El 2027 y los avistajes sociales

Javier Milei enfrenta un escenario con inflación a la suba, descontento social también en crecimiento y un panorama internacional en el que la extrema derecha pierde terreno

Javier Milei debió dar explicaciones por el 3,4% de inflación de marzo (Foto: AP/Natacha Pisarenko)

Milei se enfrentó al 3,4% de inflación de marzo y lo destrató con un “lo aborrezco”. Pero su manera de combatirlo –según sus propias palabras- es acentuar la acción de la motosierra. El Presidente no admite que la realidad no convalide su teoría económica.

Cuando Javier Milei trabajaba como economista en el sector privado, lo que debía lograr era que los empresarios que requerían de su experiencia obtuviesen mejores rentabilidades. Es decir, la teoría debía condecir con la realidad palmaria de que sus clientes vieran la expansión y crecimiento de sus empresas.

Lo público tiene un desarrollo parecido, pero con responsabilidades diametralmente mayores. Un país tiene ciudadanos que esperan prácticamente lo mismo que los empresarios para quienes él trabajó: expansión, crecimiento y, por qué no, felicidad para sus vidas.

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Un empresario, para sanear su empresa, puede no retirar utilidades por un tiempo, invitando a su familia a ajustarse el cinturón. Pero ese tiempo es limitado y debe sostenerse con el avistaje de logros.

Una sociedad puede “no retirar utilidades”, es decir pasar momentos durísimos como los que viene transitando producto de las políticas que Milei aplica, siempre y cuando el avistaje sea real y palpable. El problema que hoy tiene el Presidente son los pocos logros para mostrar a una ciudadanía mientras le solicita paciencia y sacrificio continuos. La ciudadanía advierte que la política (que es la última de sus prioridades) es un recurso que utilizan quienes la ejercen para su uso y crecimiento personal. Y eso les inspira bronca.

El 3,4% de marzo (9,4% en el primer trimestre), lo aleja del 16,5% del FMI y del 10,1% del Presupuesto 2026 y acerca al Gobierno al 30% anual (CFK terminó su gobierno en el 2018 con 25% de inflación anual). Pero eso es historia, fundamentalmente para la gente que ya no compara su actual situación con el gobierno de los Fernández, sino con la del año pasado. Y ahí no hay logros que festejar.

El avistaje del 3,4% -con un INDEC no del todo creíble- no actúa como un sostenedor de más y mejores recortes y sacrificios. Lo reflejado por distintas y variadas encuestas es que el humor social manifiesta ya no creer que el camino propuesto lo beneficie, pero sí advierte que la corrupción es explícita. Cuando la política le pone a la moral una “zona permitida”, la moral se devalúa a tal punto que ya no genera efecto.

El premio Nobel Joseph Stiglitz decía que cuando hay recesión no se pueden aplicar políticas de ajuste (más motosierra), porque genera más recesión.

El ministro de Hacienda, Luis Caputo, logró que el FMI le libere U$S 1.000 millones, mientras persiste una enorme deuda con el PAMI, que es necesario saldar para equilibrar las urgencias desbordantes. Dice Eugenio Semino: “Sigo insistiendo que asistimos a una crisis humanitaria”.

El ministro Lugones siente que el millón de beneficiarios de más 80 años son “una carga muy grande”. Ignora que esos beneficiarios aportaron toda su vida laboral para este momento. Sucede que desde el 2008 el Fondo de Garantía de Sustentabilidad se usa para cualquier cosa, menos para lo que fue creado: los jubilados. Nadie sabe a cuánto asciende hoy y dónde está.

El gobierno de Milei, en el ámbito internacional, ha perdido un gran aliado: Orban.

Según el Dr. Diego Guelar, “todo este movimiento ya se paró”. “Lo vimos en los resultados electorales de Italia, Francia, España; situaciones que van mostrando un equilibrio en Europa. Van desapareciendo la extrema derecha y la extrema izquierda. Vuelve a imperar la sensatez del centroderecha y centroizquierda. Es la vuelta al sentido común”, analiza. ¿Qué pasará en la Argentina electoral del 2027?

Finalmente, se debe recordar que existe una regla en la política que dice que, a mayor responsabilidad, mayores obligaciones. En Argentina parece haber quedado reducida a “si no mata, no daña”, dejando para otra oportunidad lo de que “el que las hace, las paga”.

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