Uno de los líderes de los dos extremos preso. Una polarización fuerte acompañada de un desánimo aún más fuerte. Terceros partidos que, a pesar de ese deseo de renovación, no logran despegar. Y Estados Unidos jugando de forma decisiva para uno de los dos bandos.
Podríamos estar describiendo perfectamente a la Argentina. Pero no, estamos hablando de Brasil.
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El domingo, contra lo que anticipaba la mayoría de los sondeos, Bolsonaro ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Las encuestas le daban en promedio una ventaja de 2 puntos a Lula, pero el resultado fue 47% a 45% a favor de Bolsonaro.
Cuesta arriba para Lula
El camino de Lula a la victoria es muy complicado. Hasta hoy, Brasil nunca revirtió en segunda vuelta el resultado de la primera.
¿Cómo podría Lula dar vuelta el resultado? Daniel Schteingart te lo cuenta en un substack lleno de datos que, si te interesa entender lo que pasó en Brasil (y especialmente si sos un poco nerd), no te lo podés perder. Asumiendo que vote la misma gente, Lula tendría que quedarse con el 62% de los votos de las terceras fuerzas, que sumaron casi 8 puntos. Una hazaña muy difícil, porque casi todos esos candidatos (quizás con la excepción de Cury) están más cerca de la derecha que de la izquierda.
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Pero ojo. En Colombia, De la Espriella ganó la primera vuelta por 3 puntos y se daba por hecho que iba a ganar cómodo el balotaje sumando los 7 puntos de la derechista Paloma Valencia. Terminó ganando por 1 punto, en la elección más reñida de la historia de Colombia. Nada está escrito.
¿Ola azul o voto castigo?
Hay dos interpretaciones en pugna sobre este resultado de las elecciones, y las dos tienen implicancias importantes para la Argentina.
Para algunos, ganan las ideas de derecha y se extiende la ola azul. Y algo de realidad hay en este argumento. Cuando Milei llegó al poder, había 4 países de derecha en Sudamérica. Si Brasil cambia de color, para fin de año van a haber 8 países de derecha. Eso sería una buena noticia para Milei, porque significa que sus ideas son las ideas del momento.
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Pero hay otra explicación posible: están perdiendo los oficialismos. De las últimas 25 elecciones en América del Sur, el oficialismo logró retener el poder solo en 4, concentradas en dos países: Paraguay y Ecuador. Y en América Latina, la probabilidad de reelección de los oficialismos es hoy sólo del 26%. Esto es una mala noticia para Milei, que esta vez juega con el caballo del comisario.
Fuente: Ignacio Labaqui, “Mientras miro las nuevas olas”, en Substack, junio 2026.
Más allá de cuál de las dos lecturas se imponga, la campaña brasileña deja algunas lecciones (o cuentas pendientes) que pueden anticipar lo que vamos a ver el año que viene en la elección presidencial en la Argentina.
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1. La macro pierde poder predictivo
Las variables macroeconómicas de Lula no eran desastrosas: desempleo en mínimos récord, aumento del poder adquisitivo del salario y un crecimiento modesto. Pero la gente sufría por el alto endeudamiento y las altas tasas de interés. Brasil está entre los 3 países con las tasas de interés más altas del mundo. En Estados Unidos pasa algo parecido. La macro de Trump tampoco está tan mal, pero a la gente “no le alcanza” para vivir y los votantes culpan a Trump.
Hay muchos análisis de por qué la macro esta desacoplada de las expectativas ciudadanas, pero no existe un consenso. Algunos apuntan a expectativas desmedidas de los ciudadanos, otros a las redes sociales y muchos a las nuevas estructuras económicas. Lo cierto es que, ante las expectativas frustradas para el futuro, los ciudadanos se refugian en el disfrute presente. Un estudio global de Ipsos encontró que Brasil es uno de los países donde más creció, en la última década, la cantidad de gente que dice que “lo importante es disfrutar la vida hoy: el mañana se acomoda solo”.
Entonces, quizás la pelea de Milei por la interpretación de las variables macroeconómicas sea casi irrelevante. Lo único que importa es cómo se siente la gente.
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2. ¿Cuánto rinde el aparato?
Lula jugó todo el aparato del Estado. Aumentó el Bolsa Familia, impulsó el desendeudamiento de las familias e incluso, para asegurarse la movilización, mandó mensajes a los jubilados avisando que quienes votaran no iban a tener que presentarse en persona a dar fe de vida para cobrar los beneficios sociales. Y, aun así, no solo no le alcanzó: tampoco logró mover su intención de voto que estuvo planchada durante toda la campaña.
Pueden estar pasando dos cosas. Una, que la gente ya no come vidrio: agarra las prestaciones y vota como quiere (o como le dice su pastor). La otra, que el golpe al oficialismo hubiera sido todavía peor sin esas barreras de contención. No es una pregunta menor. Es la que debería hacerse la campaña de Milei para decidir dónde pone el foco y los recursos.
3. Es difícil reinventarse
En Brasil, como en gran parte del mundo, la izquierda del PT se asoció cada vez más con las ideas y la identidad de la elite hiper educada, abrazando ideas progresistas que distanciaron al partido y su líder de los sectores más populares. Según el marqueteiro argentino-brasileño Guillermo Raffo, Lula hizo esfuerzos de cambio notables en esta campaña para reconectar con el Brasil popular:
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- Abrazo nuevos temas: con la propuesta de pasar la jornada laboral de 6x1 a 5x2, ofreció algo nuevo, descanso digno en vez de trabajo digno.
- Intentó reconectar con las familias proponiendo eliminar las apuestas online, un reclamo especialmente fuerte entre las madres.
- Dejó atrás la vieja queja de la izquierda contra el uso de las fake news por parte de la derecha y decidió usarlas como herramienta de campaña, acusando a Bolsonaro de querer quitarle a la Virgen Aparecida el título de patrona de Brasil. Cuando una periodista le preguntó por qué promovía ese mensaje sabiendo que era falso, Lula respondió simplemente y con seguridad absoluta “no me importa si es fake news o no. El dato concreto es que está en redes sociales”.
Brasil Paralelo. (2026, 28 de septiembre). Lula é contestado em entrevista após citar fake news sobre Nossa Senhora Aparecida. YouTube.
Aun así, Lula no logró escaparle a la identidad progresista de elite asociada a las clases más educadas. Según el análisis de Daniel Schteingart, respecto de 2022 Lula cayó más entre quienes no tienen educación universitaria que entre los más educados. Sirve de advertencia para el PJ, es difícil despegarse del progresismo de elite y reconectar con las clases populares.
4. La demanda del ningunismo no siempre encuentra su oferta
En Brasil, la demanda del ningunismo era real. Para el 47% de los brasileños, el interés en esta elección era menor que en 2022, según Datafolha. Y hubo un momento en que pareció que esa demanda encontraba su oferta: el psiquiatra y escritor Augusto Cury pasó de 1% a 12% y volvió a bajar a 4% en solo dos semanas.
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Ya lo hablamos varias veces: para que los candidatos no polarizados conecten con la demanda vacante, tienen que cumplir con una serie de atributos a veces contradictorios. En Brasil, la oferta de candidatos no polarizados incluía outsiders sin estructura política o políticos de la vieja guardia con estructura partidaria y minutos de televisión. Ninguno logro combinar renovación, visibilidad y movilización territorial.
De yapa: ¿qué pasó con las encuestas?
Igual que en elecciones anteriores, las encuestas acertaron el voto de Lula, pero subestimaron el de Bolsonaro. A Lula las encuestas le daban 46% y sacó 45%. A Bolsonaro los sondeos le daban 44% y sacó 47%.
Fuente: elaboración propia en base al promedio de las últimas encuestas de primera vuelta Datafolha, Quaest, CNT/MDA, Atlas Intel, PoderData y Gerp; y resultados oficiales del TSE Brasil.
¿Qué está pasando? Vamos a tener que esperar análisis más detallados para poder tener claridad, pero hay dos interpretaciones encontradas. Para algunos, los bolsonaristas desconfían más de las encuestas y participan menos en ellas. Yo todavía no vi evidencia seria de esto. Para otros, la elección se polarizó y muchos de los que iban a votar a Bolsonaro en segunda vuelta adelantaron su voto. La evolución de las encuestas parece confirmarlo. En el tramo final de la campaña, cayó el voto a terceras fuerzas y subió el de Bolsonaro. Esta tendencia al voto estratégico se pudo haber acelerado el Día D.
Fuente: Agregador de encuestas de PollingData y BBC Brasil, julio-septiembre 2026
Brasil nos dejó un espejo. Y como todo espejo, cada uno ve lo que quiere ver. Los libertarios van a ver la ola azul. La oposición va a ver el castigo al oficialismo. Pero si uno se acerca un poco más, la imagen es otra. Un gobierno con una macro modesta que no logró que la gente se sintiera mejor. Una izquierda que intentó reinventarse y no pudo. Y una demanda de algo nuevo que nadie supo cómo llenar.
Milei mira el triunfo de Bolsonaro y festeja. Kicillof mira la derrota del oficialismo y se ilusiona. Quizás deberían mirar con más atención.
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