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Defender la industria nacional es defender el trabajo argentino

Hay una lógica elemental que el Gobierno parece ignorar: empleadores y asalariados son partes de un mismo sistema, y si una colapsa, la otra corre la misma suerte

Construccion

Allá por principios del 1900, el filósofo y semiólogo suizo, Ferdinand de Saussure, publicó uno de sus libros más célebres: “Curso de lingüística general”. El especialista postula en su publicación de inicios del Siglo XX, que un signo cobra valor cuando entra en relación con los demás elementos del sistema.

Partiendo de esta base, podemos afirmar que nada tiene entidad de ser si no se relaciona con otros actores dentro de un contexto asociativo. Rápidamente se nos ocurren algunos ejemplos simples para ilustrar: un perro es un perro porque no es un gato, el can no sería tal si no existiera el felino y viceversa. Son diferentes, pero complementarios necesariamente.

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Lo mismo ocurre en la economía con la industria y los trabajadores. No son rivales ni enemigos, son parte de lo mismo y cada uno depende del otro. Cuando entran en relación cada uno cobra valor. No existirían empresas sin obreros y al revés ocurriría lo mismo.

Cuando el Ministro de Economía, Luis Caputo, acusa que “Camarco firma convenios donde le regala plata a la UOCRA” parece querer romper con esta lógica asociativa entre los dos sectores. Lo que el responsable de la cartera de Hacienda no entiende es que, en primer término, eso es un acuerdo entre privados y, según sus conceptos libertarios, el Estado no debe intervenir en ese entendimiento entre partes.

Asimismo, en segundo lugar lo que ignora es que la Cámara Argentina de la Construcción comprende la lógica “saussuriana”. Sin obreros en el sector, todo el entramado industrial desaparece y también no es menos cierto que sin una red robusta de empresas constructoras, no existirían trabajadores porque no tendrían dónde ejercer su labor.

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Hay que dejar de pensar en un país de atomización y contrapartes. Ciertamente hay diferencias entre el empresariado y los trabajadores que hacen que cada uno cobre valor. La industria genera trabajo (oferta) y los obreros desempeñan esas labores (demanda), ahí es cuando el motor económico se pone en marcha.

Ambos sectores realizan mucho esfuerzo para cumplir con su parte. La industria en crear mayores puestos laborales mediante inversión de capital y los trabajadores dedican su vida a capacitarse, formarse y profesionalizarse para poder desempeñar las tareas que requieren esos empleos.

Hay que celebrar estas diferencias porque eso es lo que hace que se genere una sinergia y necesidad mutua. Los dos estamos en el mismo barco y si una parte se hunde, inevitablemente la otra correrá la misma suerte.

Cuando vemos los informes que relevan las distintas cámaras empresarias, sentimos cómo cruje todo el sistema productivo argentino y cómo empiezan a correr peligro todos los puestos laborales formales.

Por citar un caso, la Provincia de Buenos Aires concentra el 43,3% del empleo industrial, sector que más está siendo afectado por la apertura indiscriminada de las importaciones, el avance de productos provenientes de países que venden por debajo de los costos de producción que atentan contra la competitividad nacional.

En este distrito se produjeron el 34,7% de los cierres de fábricas a nivel nacional (entre junio de 2023 y el mismo mes de 2026), lo que equivale a 1.374 empresas que bajaron la persiana. Esto ocasionó que se pierdan el 45,2% de los puestos laborales del sector a nivel nacional, 45.115 personas que se quedaron sin trabajo y familias golpeadas por esta situación.

Es elocuente el concepto de reciprocidad. Cada uno depende del otro para existir. Podemos debatir y discutir entre las partes modelos, leyes, salarios y demás particularidades, lo que no podemos hacer es permitir que alguno de los dos desaparezca porque uno no existe sin el otro. Defender la industria nacional es defender el trabajo argentino.

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