Los destellos mundialistas no logran aplacar el hedor del caso Adorni. La escandalosa saga de los termosellados del vestidor de los Insaurralde, tampoco.
La situación del ahora ex vocero es un volcán activo que sigue arrojando lava incandescente sobre el pretendido oasis de la macro. Una pesadilla para Toto.
La descomposición a cielo abierto de la Jefatura de Gabinete expone la impotencia emocional de Javier Milei para resolver un asunto tóxico para el oficialismo.
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Atascado en aplicar empecinamiento terapéutico sobre su chamuscado ministro, el Presidente pierde energía política en sostener al funcionario que se bambolea sobre el abismo amenazando arrastrar al mismísimo Milei y su inescindible hermana.
Después de una seguidilla de situaciones más propias de un vodevil que de la dinámica de un cuerpo parlamentario, este jueves se cayó la sesión del Senado en la que se pretendía avanzar con el tratamiento de una eventual moción de censura.
Hay que admitirlo. Todos se sintieron aliviados. El oficialismo porque tiró la pelota para adelante, los dialoguistas y aliados porque esquivan el brete de quedar pegados en la defensa del impresentable y el kirchnerismo porque goza del beneficio de seguir horneando el asunto a fuego lento. Un penoso win win.
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Todos conocen el costo que la sobreactuada defensa del malhadado ministro coordinador tiene para el mismísimo Milei y se regodean dejándolo hacer.
Están también los que, por el contrario, creen que hay que llevar más temprano que tarde el asunto al recinto para dejar expuestos a los aliados en su complicada relación con el libertarianismo.
La idea mauricista de acompañar pero diferenciarse no se sostiene. No hay manera. Diferenciar el apoyo al rumbo económico de los desaguisados éticos e institucionales con los que a diario sorprende el mileísmo es un ejercicio desquiciante.
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“...las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender… cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”
La carta con la que Esteban Bullrich renunció al PRO perforó peligrosamente el navío del ex Presidente. A los botes. No son pocos los chalecos amarillos que están pensando en saltar del barco.
Cristian Ritondo, jefe del bloque de diputados y figura bisagra en la oxidada relación entre el PRO y la LLA, resiste. La revelación de propiedades en Miami sin declarar cuya titularidad se le atribuyó a Ritondo, y la encendida defensa que, en su momento hizo el mismísimo Milei del diputado amarillo, suman lastre a la nave macrista. Los estrategas de Ritondo, quien se mueve como quien tiene la vaca atada, no logran moderar los enconos de Milei contra Mauricio Macri.
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El Presidente recela de las intenciones de Mauricio Macri. Afecto a las teorías conspirativas, lo percibe roscando para oponerle una candidatura en 2027 en connivencia con actores empresariales y políticos del círculo rojo. No más milanesas en la mesa del poder.
No solo Milei alienta suspicacias contra el jefe del PRO. Actores más próximos a Mauri sospechan que cuando muestra los dientes lo hace solo con el objeto de obtener una mejor posición negociadora con los libertarios para preservar el terruño fundacional de su partido, CABA.
La insistencia de Karina Milei en la defensa de Adorni también empieza a generar ruidos internos en el mismísimo bloque. Luis Juez y el formoseño Paoltroni seguirían los pasos de Patricia Bullrich, la senadora que esta semana tocó fondo. Harta ya de estar harta, ya se cansó. Lo suyo tampoco pinta fácil. Camina por un precipicio.
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Tras haber liberado a Manuel Adorni de tener que presentar el informe de gestión en la Cámara Alta, con la sana intención de evitarle el bochorno, Pato Bullrich tuvo que tragarse el sapo crudo de un tuit que de la nada plantó el susodicho, alegando que él está dispuesto a presentarse. O sea, digamos: arrogancia recalentada.
Las tropelías de Manuel no alcanzan el nivel de vuelo del affare Insaurralde-Cirio. Pero el caso de Manuel es distinto, no parece disponer de expertise suficiente para salvar la piel de sus propios estropicios. Va de papelón en papelón.
Todavía muy lejos de acopiar millones termosellados, el desordenado chiquitaje con el que sorprende a diario, sumado a su posición y responsabilidad en lo más alto del poder, resulta para las audiencias infinitamente más atrapante que la novela turca de los Insaurralde. Jesica Wanda Judith Cirio no logra sacar con sus videos a Adorni del prime time.
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De los ensobrados a los ensabanados. La estrategia de hacerle facturar a la secretaria sus urgencias en blanquería exhibe una picardía de baja monta y expone un método usado a reiteración para hacer pasar sus gastos por debajo del radar. Recursos propios de un ladronzuelo desesperado.
El problema de “Manu” no es solo que se lo investigue bajo la figura de enriquecimiento ilìcito. El tema central es que no da la talla del rol para el que fue designado. La nafta no parece llegarle al tanque. La impericia demostrada para justificar sus egresos lo expone tan torpe como ignorante de cuestiones muy elementales.
Adorni arrastra a Milei porque Milei le consiente y festeja todas sus chapucerías.
Por qué pagar impuestos si Adorni se pasó varios pueblos acumulando ahorros en negro y hoy exhibe sus proezas en la tele sin prurito ni pudor alguno. Triste papel el de los argentinos de bien que cumplieron en tiempo y forma. ¡Grande Manuel…sos un grosso!
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Con Adorni en escena, Milei pierde la posibilidad de activar el dispositivo de la grieta en modo electoral. “La moral como política de Estado” pasa a ser una consigna vacía .
Cuáles son las razones de Milei es la veradera incógnita.
Las mil especulaciones acerca de los porqués de Milei en su defensa a Adorni, permiten sumergirse en la extravagancia de la moral libertaria. Una de héroes y villanos, de réprobos y elegidos.
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“No soy un chorro” espeta Adorni ante propios y extraños, tanto en espacios públicos como privados. Queda claro que el ex vocero no maneja siquiera el arte de la palabra. Asociar la propia imagen, aunque sea por la negativa, con la palabra chorro, es casi un acto de autoagresión.
Si en el catecismo mileísta los impuestos son un robo porqué habríamos de condenar al bueno de Manuel que ahorró en negro para desafiar a la “viaje política”. Para el decálogo libertario los evasores son héroes. Razón suficiente para homenajear al Jefe de Gabinete en cada fecha patria que se presenta. Nada de perderse un tedeum.
Una cosa es robar y otra mentir. De ocultar, tergiversar y presionar, mejor no hablar. Todo vale para la moral libertaria.
Sin la bandera anticasta y anticorrupción como argumento narrativo, el tema de la baja de la inflación tampoco alcanza para sostener la leyenda, ha perdido eficacia en el relato libertario. Habrá que recalcular.
Hoy la preocupación de la gente no se centra en la escalada de los precios. Conforme a todos los estudios de opinión la cuestión que sobresalta a la gente del común pasa por la baja de los ingresos, el menor rendimiento del salario, un asunto que el oficialismo se empeña en desconocer y atribuye a la campaña en los medios.
Del precio al ingreso. La ansiedad dominante ya no es por el empleo sino por el ingreso como flujo.
El discurso de la estabilización ya resulta insuficiente para sostener la expectativa de progreso. El diseño del consumo individual o familiar entró en una fase nueva. No se recortan gastos en gustos sino cosas básicas. De las salidas y amenities a los alimentos y bebidas. Se preservan alquileres de viviendas y expensas, los servicios, lo imprescindible e inelástico.
Tres de cada cuatro hogares registra estrés financiero. La crisis de ingresos se está procesando por fuera del Estado. No se busca ayuda en el Estado. Según indican los últimos estudios de opinión, el sufrimiento económico no se está canalizando institucionalmente. No se cuenta con el Estado.
Nadie está capitalizando el malestar de las mayorías. Se vive una especie de privatización del malestar.
Según las últimas encuestas de opinión la base material del oficialismo se angostó hasta su núcleo. El sostén del libertario que resiste se apalanca en lo identitario y en el rechazo al pasado político.
Para el politólogo Federico Zapata, la mayor fortaleza del Presidente es la debilidad y desorientación del espacio opositor. Según el consultor, un rejunte opositor es “el sueño húmedo de Milei”.
El Índice de Confianza en el Gobierno, de la Universidad Di Tella, registró en junio un incremento del 3,9% respecto del mes anterior. Un repunte luego de meses consecutivos de caída. El indicador es de 2.7, en una escala de cero a cinco. Leve pero repunte al fin si se tiene en cuenta que la caída interanual es del 11,4%.
A pesar de la adversidad que se vive en el metro cuadrado de la mayoría, se reconocen los logros económicos obtenidos en la macro y la estabilización económica. El desmadre de la política, no obstante, empieza a pesar seriamente en la consideración popular.
El mundial y la feria judicial de julio permiten un breve impasse pero el futuro no está en manos de Messi sino de Milei, aunque otra vez muchachos nos volvemos a ilusionar.