explicó que esta estructura, junto con las fallas de Miraflores, Gatún y Limón, fue identificada y estudiada mediante investigaciones paleosismológicas relacionadas con la ampliación del Canal de Panamá.

Los estudios permitieron vincular la falla de Pedro Miguel con el terremoto de 1621, que ocasionó daños importantes en Panamá la Vieja. También identificaron evidencias de movimientos anteriores y estimaron un intervalo de recurrencia de grandes terremotos de entre 500 y 600 años, aunque esto no constituye una predicción sobre cuándo ocurrirá el siguiente.

Luis Pinzón, director de Investigación de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA), recomendó evaluar y rehabilitar hospitales, escuelas y otras infraestructuras esenciales para fortalecer su resistencia ante futuros terremotos. Tomada de al USMA

Según el investigador, un evento fuerte y cercano originado en Pedro Miguel podría generar aceleraciones próximas a 1 g, muy superiores a las registradas durante el terremoto de octubre. Por esa razón, considera fundamental mantener actualizados los estudios de amenaza sísmica y fortalecer la preparación de la infraestructura de la capital.

Pinzón sostuvo que el Reglamento Estructural Panameño incorpora criterios de diseño sismorresistente adecuados y que las mediciones del reciente terremoto coinciden razonablemente con las estimaciones utilizadas en la normativa. No obstante, advirtió que la construcción informal y la falta de cumplimiento de las disposiciones técnicas aumentan la vulnerabilidad, especialmente en comunidades rurales.

El especialista considera prioritario desarrollar un programa nacional de inspección y rehabilitación de hospitales, escuelas y otras instalaciones esenciales, particularmente aquellas construidas antes de las normas actuales. Estas edificaciones deberían permanecer operativas después de un terremoto, por lo que su evaluación debe formar parte de una estrategia preventiva del Estado.

Desde el Centro de Investigación Científica y Tecnológica de la USMA, los investigadores realizan levantamientos de daños y estudian el comportamiento de las estructuras afectadas. También preparan un análisis del riesgo sísmico del Casco Antiguo ante un posible evento en Pedro Miguel, incorporando la vulnerabilidad de los edificios, la exposición de personas y los efectos de resonancia.

La falla de Pedro Miguel, ubicada aproximadamente a diez kilómetros de Ciudad de Panamá, representa una de las amenazas sísmicas identificadas para la zona metropolitana. Cortesía

La universidad dispone actualmente de una red de seis sensores acelerográficos, mientras otras instituciones, como la Universidad Tecnológica de Panamá, mantienen sus propios equipos. Pinzón considera necesario ampliar estas redes y facilitar el intercambio de información científica para mejorar los mapas de amenaza y los criterios de construcción.

El investigador concluyó que Panamá debe abandonar la percepción de que es un país ajeno a los grandes terremotos. A su juicio, las consecuencias del evento del 9 de octubre demuestran la necesidad de invertir en prevención, fiscalización y rehabilitación de infraestructuras, porque la preparación debe realizarse antes de que ocurra el próximo movimiento destructivo.

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