La universidad que produce el futuro no puede esperar

El sector académico advierte sobre la importancia de garantizar financiamiento ante la evolución tecnológica y las nuevas demandas del mercado laboral, enfatizando el impacto que tiene en áreas clave para la producción

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"El verdadero diferencial hoy no es manejar un software, sino tener la capacidad crítica y estratégica de comandar estas tecnologías", asegura el autor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay una idea instalada que es ineludible problematizar: la de que la educación superior es un gasto. Quienes trabajamos todos los días en las universidades públicas argentinas sabemos que es exactamente lo contrario. La educación superior es la infraestructura silenciosa sobre la que se apoya buena parte de lo que nuestro país produce, exporta y proyecta hacia el futuro.

La aceleración tecnológica y la irrupción de la Inteligencia Artificial dejaron de ser un debate del mañana. Están transformando el mundo del trabajo, y el desafío de la educación superior ya no es solo transmitir conocimiento: es convertirse en un motor directo de empleabilidad. Por eso, desde la Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria de la UTN.BA lanzamos la nueva Tecnicatura en Diseño Gráfico Digital, una propuesta ágil pensada para dar respuesta inmediata a las industrias creativas.

El perfil profesional que el mercado reclama cambió. El diseñador gráfico ya no solo compone visualmente: necesita entender de experiencia de usuario, moverse en entornos dinámicos e integrar la IA en su flujo de trabajo. La automatización, lejos de reemplazar a las personas, funciona como un acelerador. El verdadero diferencial hoy no es manejar un software, sino tener la capacidad crítica y estratégica de comandar estas tecnologías. El mercado pide perfiles híbridos, que unan la sensibilidad estética con el pensamiento lógico-tecnológico.

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La educación superior es la infraestructura silenciosa sobre la que se apoya buena parte de lo que nuestro país produce, exporta y proyecta hacia el futuro

Esa demanda no es abstracta. Sectores de alto valor agregado -los videojuegos, la producción audiovisual, el marketing digital- enfrentan hoy un cuello de botella por falta de recursos humanos calificados. Ahí es donde la universidad tiene algo concreto para aportar. La UTN carga con la enorme responsabilidad de formar a cerca del 80% de los ingenieros del país: esa es nuestra columna vertebral de largo plazo. Pero a través de formatos de pregrado tenemos la agilidad para responder en el corto plazo a las industrias que necesitan de la academia para crecer. Nuestro objetivo es claro: generar empleo y dinamizar la producción a través de la educación de calidad.

El debate cobra otra dimensión cuando se cruza con los números. La economía del conocimiento viene de marcar un récord histórico de exportaciones por 9.600 millones de dólares y se consolidó como el tercer complejo exportador de la Argentina. En un país que necesita imperiosamente generar divisas genuinas, la universidad no puede quedarse mirando desde afuera.

Por eso el mensaje hacia el gobierno nacional es directo: desfinanciar a la universidad es, en realidad, desfinanciar a quienes producen, a quienes exportan con valor agregado y a quienes van a traccionar las tecnologías del futuro. No hay modernización económica ni crecimiento del sector privado posible sin la infraestructura del conocimiento que proveen las universidades argentinas.

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El mercado pide perfiles híbridos, que unan la sensibilidad estética con el pensamiento lógico-tecnológico

El camino tiene obstáculos reales. La velocidad con que deben actualizarse las tecnicaturas choca muchas veces con la realidad presupuestaria. En las áreas digitales, donde el sector privado paga salarios en dólares, retener talento docente en las aulas se vuelve un desafío crítico. Dar la pelea por el salario docente y por presupuestos dignos no es un reclamo corporativo: es la condición para que todo lo demás suceda. No hay transformación digital en la educación superior sin docentes valorados.

Las dos movilizaciones que recorrieron el país en defensa de la universidad pública mostraron que la sociedad argentina entiende esto con claridad. La universidad no pide que la cuiden por nostalgia. Pide que la sostengan porque sabe hacia dónde va y porque el país la necesita para llegar. El gran desafío es innovar sin perder el norte de la inclusión y la excelencia académica. Estamos a la altura. Falta que la decisión política también lo esté.

El autor es Secretario de Cultura y Extensión Universitaria de la UTN.BA