Alrededor de 270 jaguares habitan en la porción oriental de Panamá evaluada hasta ahora, según la primera fase del Censo Nacional del Jaguar y Mamíferos Terrestres.
El estudio cubrió el 38% del territorio nacional, unas 2,87 millones de hectáreas, con 794 cámaras trampa y 87.644 registros de fauna analizados en más de 30 expediciones.
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La cifra respalda un cambio de fondo que se observa en la provincia de Chiriquí, donde productores y comunidades rurales ya no ven al jaguar y al puma como una amenaza, sino como una oportunidad para el turismo científico, la investigación y el desarrollo sostenible.
El hallazgo surgió durante la reunión de actualización del Plan de Conservación del Jaguar, impulsada por las autoridades de Ambiente, donde participaron productores, especialistas, rescatistas de fauna e inversionistas del sector financiero.
Se destaca que el acceso a información científica y tecnológica explica buena parte de la transformación. Cámaras trampa documentaron durante años la presencia de especies que antes permanecían invisibles para quienes habitan estas zonas rurales.
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En el sector Pacífico del Parque Internacional La Amistad, un parque transfronterizo entre Costa Rica y Panamá, esa tecnología permitió registrar jaguares, pumas y otras especies de importancia ecológica.
En los sectores donde antes predominaba la ganadería y luego se incorporaron cultivos de café junto con áreas de bosque, los equipos de monitoreo también registraron el desplazamiento de diversas especies silvestres.
La disponibilidad de datos fortaleció la convivencia con los grandes felinos en la comunidad de Fortuna. Carlos Espinosa, residente y trabajador de la zona, sostuvo que cada vez más vecinos entienden la relevancia de proteger al jaguar.
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“Tenemos personas dentro de la comunidad que ya saben que el jaguar hay que preservarlo. Ese es un punto muy importante”, señaló.
Espinosa explicó además por qué los ataques al ganado se volvieron poco frecuentes en la zona, pese a los avistamientos de pumas y jaguares registrados: los depredadores encuentran presas naturales suficientes y no necesitan acercarse al ganado.
“Hay buenas presas; la comida del jaguar y del puma está ahí”, indicó. Para él, la especie funciona como un termómetro del ecosistema, pues “el jaguar es el rey de la cadena. Es un indicador de que todo el sistema está bien. Si él falla, todo falla”.
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La protección de la fauna forma parte de una tradición familiar en varias fincas cafetaleras de la región. La productora Jessi Hartmann relató que sus propiedades combinan agricultura a gran escala con conservación deliberada.
“Nosotros somos productores de fincas muy grandes, pero más del 50% de nuestras fincas son bosques, precisamente para preservar los animales que habitan ahí”, dijo.
El cambio también alcanzó a los trabajadores de esas fincas, donde la cacería se volvió cada vez menos habitual. “Hasta los mismos empleados han cambiado; ya no cazan”, afirmó Hartmann.
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Esa convivencia abrió una puerta económica: el turismo de naturaleza. Una productora que participó del encuentro destacó el interés de los visitantes extranjeros por experiencias ligadas a la fauna local.
“Tenemos muchos extranjeros que vienen por el café y por la experiencia de recorrer un sendero o saber que por aquí pasó un jaguar o un tapir. Ellos pagan por esa experiencia”, comentó.
Las oportunidades que identificaron los participantes incluyen observación de aves, interpretación ambiental, identificación de huellas y exhibición de los registros obtenidos con cámaras trampa.
Los productores reciben a estudiantes e investigadores interesados tanto en los sistemas productivos como en la biodiversidad de sus fincas.
No todo el panorama es positivo. La fragmentación del hábitat por carreteras que atraviesan zonas de fauna silvestre fue uno de los temas más recurrentes del encuentro. Frente a ese problema, se planteó la necesidad de identificar corredores de movilidad, reforzar la señalización vial y evaluar pasos de fauna que permitan un cruce seguro.
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Panamá ya cuenta con experiencias previas en ese sentido, basadas en datos de cámaras trampa que sirvieron para determinar patrones de movimiento y diseñar medidas de mitigación en proyectos carreteros.
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