Las autoridades panameñas adelantan el Plan de Manejo de la Reserva Natural Cerro Ancón, que define cómo se protegerá, administrará y utilizará el área protegida.
Se informó que el documento regula las visitas y las actividades recreativas, prevé acciones contra delitos ambientales y plantea mecanismos de financiamiento, coordinación institucional y participación comunitaria para sostener la conservación del sitio.
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La Reserva Natural Cerro Ancón se ubica en el corregimiento de Ancón, dentro del distrito capital de la provincia de Panamá. El área tiene una superficie aproximada de 48,26 hectáreas y se encuentra a cerca de 200 metros sobre el nivel del mar.
Esta reserva cuenta con un plan de manejo que divide el área protegida en cuatro zonas y fija reglas para su conservación, uso público y vigilancia. La medida busca ordenar las actividades dentro de un espacio que reúne valores naturales, históricos, culturales y paisajísticos.
Una resolución aprobada el 11 de septiembre de 2026 formalizó el documento tras un proceso de consulta pública. La norma establece criterios para proteger la biodiversidad y los recursos naturales, con participación de instituciones, comunidades, voluntarios y organizaciones ambientales.
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El plan fija cuatro zonas con usos y normas diferenciadas. Las autoridades detallaron que la nueva hoja de ruta parte de un diagnóstico sobre las condiciones ambientales, sociales, administrativas y de infraestructura de la reserva. A partir de esa evaluación, establece prioridades para mejorar la gestión y ordenar la presencia de visitantes.
Se detalló que la zona de conservación y restauración estará destinada a preservar los ecosistemas y facilitar la recuperación de sectores degradados. Allí prevalecerán las acciones vinculadas con la protección ambiental.
Mientras, la zona de uso público concentrará las visitas, la recreación, la educación ambiental y las actividades de interpretación. Estas prácticas deberán desarrollarse bajo condiciones que reduzcan los efectos sobre los recursos naturales.
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En tanto, la zona de uso especial incluirá sectores e instalaciones que requieren reglas particulares por la infraestructura, los servicios o las actividades que se realizan en ellos. El plan prevé un manejo diferenciado para esos espacios.
Por su parte, la zona de amortiguamiento buscará reducir las presiones externas sobre la reserva. Su función será promover una relación compatible entre las actividades del entorno y los objetivos de conservación.
La gestión, según se manifestó, incluirá vigilancia, control ambiental y participación ciudadana. El documento dispone el fortalecimiento de la estructura administrativa de la reserva mediante un esquema de manejo compartido. El Ministerio de Ambiente señaló que mantendrá la coordinación como entidad responsable del área.
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El modelo prevé la intervención de guardaparques, la Policía Ambiental, voluntarios y organizaciones ambientales y comunitarias. También contempla medidas para reforzar el Comité de Manejo y ampliar la participación de los actores vinculados al lugar.
Las tareas de protección incluirán la vigilancia permanente del perímetro de la reserva y de sus alrededores. El plan también ordena prevenir y controlar la cacería y otros delitos ambientales dentro del área protegida.
De igual manera, la fiscalización de las actividades de ecoturismo formará parte de las medidas previstas. El objetivo es que las visitas respeten los parámetros definidos para evitar daños sobre los recursos naturales.
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El documento propone conectar hábitats mediante reforestación, puesto que busca preservar la integridad territorial y ecológica de la reserva. Entre las acciones previstas figura el diseño de “servidumbres boscosas” mediante la reforestación y el enriquecimiento del bosque ya existente.
La iniciativa tiene como propósito conectar posibles hábitats de poblaciones de mamíferos. Para ello, se prevé la elaboración de un Plan de Reforestación y Enriquecimiento ajustado a las normas de la Dirección Forestal de MiAmbiente.
El texto también incorpora indicadores para evaluar el cumplimiento de las acciones priorizadas. A la vez, incluye estrategias de financiamiento y fortalecimiento de capacidades para sostener la aplicación de las medidas.
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La directora nacional de Áreas Protegidas y Biodiversidad de MiAmbiente, Michele Caballero, sostuvo que “la conservación no se limita a crear nuevas áreas protegidas”. La funcionaria remarcó que la gestión requiere instrumentos que ordenen actividades, regulen usos y sumen a los actores relacionados con cada territorio.
Caballero señaló que el plan para Cerro Ancón apunta a fortalecer la gobernanza de la reserva y a lograr una protección más efectiva. Según expresó, la biodiversidad constituye uno de los principales activos naturales de Panamá.
Con el nuevo instrumento, la reserva contará con criterios definidos para compatibilizar la conservación de su diversidad biológica con el disfrute de la población. El plan también preserva la dimensión histórica, cultural y paisajística de uno de los espacios naturales del distrito capital
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