Desde que expliqué por qué la guerra en Irán no descarrilaría a los mercados, han surgido nuevas inquietudes: la errática evolución de las negociaciones de paz, el riesgo de hiperinflación en Argentina por el encarecimiento del petróleo (que está mermando la popularidad de Javier Milei), el “bloqueo” de Estados Unidos y la posibilidad de que Teherán imponga peajes a los petroleros. Este contexto aleja a muchos inversores de la bolsa, en espera de que se despeje la incertidumbre.
Pero, aunque comprensible, el miedo es exagerado y puede salirle caro. Veamos por qué.
En realidad, no se han producido grandes cambios últimamente. El estrecho de Ormuz sigue cerrado y el bloqueo estadounidense solo afecta a Irán, cuyas exportaciones de crudo se dirigían sobre todo a China, que había acumulado reservas antes del estallido del conflicto.
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La producción mundial de energía está aumentando. De hecho, la exportación de crudo estadounidense alcanzó niveles récord en abril
Por otra parte, siguen aumentando las alternativas a Ormuz. Si antes del cierre del estrecho las exportaciones a través del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí eran inferiores a los 800.000 barriles al día, ahora rondan los 5 millones. Entretanto, los envíos desde el puerto de Fuyaira de Abu Dhabi repuntaron un 40% en marzo.
La producción mundial de energía está aumentando. De hecho, la exportación de crudo estadounidense alcanzó niveles récord en abril, Venezuela también está exportando más y, como ya sabrá, el yacimiento de Vaca Muerta vive un momento de auge. Por tanto, la escasez será pasajera.
Lo mismo se aplica al precio del combustible para aviones. Se anticipaban escenarios catastróficos con cancelaciones masivas de vuelos y tarifas disparadas. No eran escenarios realistas, como demuestra la caída del 30% desde su máximo.
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Con respecto a los peajes, se teme que Irán cobre 1 dólar por cada barril que atraviese el estrecho de Ormuz (unos 2 millones por buque). Sin embargo, los costos marginales de producción del petróleo del golfo Pérsico se sitúan en torno a los 20 dólares por barril, por lo que un dólar más no supone una gran diferencia. Además, desde finales de abril ya han pasado dos petroleros japoneses sin pagar.
El petróleo no presionará al alza los precios de forma duradera, lo cual mitigará el riesgo de inflación
Si Irán finalmente impone los peajes, será un contratiempo temporal porque el encarecimiento de la energía elevará, aún más, la producción a escala global y, con ello, bajará su costo: es la ley de la oferta y la demanda. Las señales de precios funcionan.
En definitiva, el petróleo no presionará al alza los precios de forma duradera, lo cual mitigará el riesgo de inflación. Es comprensible que este sea un tema sensible en Argentina, donde, pese a la desaceleración reciente, los datos de abril siguen siendo demasiado altos (32,4% interanual). Pero, aunque muchos teman que lo peor está por llegar, el crudo no es tan determinante como suele creerse.
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El nobel Milton Friedman demostró hace mucho que la inflación siempre es fruto de una creación excesiva de dinero. El M3, el agregado monetario más amplio en Argentina creció un 38,1 % en marzo. Es demasiado y, si bien el Banco Central de la República Argentina debería bajar el ritmo, el dato está muy lejos de las subidas de más del 100% registradas entre 2023 y 2025. En Estados Unidos, por ejemplo, el M4 aumentó un 5,8% interanual en marzo, un nivel prepandémico que ha permitido mantener baja la inflación. En el resto del mundo los datos son similares.
A falta de una expansión mucho mayor de la oferta monetaria mundial, el encarecimiento de la energía fomenta la sustitución. Al destinar una mayor parte del gasto al combustible, se prescinde de algunos bienes de consumo discrecional. No es agradable, pero no acelera la inflación.
Esperar que se resuelvan estos problemas puede salir caro. Los mercados no esperan certezas. En 2020, el Merval y la bolsa internacional tocaron fondo (en dólares) por la pandemia el 18 y el 23 de marzo, respectivamente. En Argentina, el confinamiento empezó el 19 de ese mes y acabó siendo uno de los más largos del mundo. Todavía ningún indicador económico reflejaba el impacto de la crisis sanitaria. El 29 de mayo, cuando se comprobó que el PIB del primer trimestre había bajado un 1,5% intertrimestral, el Merval se había revalorizado un 58%. Y recuperó sus máximos previos el 3 de agosto. Sin embargo, se generalizó el pesimismo y el temor por la situación sanitaria. La misma tendencia se observó en 2022 y tras la crisis de los aranceles del año pasado.
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Ahora sucede algo parecido. La bolsa mundial, actualmente en máximos, ha descontado los temores compartidos y se proyecta hacia el futuro. Usted también debería hacerlo.