Estados Unidos enfrenta tres guerras en simultáneo. Por enésima vez, Trump ha anunciado que “aniquilará” a Irán si no acepta sus posiciones cambiantes. Así como hace algunos meses anunció la aniquilación de la fuerza aérea y la marina iraníes, ahora proclamó su derrota económica, argumentando que el PBI del país ha caído el 10%. Eso es real, pero no indica que la voluntad iraní se quiebre en su apoyo a la guerra. En los hechos, el poder político y militar en Irán hoy está en manos de la Guardia Revolucionaria Iraní, que mantiene la posición más férrea frente a Estados Unidos. Logra mantener el apoyo de aproximadamente la mitad de la población, centrado en la etnia persa a la que pertenece el 60% de los iraníes. Mientras Estados Unidos tiene dificultades para reponer sus drones y las defensas antiaéreas, las fuerzas militares iraníes parecen no tener límite. Por lo menos en el corto plazo es improbable tanto una derrota iraní como que acepte las posiciones de Estados Unidos en las negociaciones.
Pese a ello, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU Trump expresó que el diálogo con Teherán sigue abierto. Corea del Sur ha rechazado participar del esfuerzo militar estadounidense en los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, hoy controlados por Irán. Japón, a su vez, que ha participado en los ejercicios militares conjuntos con Washington y Seúl, tampoco interviene en el esfuerzo militar estadounidense en Medio Oriente. Trump ha aceptado la decisión del gobierno surcoreano, consciente de que no tiene posibilidad de sancionarlo en esta circunstancia. Por su parte, la Cumbre entre Xi Jinping y Trump en el marco de la Asamblea General no arrojó ningún resultado sobre el conflicto de Medio Oriente.
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El otro frente militar de Estados Unidos es Yemén. Los iraníes desde hace meses están atacando a las seis Monarquías del Golfo: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Bahrein. Con precisión, atacan sólo las bases militares estadunidenses (para los servicios de inteligencia estadounidenses, Irán en esto tiene la colaboración de China y Rusia). Pero las milicias yemeníes aliadas a Irán han lanzado una ofensiva sobre Arabia Saudita, el principal aliado estadounidense en la región. El ataque ha afectado a centrales petroleras importantes en el territorio saudita, afectando el precio internacional del petróleo. Riad ha vuelto a insistir con su pedido de ayuda militar a Estados Unidos, pero ha recibido un nuevo rechazo. El Reino Unido anunció que acompañará a Riad en el conflicto militar contra los hutíes, pero fue un acto simbólico: sólo participa con un avión de reabastecimiento aéreo que no puede participar en acciones ofensivas. Los hutíes mantienen una guerra asimétrica con los saudíes, de la misma manera que Estados Unidos la tiene con Irán. Arabia Saudita firmó semanas atrás un tratado de alianza militar con Pakistán y Turquía para la defensa común ante una agresión externa, pero hasta ahora no han tomado ninguna medida militar para apoyar a Riad frente a Irán. El gobierno de Teherán ha amenazado a Turquía y Pakistán con atacarlos si apoyan militarmente a Arabia Saudita. Se va demostrando así que Washington carece de capacidad militar para proteger a sus aliados en la región. El octavo suicidio de un marino de la dotación del portaaviones Lincoln evidencia el desgaste de las fuerzas navales estadounidenses desplegadas en Medio Oriente.
En cuanto al conflicto entre Rusia y Ucrania, Trump busca revitalizar una mediación que se prolonga y diluye. Por un lado ha reanudado el suministro de armas al gobierno de Zelensky, que requiere con urgencia misiles Patriots para contener los ataques misilísticos y de drones rusos. Estados Unidos lo ha reanudado pero con limitaciones, dada la escasez de armamentos que tiene frente a los iraníes y los hutíes.
Al mismo tiempo, Washington se ha sumado a más sanciones adoptadas por la Unión Europea contra el comercio clandestino de petróleo de la “flota fantasma” rusa, de la que China e India se benefician. El diálogo de Trump con Ucrania es intermitente y cambiante. Ello no permite avanzar en concreto en la mediación ofrecida, la cual resulta ineficaz.
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La guerra en Eurasia continúa así con Estados Unidos involucrado débilmente y con un horizonte incierto. En este contexto, la OTAN se ve obligada a redefinir su rol, con situaciones como la oferta aceptada por esta alianza militar de sumar a Canadá como miembro asociado. Esto debilitaría la influencia del poder estadounidense en este ámbito. Trump ha respondido que establecerá una base militar en Polonia en base a un acuerdo bilateral al margen de la OTAN, frente a la amenaza rusa.
Trump aprovechó su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para mostrar el aumento de su prioridad respecto del hemisferio americano. Su visión geopolítica da más importancia a este hemisferio, concepto que implica la hegemonía estadounidense del Ártico a la Antártida. Un instrumento para ello es el “Escudo de las Américas”, un acuerdo militar de catorce países cuyos gobiernos están alineados con la Administración Trump. La reunión de estos gobiernos se realizó en forma paralela a la Asamblea General. El esquema geopolítico para la región da importancia al control de los tres pasajes interoceánicos Atlántico-Pacífico. De norte a sur, en el Ártico, Estados Unidos ha logrado alinear a Dinamarca y Groenlandia con un acuerdo militar bilateral por el cual Washington se garantiza la presencia militar en todo el territorio en forma indefinida, pero sin asumir soberanía sobre el territorio de estos países.
Estados Unidos había tomado el control del Canal de Panamá, al sacar a la empresa chino-hongkonesa que lo gestionaba. Ahora ha incluido en su agenda la disputa por las Islas Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Se reunió en paralelo a la Asamblea General con el primer ministro británico, mientras que Javier Milei consiguió reunirse con el Secretario de Estado, Marco Rubio. El presidente norteamericano ha ofrecido su mediación en este conflicto, pero todavía no ha sido aceptada por las partes. Trump pretende una solución similar a la de Groenlandia: extender el control militar estadounidense en el extremo sur del hemisferio americano, sin que ello implique cesiones de soberanía por parte de estos dos países.
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En definitiva, la cumbre entre los líderes de Estados Unidos y China en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas mostró que entre ambos hay diálogo y un problema común -la inteligencia artificial- pero no tienen capacidad de influir en las guerras en desarrollo en el ámbito global.
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