El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá informó este lunes de un nuevo sismo de magnitud 6,3 a las 18:20 (hora local), localizado a 32 km al suroeste de Soná y a 10 km de profundidad. El movimiento se percibió en todo el país y motivó evacuaciones preventivas, en medio de una secuencia iniciada por el terremoto de magnitud 7,5 del viernes 9 de octubre.
La actividad posterior al terremoto principal superó los 230 movimientos en la región, de acuerdo con registros preliminares del Instituto de Geociencias. La frecuencia promedio fue de un sismo cada 11 minutos, aunque algunos temblores se produjeron con apenas segundos de diferencia.
PUBLICIDAD
El terremoto de magnitud 7,5 ocurrió a las 12:56 del viernes 9 de octubre. Sus réplicas se concentraron principalmente en los alrededores de Tonosí, Soná e isla Coiba, mientras también se registraron eventos con referencia a Santiago, Las Tablas y Chitré.
Hasta las 7:11 del domingo 11 de octubre, el catálogo del Instituto de Geociencias contabilizaba aproximadamente 85 movimientos en las cercanías de Tonosí, 56 en relación con Soná y 39 próximos a isla Coiba. Las cifras permanecieron sujetas a revisiones conforme se incorporaron nuevos registros.
Daños en viviendas, escuelas y servicios básicos
La emergencia dejó afectaciones en más de 700 viviendas y en 419 centros educativos, además de daños en carreteras, instalaciones públicas y servicios básicos. Los problemas se concentraron en sectores de Los Santos, Herrera y Veraguas, donde las interrupciones de agua y electricidad, junto con el deterioro de las vías, dificultaron la atención a las familias.
PUBLICIDAD
Las comunidades de Macaracas, en Los Santos, y Los Pozos, en Herrera, figuraron entre las localidades con mayores daños. En áreas rurales alejadas de las cabeceras distritales, las dificultades de acceso demoraron las evaluaciones de viviendas y la distribución de asistencia.
Muchas familias permanecieron fuera de sus casas por la presencia de grietas, desprendimientos y daños estructurales. La incertidumbre se intensificó durante la noche, cuando el temor a nuevas réplicas impidió que algunos residentes regresaran a dormir bajo techo.
Cerca del 90% de los eventos incluidos en el recuento preliminar ocurrió a una profundidad de 10 km o menos. También hubo registros a cinco, cuatro, tres y dos kilómetros, una condición que puede intensificar las sacudidas cerca del epicentro, aunque los efectos dependen además de la magnitud, la distancia y las condiciones del terreno.
PUBLICIDAD
Réplicas frecuentes a poca profundidad
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), agencia federal estadounidense, explicó que las réplicas se producen cuando un terremoto modifica las tensiones acumuladas en la corteza terrestre y provoca nuevas rupturas cerca de la falla activada. La elevada frecuencia inicial forma parte de un comportamiento habitual de las secuencias sísmicas, que suelen disminuir con el tiempo sin que sea posible anticipar cada movimiento.
El sistema de fallas que atraviesa el sur panameño y el antecedente histórico
El sismo del 9 de octubre ocurrió en una región atravesada por el Sistema de Fallas Azuero-Soná, una estructura regional de cizalla con orientación noroeste-sureste. El Instituto de Geociencias la identificó como responsable de la actividad sísmica de gran magnitud en Tonosí, Veraguas y el suroeste de Panamá.
El sistema combina fallas de desgarre lateral con mecanismos de extensión, asociados a fallas normales, y de compresión, vinculados a fallas inversas. Esa diversidad se refleja en los mecanismos focales registrados en sus distintas secciones, explicó el Instituto.
PUBLICIDAD
La zona de Mariato y el golfo de Montijo presenta una combinación de fallas de desgarre con componentes normales e inversos, indicó. En isla Coiba y sus alrededores predominan fallas transcurrentes vinculadas a la interacción entre la fractura de Coiba y estructuras locales, que generan una sismicidad frecuente con rupturas laterales.
La península de Azuero tiene antecedentes históricos de terremotos asociados a esa estructura. Cronistas de la época colonial registraron un sismo el 2 de octubre de 1516, considerado el primero documentado en tierra firme y sentido en toda la península.
En 1913, un terremoto con magnitud de momento estimada en 6,9 fue asociado a la falla de Tonosí. El evento provocó deslizamientos y graves daños en poblados del sur de Azuero, además de un pequeño tsunami que llegó al golfo de San Miguel, en Darién.
PUBLICIDAD
Panamá se asienta sobre una microplaca que abarca principalmente su territorio, Costa Rica y la franja occidental de Chocó, en Colombia, delimitada por bordes convergentes y de transformación. Esa configuración también está relacionada con terremotos registrados en Puerto Armuelles y su entorno en 1934, 1979, 2002, 2003 y 2019, además del sismo de magnitud 6,7 al sur de David en 2022.
PUBLICIDAD