Mientras miramos la ola de la IA, el tsunami del quantum se acerca

Un grupo creciente de compañías ya está incorporando soluciones cuánticas para optimizar operaciones financieras, acelerar desarrollos moleculares y enfrentar retos de ciberseguridad, mientras expertos advierten sobre riesgos en la falta de preparación empresarial

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Una computadora cuántica usa qubits, que pueden ser cero, uno, o ambas cosas al mismo tiempo (superposición) (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay una escena que se repite en las películas de desastres naturales: todos en la playa mirando fascinados la enorme ola que se acerca desde el horizonte. Es enorme, es urgente, es lo único visible. Y mientras tanto, en el fondo del océano, algo más profundo y más poderoso está gestándose. En tecnología, estamos viviendo exactamente esa escena. La ola es la inteligencia artificial. El tsunami, que la mayoría aún no ve, es la computación cuántica.

No digo esto para sembrar pánico ni para sumarme al coro de los que profetizan el fin del mundo digital tal como lo conocemos. Lo digo porque creo que ignorar el quantum hoy es el equivalente corporativo de no saber que Internet existía en 1995. No te destruía de inmediato, pero si no prestabas atención, en diez años te encontrabas sin negocio.

Primero, lo básico: ¿qué es esto del quantum?

Una computadora clásica piensa en ceros y unos. Siempre. Es como una luz que solo puede estar prendida o apagada. Una computadora cuántica usa qubits, que pueden ser cero, uno, o ambas cosas al mismo tiempo (superposición). Esto le permite explorar millones de caminos de solución en paralelo, en lugar de uno por uno. El resultado: para ciertos problemas de una complejidad brutal, la computación cuántica no es un poco más rápida. Es exponencialmente más rápida. Google demostró que su procesador cuántico ejecutó un algoritmo específico 13.000 veces más rápido que el mejor supercomputador clásico del planeta.

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Dicho esto: no, no va a reemplazar a tu laptop. Pero sí va a redefinir industrias enteras.

Los mitos que hay que tirar a la basura

El primero y más dañino: “el quantum es ciencia ficción, no tiene aplicación de negocios todavía”. Falso. Hoy mismo, instituciones financieras como HSBC e IBM están operando la primera plataforma de trading algorítmico habilitada por computación cuántica. BBVA y Crédit Agricole ya probaron optimización de portafolios con resultados concretos. En farmacéutica, laboratorios están simulando moléculas complejas para acelerar el descubrimiento de medicamentos de una manera que los supercomputadores clásicos simplemente no pueden replicar. No estamos hablando de laboratorios universitarios. Estamos hablando de negocios reales generando valor real.

Hay sectores donde la ventana de oportunidad es clara y el dolor actual es lo suficientemente grande como para que valga la pena prestar atención ahora mismo

El segundo mito: “hay que esperar a que la tecnología madure para pensar en esto”. Este error ya lo cometimos con la IA. ¿Cuántas empresas argentinas decían en 2020 que “la inteligencia artificial era para las grandes corporaciones” y hoy corren desesperadas a implementar herramientas que sus competidores ya dominan? El quantum tiene un ciclo de maduración estimado de 5 a 10 años para despliegues a escala. Eso suena largo. Pero la historia dice que quienes empiezan a entenderlo hoy son los que tienen posición de ventaja cuando el mercado explota. La inversión global en startups de tecnología cuántica pasó de 2.000 millones de dólares en 2024 a 12.600 millones en 2025. No son apuestas marginales. Son apuestas estratégicas de los jugadores más informados del mundo.

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El tercero, y el más peligroso en el contexto argentino: “esto es para las multinacionales, no para nosotros”. Esta es la trampa mental más cara que puede tener un empresario local. El quantum no requiere que compres tu propio procesador cuántico. Ya existe como servicio en la nube, a través de IBM Quantum, de Amazon Braket, de Azure Quantum. La puerta de entrada no es millonaria. Es conceptual.

¿Para qué negocios tiene sentido pensar en esto hoy?

La respuesta honesta y pragmática es: no para todos, y no de la misma manera. Hay sectores donde la ventana de oportunidad es clara y el dolor actual es lo suficientemente grande como para que valga la pena prestar atención ahora mismo.

Finanzas y seguros encabezan la lista. Optimización de portafolios, modelado de riesgo con variables que los sistemas actuales no pueden procesar en tiempo real, detección de fraude en patrones complejos. Si tu negocio vive o muere por la velocidad y precisión de las decisiones financieras, el quantum no es opcional en tu horizonte de planificación.

El quantum no va a llegar de golpe con un cartel que diga “ya estoy listo”. Va a penetrar en las organizaciones de la misma manera que penetró la nube o la IA

Logística y cadena de suministro. Este es un terreno donde el quantum tiene aplicación directa y demostrada. Optimizar rutas, gestionar inventarios dinámicos con decenas de variables simultáneas, modelar escenarios de disrupción. Los primeros pilotos industriales reportan reducciones de costos de entre 12 y 15%. Para una empresa de distribución o manufactura con márgenes ajustados, eso no es un beneficio marginal.

Farmacéutica, química y agroindustria. La simulación de moléculas y materiales es probablemente el caso de uso más maduro del quantum hoy. Si tu negocio involucra desarrollo de productos, formulaciones o materiales, el quantum puede reducir tiempos de I+D de manera que los métodos clásicos no permiten ni soñar.

Ciberseguridad: esta es la cara oscura de la historia, y hay que mencionarla sin anestesia. Los sistemas de encriptación que protegen hoy los datos de casi todas las organizaciones del mundo fueron diseñados asumiendo que nadie podría romperlos en tiempo razonable. El quantum cambia ese supuesto. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos ya publicó los primeros estándares de criptografía post-cuántica y está recomendando a las organizaciones comenzar la migración ahora. Hay actores maliciosos que están recolectando datos cifrados hoy para descifrarlos cuando tengan acceso a procesadores cuánticos. Esto no es paranoia. Es una amenaza documentada. Si manejás datos sensibles, la pregunta no es si prepararse, sino cuándo empezar.

La combinación que nadie está leyendo bien: IA y quantum no compiten, se potencian

Hay una confusión frecuente que me preocupa: pensar que el quantum viene a reemplazar a la inteligencia artificial. Es todo lo contrario. La literatura académica más reciente, incluyendo una revisión publicada en Nature Communications en diciembre de 2025, es clara: son tecnologías que se retroalimentan. La IA ya está ayudando a diseñar mejores algoritmos cuánticos y a reducir los errores en los procesadores. Y el quantum, en su maduración, va a resolver algunos de los problemas más irritantes de la IA actual: el costo brutal de entrenar modelos grandes, los límites de procesamiento para conjuntos de datos masivos, la eficiencia energética.

Hay una confusión frecuente que me preocupa: pensar que el quantum viene a reemplazar a la inteligencia artificial

Dicho de otra manera: si pensás que la IA ya es poderosa, esperá a ver qué pasa cuando el quantum le preste su músculo computacional. La combinación no es aritmética. Es exponencial. Esto no es especulación futurista. Investigadores del Quantum Economic Development Consortium publicaron en 2025 un mapa detallado de casos de uso donde la convergencia de IA y quantum genera soluciones que ninguna de las dos tecnologías puede lograr sola. Desde simulación de nuevos materiales para baterías hasta sistemas de diagnóstico médico que analizan patrones biológicos de una complejidad imposible para los sistemas actuales.

¿Y el impacto en el día a día empresarial?

La pregunta más frecuente que recibo en las empresas cuando hablo de esto es: “¿me va a cambiar cómo trabajo mañana?” La respuesta honesta es: no mañana. Pero el quantum no va a llegar de golpe con un cartel que diga “ya estoy listo”. Va a penetrar en las organizaciones de la misma manera que penetró la nube o la IA: primero como servicio externo, luego como componente de las plataformas que ya usás, después como capacidad interna.

McKinsey proyecta que para 2035 la computación cuántica podría generar hasta 2,7 billones de dólares en valor económico global. Las empresas que van a capturar esa parte del valor son las que empezaron a entender el terreno antes de que el tsunami llegue a la orilla.

McKinsey proyecta que para 2035 la computación cuántica podría generar hasta 2,7 billones de dólares en valor económico global

El punto de partida no es comprar hardware ni contratar físicos cuánticos. Es hacer tres cosas concretas: primero, identificar en tu organización qué problemas actuales son de una complejidad que los sistemas clásicos no resuelven eficientemente (optimización, simulación, criptografía). Segundo, asignar a alguien la responsabilidad de seguir la evolución del quantum con criterio de negocio, no de laboratorio. Tercero, revisar hoy tu infraestructura de ciberseguridad con la pregunta: ¿qué pasa cuando la encriptación actual deja de ser suficiente?

La ola de la IA es real, urgente y hay que surfearla. Pero el empresario que solo mira la ola y no escucha el rumor del fondo del océano va a quedar corto. El quantum no avisa cuando llega. Y los tsunamis, a diferencia de las olas, no perdonan a los distraídos.

El autor es CEO de Varegos y docente universitario especializado en IA y autor del libro Humanware (declarado de interés para la Comunicación Social por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires)