La renuncia de Lionel Messi a la Selección Argentina nos impacta emocionalmente a la vez que nos invita a reflexionar sobre las enseñanzas que nos deja. Estamos en uno de esos momentos en los que nos preguntamos qué pasa después de la salida de un líder tan fuerte, cómo debería ser un cambio de liderazgo y qué debería aprender el equipo.
Como en toda organización, cuando se retira alguien que marcó una era, aparece una mezcla de incertidumbre, nostalgia y necesidad de adaptación. Pero, particularmente, Messi representa una forma de movilizar a un equipo que hoy es extremadamente valorada tanto en el deporte como en otros ámbitos.
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Durante muchos años existió la idea de que quien comandaba debía ser el mejor orador, el más carismático o el que ocupaba más espacio. Leo demostró lo contrario al hacerlo desde el ejemplo, el esfuerzo, la coherencia y la constancia. Su influencia nació de hacer extraordinariamente su trabajo y poner ese talento al servicio del equipo y de lo que representaba. Además de su humildad, algo que trasciende cualquier resultado. Cuanto más grande se hizo su figura, más conectado permaneció con sus valores, sus raíces y su sentido de pertenencia a la Selección.
Cuando una figura alcanza una dimensión tal, se corre el riesgo de confundir la identidad del equipo con la identidad de la persona. Pero los equipos verdaderamente maduros logran convertir la admiración por un líder en una cultura compartida. Lo interesante de esta Selección es que en los últimos años evolucionó desde la dependencia hacia la pertenencia. Ya no era solamente “el equipo de Messi” sino un grupo que compartía valores, objetivos y una manera de competir.
Justamente ahí aparece una enseñanza particularmente relevante. En el mundo corporativo, si bien la mayoría considera que puede dirigir procesos de transformación, muchas organizaciones todavía no avanzan al mismo ritmo. En Argentina, solo el 62% de los ejecutivos considera que su empresa brinda el acompañamiento necesario para afrontar los cambios, incluso por debajo de otros países de la región.
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Incluso en el mundo del deporte, la transición no debería consistir en buscar “al próximo Messi”. De hecho, si intentamos buscar paralelismos con el ámbito empresarial, encontramos una dificultad enorme porque casi no existen casos equivalentes. Nuevamente, el desafío es preservar la cultura que ayudó a construir.
Más que intentar conservar al jugador, lo que debería permanecer son los principios que representó: su resiliencia para volver a intentarlo después de las derrotas, críticas y situaciones familiares, sin esconder sus emociones; su sentido de pertenencia incluso en los momentos más difíciles; su humildad para seguir aprendiendo aún en la posición en la que estaba; su capacidad para poner el equipo y el país por encima del individualismo; y su convicción de que evidencia que el liderazgo se ejerce 24/7 desde las acciones.
Precisamente, los responsables de contratación destacan como capacidades clave para liderar en el futuro habilidades tales como el aprendizaje continuo, la empatía, la comunicación clara y efectiva, el pensamiento analítico, la adaptabilidad, la creatividad, la experiencia. Todas ellas describen, en buena medida, un liderazgo mucho más cercano al que el rosarino encarnó.
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Ahora bien, cuando el liderazgo es saludable, la salida no paraliza al grupo. Por el contrario, habilita la aparición de nuevos liderazgos y nuevas responsabilidades distribuidas. Messi lo tiene claro: “Vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”. Eso denota que los grandes líderes entienden que el legado no consiste en ser imprescindibles, sino en preparar al equipo para que siga creciendo cuando ellos ya no estén. Su grandeza no fue convertirse en indispensable sino ayudar a que la Selección aprenda a no depender de él.
Probablemente nadie pueda replicar lo que el astro aportaba dentro y fuera de la cancha. Lo sano es que distintos integrantes absorban distintas partes de ese legado. Algunos lo harán desde el liderazgo emocional, otros desde el rendimiento, otros desde la experiencia y otros desde la construcción del grupo. De esta manera, determinados comportamientos, valores y estándares permanecen independientemente de quién ocupe el lugar más visible.
Las culturas que trascienden en la cancha, en las empresas y en otros ámbitos de la vida son aquellas que logran transmitir valores de generación en generación. Si la Selección lo alcanzó, entonces la salida de Messi no representará el final de una etapa exitosa, sino el comienzo de una nueva. Su salida deja al equipo y a la sociedad en general la enorme enseñanza de que el liderazgo más poderoso no es el que concentra protagonismo, sino el que inspira a que todo un equipo sea mejor.
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