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La Copa del Mundo de la transición energética

América Latina enfrenta el segundo Balance Global con la opción de construir una postura regional sobre cero emisiones netas para 2050, resiliencia y el límite de temperatura del Acuerdo de París

Los datos de 2025 y 2026 proyectan a América Latina como una nueva frontera hidrocarburífera, en tensión con la ambición climática y la transición energética. REUTERS/Alexander Villegas/File Photo

En América Latina, la pasión por el fútbol nos define, pero esta no es la única cancha en la que hemos sabido destacar. El multilateralismo climático regional ha brillado más por sus jugadas individuales que por su identidad colectiva, lo que le resta efectividad. Aunque los vaivenes políticos han obstaculizado la consolidación de una estrategia unificada, el inicio del segundo Balance Global (GST2) este año —con el que se evalúa cada cinco años la respuesta mundial ante la crisis climática— renueva la oportunidad de construir una postura regional sólida en torno a las cero emisiones netas para 2050, limitar el aumento de temperatura y aumentar la resiliencia.

Contradicciones en la cancha

Los datos de 2025 y 2026 revelan que América Latina se proyecta como la nueva frontera hidrocarburífera mundial. Las tensiones entre la ambición climática, la urgencia financiera y la soberanía energética en tiempos geopolíticos convulsos, han consolidado inversiones en infraestructura que amenazan con anclarnos a los combustibles fósiles por las próximas décadas.

Prueba de ello es la expansión de Vaca Muerta, en Argentina, que alcanzó producciones récord, apuntalada por nuevos gasoductos e inyecciones de capital para exportar GNL; el avance de los planes de exploración en el Margen Ecuatorial de Brasil, una zona ecológicamente sensible cerca de la desembocadura del río Amazonas; el Plan de Gasoductos que presentó México hacia 2030 para abastecer 13 nuevas centrales eléctricas, mientras evalúa el uso del fracking; y la asunción del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, que pone en riesgo la ambición climática que el país había logrado consolidar. Estas contradicciones revelan que la transición no es un proceso lineal, como lo demuestra el reciente análisis de la Fundación Argentina 1.5.

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Empresas nacionales como YPF, Petrobras, Ecopetrol y Pemex son la punta de lanza del discurso soberanista asociado a los combustibles fósiles para garantizar el suministro inmediato y maximizar la renta. Esta lógica es respaldada indirectamente por bancos internacionales y regionales que, pese a sus discursos de sostenibilidad, continúan subsidiando los hidrocarburos.

A nivel local, el panorama es dispar. Mientras algunos estados subnacionales actúan como refugio climático frente a administraciones nacionales negacionistas, en otras afloran las tensiones del “extractivismo verde”. Un caso claro fue la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina, en la que gobiernos provinciales que antes impulsaban agendas climáticas aprobaron la expansión minera sobre ecosistemas sensibles e irrecuperables.

La “selección” de la transición: 5 jugadas estratégicas

Para alinear a la región con el umbral de 1,5 °C del Acuerdo de París, necesitamos avanzar en discusiones colectivas sobre acciones de política pública.

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Entre ellas se incluye, en primer lugar, la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles, redirigiendo esos recursos hacia proyectos de energías renovables, electrificación rural descentralizada y combate de la pobreza energética. En segundo lugar, la reconversión de las petroleras estatales en empresas energéticas capaces de liderar una transición justa. En tercer lugar, la incorporación de las normas del Acuerdo de Escazú, que exige de manera obligatoria el consentimiento previo, libre e informado en todos los proyectos de extracción de minerales críticos, como el litio y el cobre, y de megaparques solares o eólicos.

A ello se suma la necesidad de integrar el nexo entre agua, riesgo climático y energía en todas las fases de los Planes Nacionales de Adaptación (PNA), entendiendo que eventos como las sequías prolongadas amenazan directamente la seguridad hidroeléctrica de la región. Y la de armonizar los bloques de negociación regionales, coordinando un frente unido para exigir que el financiamiento internacional y la adaptación justa se vinculen explícitamente a los mandatos de mitigación.

Ganar en el tiempo reglamentario

A diferencia del mundial de fútbol —donde los países avanzan eliminándose entre sí—, en la transición energética el avance debe ser colectivo. Ningún país gana en soledad.

Ante la amenaza de superar temporalmente el límite de temperatura establecido en el Acuerdo de París, no habrá tiempo extra ni definición por penales. La Copa del Mundo de la transición energética justa se gana jugando en equipo, mediante una construcción colectiva latinoamericana, y en el tiempo reglamentario.