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Peregrinación a Luján: el camino es con todos

Una reflexión en preparación de la visita del Papa León XIV a nuestro país. Caminando hacia la casa de la Virgen las diferencias no desaparecen, pero dejan de convertirse en distancias

La imagen de la Virgen en la Basílica de Luján

“Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”

Cada año, la peregrinación a Luján nos regala una imagen significativa. Miles de personas, de distintas edades, procedencias, historias y realidades sociales, caminan juntas hacia un mismo lugar. En una sociedad atravesada tantas veces por divisiones, desencuentros y fragmentaciones, esa multitud en camino nos recuerda que, aun en medio de todo aquello, podemos reconocernos hermanos.

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En el camino hacia la casa de la Virgen las diferencias no desaparecen, pero dejan de convertirse en distancias. Allí todos necesitamos de los demás. Una mano ayuda a levantarse, alguien comparte un mate, otro ofrece agua, una palabra alienta a quien está cansado; personas que no se conocen terminan caminando juntas durante kilómetros.

La peregrinación expresa que, en medio de una multitud diversa, nadie necesita dejar de ser quien es para caminar junto a los demás. Por el contrario, esa diversidad se convierte en expresión de la riqueza de un pueblo que peregrina.

“Todos, todos, todos”, repetía el querido Papa Francisco para recordarnos que en la Iglesia hay lugar para cada persona. Esa convicción cobra fuerza al contemplar la interminable columna de peregrinos avanzando hacia Luján.

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Este año, además, el camino tiene un significado especial. La peregrinación nos encuentra preparándonos también para recibir al Papa León XIV en nuestro país. Su visita apostólica será una oportunidad para preguntarnos qué sociedad queremos construir y, desde la fe, qué Iglesia estamos llamados a ser.

Una Iglesia abierta a todos, pero que dirige especialmente su mirada hacia quienes más sufren; que no olvida a quienes son invisibilizados; que se acerca a las periferias y sabe reconocer la dignidad de cada persona. En ese horizonte son significativos los encuentros que tendrá el Santo Padre con personas con discapacidad en el Pequeño Cottolengo Don Orione y con quienes se encuentran privados de su libertad en el Penal de Devoto.

Imagen de la Peregrinación a Luján de 2025

Luján puede ayudarnos a prepararnos para esa visita porque toda peregrinación tiene algo de llegada, pero también de partida. Llegamos hasta la Virgen llevando nuestras alegrías, dolores, agradecimientos y preocupaciones. Pero después volvemos. Y la pregunta central es cómo regresamos a nuestra vida cotidiana.

Volvemos a nuestras familias, trabajos, universidades, comunidades y barrios. Volvemos también a una Argentina que necesita reconstruir vínculos, recuperar la capacidad de escucharnos y aprender a encontrarnos incluso en medio de nuestras diferencias.

Por eso, peregrinar no puede consistir en llegar a una meta. El camino continúa cuando trasladamos a nuestra vida cotidiana aquello que experimentamos durante esos kilómetros: ayudar al que se queda atrás, acompañar al que está cansado, compartir lo que tenemos y comprender que nadie llega verdaderamente solo.

Frente a una cultura que nos encierra en nosotros mismos y frente a las polarizaciones que convierten al diferente en adversario, caminar juntos constituye un signo sencillo pero poderoso.

Que Dios, por intercesión de la Virgen de Luján, nos prepare para recibir al Papa León XIV y vivir los encuentros que acompañarán su paso por nuestro país. Pero, sobre todo, que nos enseñe a prolongar ese espíritu mucho después de que termine la peregrinación.

Que María nos ayude a mirar al otro como hermano, a acercarnos a quienes más sufren y a comprender que una sociedad verdaderamente humana no se construye dejando personas al costado del camino.

El desafío sigue siendo el mismo que Francisco nos recordó tantas veces: el camino es con todos.

La convocatoria a la Peregrinación a Luján 2026

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