Cada decisión sobre el turismo deja una huella en el territorio. Qué servicios se desarrollan, cómo se cuida una playa, quiénes pueden acceder a un paseo o qué oportunidades encuentra un emprendimiento local son cuestiones que definen el futuro de una comunidad. Por eso, cuando pensamos en el crecimiento del sector, debemos preguntarnos qué destinos queremos construir y cómo vamos a sostenerlos en el tiempo.
En Uruguay, esa pregunta orienta nuestra apuesta por un Modelo Nacional de Destinos Turísticos Inteligentes. Queremos que cada territorio disponga de herramientas para conocerse mejor, identificar sus desafíos y decidir sus prioridades con información confiable. La planificación turística es también una forma de ejercer autonomía. Si dejamos que el rumbo dependa exclusivamente de la demanda o de dinámicas externas, reducimos nuestra capacidad de elegir cómo queremos desarrollarnos.
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La cantidad de visitantes, la estadía y el gasto aportan información necesaria. Pero necesitamos ampliar la mirada hacia la calidad de la experiencia, la accesibilidad de los servicios y la capacidad de preservar los recursos naturales y culturales. Apostar por el valor implica que el desarrollo turístico tenga continuidad y que sus beneficios lleguen a quienes viven y trabajan en cada destino. Una temporada favorable debe ayudarnos a construir mejores condiciones para las siguientes.
La planificación turística es también una forma de ejercer autonomía
El modelo que impulsamos reúne cinco dimensiones que deben pensarse en conjunto. La gobernanza permite acordar prioridades entre los actores del territorio; la sostenibilidad orienta el cuidado de sus recursos; la tecnología aporta información para gestionar; la innovación ayuda a mejorar procesos y experiencias; y la accesibilidad amplía las posibilidades de disfrutar del turismo. Su utilidad se comprueba en decisiones concretas, desde identificar barreras en un recorrido hasta coordinar mejor la información que recibe un visitante.
Para saber dónde mejorar, cada destino debe conocer su punto de partida. Los autodiagnósticos y los indicadores del modelo permiten evaluar el cumplimiento de criterios de gobernanza, sostenibilidad, tecnología, innovación y accesibilidad, y definir prioridades. Su utilidad puede entenderse con situaciones cotidianas. Si un recorrido presenta barreras de acceso o la información turística resulta insuficiente, la gestión debe poder reconocer esas dificultades y orientar acciones para resolverlas. Volver a evaluar el cumplimiento de los indicadores permitirá registrar avances y detectar lo que sigue pendiente. Así, la mejora de la experiencia tendrá una base que pueda evaluarse en el tiempo.
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Uruguay cuenta con el antecedente de Montevideo, catalogado como Destino Turístico Inteligente de Nivel 4 por Segittur, la entidad española dedicada a la gestión de la innovación y las tecnologías turísticas. La ciudad también desarrolló Descubrí Montevideo Plus, un sistema basado en un asistente conversacional multilingüe que guía a los turistas durante su estadía, con información verificada sobre actividades culturales, espacios patrimoniales, gastronomía y eventos locales. Esa experiencia respalda el camino hacia una metodología de alcance nacional y aporta una referencia para que otros territorios puedan avanzar en su propia gestión.
Para saber dónde mejorar, cada destino debe conocer su punto de partida
Nueve destinos uruguayos ya iniciaron este proceso en el marco de una convocatoria de la Red Iberoamericana de Destinos Turísticos Inteligentes, con financiamiento de Fonplata. Artigas, Ciudad de la Costa, Durazno, Flores, Fray Bentos, Maldonado, Paysandú, Piriápolis y Villa Soriano integran esta primera etapa. Actualmente, casi todos atraviesan instancias de capacitación y autodiagnóstico bajo estándares compartidos, un trabajo necesario para reconocer sus fortalezas y definir dónde concentrar los esfuerzos.
Piriápolis fue seleccionado, además, para avanzar hacia un diagnóstico con acompañamiento técnico especializado. Su experiencia de articulación público-privada a través de Aprotur ofrece una base valiosa. El destino ya cuenta con playas inclusivas e infraestructura adaptada, avances que el modelo busca profundizar y sostener. Para una persona con movilidad reducida, disponer de accesos adecuados y servicios de apoyo puede hacer posible disfrutar de la playa. Esa es la dimensión concreta de la accesibilidad que queremos extender.
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En información turística, la aplicación Turisteando, desarrollada por el destino con apoyo público-privado, y la nueva cartelería apuntan a facilitar la consulta de recorridos y la orientación durante la visita. En movilidad, se trabaja en ciclovías y cargadores para vehículos eléctricos, con el propósito de ampliar las alternativas para desplazarse por el destino. A ello se suman iniciativas de gestión ambiental vinculadas con los residuos y el cuidado de la franja costera. Son líneas de trabajo con distintos grados de avance que deben ayudar a recorrer y disfrutar Piriápolis en mejores condiciones, preservando su patrimonio, su paisaje y su identidad.
La escala nacional de esta política se construye también con formación. Junto con la Asociación de Universidades Grupo Montevideo, una red de 52 universidades públicas, autónomas y autogobernadas de siete países de la región, trabajamos en la capacitación de gestores públicos de los 19 departamentos. La academia aporta conocimiento y herramientas para analizar los desafíos de cada lugar. Los equipos locales aportan experiencia y comprensión del territorio. Ese intercambio permite adaptar la metodología a nuestra realidad y ampliar gradualmente su alcance, con criterios comunes que respeten las particularidades de cada destino.
Nuestro compromiso es extender una forma de gestionar que permita a los destinos evaluar sus avances, corregir dificultades y planificar con una mirada de largo plazo
Contamos, además, con una base de información que debemos seguir fortaleciendo. El Observatorio Inteligente del Ministerio reúne datos sobre turismo receptivo, interno y de cruceros. A ello se suman el desarrollo de un visualizador de operadores turísticos georreferenciados y la reactivación de la Cuenta Satélite de Turismo. Articular esas herramientas con los indicadores de los destinos permitirá relacionar mejor la gestión territorial con la contribución económica de la actividad y orientar decisiones de política pública e inversión.
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Para quienes nos visitan desde Argentina, el resultado que buscamos es concreto. Poder consultar información para organizar un paseo, orientarse con mayor facilidad al llegar y encontrar opciones accesibles para disfrutar del destino. La formación de los equipos y una gestión más coordinada deben sostener esas mejoras. Para las comunidades anfitrionas, el mismo proceso debe contribuir a cuidar los espacios compartidos y a participar en las decisiones sobre su desarrollo. La calidad de la experiencia y la calidad de vida local se construyen juntas.
Estamos dando los primeros pasos de un proceso que exige trabajo sostenido. Nuestro compromiso es extender una forma de gestionar que permita a los destinos evaluar sus avances, corregir dificultades y planificar con una mirada de largo plazo. El futuro turístico se construye en esas decisiones cotidianas, con conocimiento, participación y una idea compartida del país que queremos ofrecer y habitar.
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