El mito de la salvación “proteccionista”

Las recientes discusiones en torno al posible cese de operaciones de una fábrica de neumáticos han sido utilizadas por algunos sectores para criticar la flexibilización de las importaciones impulsada por las actuales autoridades

Trabajadores protestan después de que el fabricante de neumáticos Fate anunciara que cerraría las operaciones en el techo de su fábrica (AP Foto/Rodrigo Abd)

La polémica en torno al eventual cierre de la planta productora de neumáticos FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas) tomó notoriedad pública pues -desde algún sector- se intentó mostrar la situación como un ejemplo de la “destrucción de empleo” generada por la incipiente apertura de las importaciones llevada a cabo por el gobierno.

Si bien las imágenes de empleados de la fábrica -lamentándose por tal situación- podrían generar cierta empatía emocional en ciertos ciudadanos, también nos puede llevar a una conclusión errónea: no es negativa la apertura de la economía pues incrementa la competencia y la capacidad de elección de los consumidores. Especialmente, teniendo en cuenta que el sector de neumáticos ha sido uno de los sectores más “protegidos” históricamente de la economía argentina (junto con textiles, calzados, electrodomésticos, entre otros), a través de fuertes restricciones a las importaciones de los competidores. Esta “industria nacional” sólo se desarrolló y sobrevivió a partir de las barreras de acceso al mercado argentino de los neumáticos del mundo.

Aclarando lo oscuro, incluso, en los pasados días, el dueño de una comercializadora de neumáticos para autos -Roberto Méndez, titular de Neumen- confesó (de manera pública y literal): “Estábamos robando con el precio de las cubiertas (los neumáticos)”, haciendo referencia a los extraordinarios precios y márgenes de rentabilidad de los que gozaba la empresa antes de la apertura de importaciones.

Read more!

Los costos que no vemos del “proteccionismo”

Este paquete de políticas que impiden el acceso de bienes del mundo a un mercado como el argentino es lo que se denomina “proteccionismo” en la jerga económica. El objetivo declarado es el cierre de los mercados a efectos de “proteger” y “desarrollar” la “industria nacional”. Lo que no se ve es que este tipo de regímenes favorecen a pocos grupos empresarios poderosos, y desfavorecen a muchos consumidores/ciudadanos. James Buchanan en su teoría de lo que denomina “búsqueda de rentas” (“rent seeking behaviour”), atribuye este comportamiento a la acción de pequeños de grupos de interés empresarios capaces de influir generando políticas públicas en su favor, desfavoreciendo a los desorganizados consumidores (con mayor costo de ponerse de acuerdo). De esta forma, los pocos poderosos aprovechan su poder de acción colectiva para “explotar” a millones de ciudadanos consumidores que no tienen capacidad de reacción para actuar colectivamente.

Desde la salida de la convertibilidad (2001), el cierre de la economía argentina, tanto a través de medidas comerciales como cambiarias, a productos del mundo ha sido lamentable. En consecuencia, era bastante común que los argentinos observáramos enormes diferencias de precio entre los de nuestro país y los de otros países. El típico ejemplo es comparar nuestros precios con los del vecino país Chile, especialmente en materia de electrónicos, textiles, calzados. Otro ejemplo que era vivido frecuentemente por los argentinos era (durante el gobierno de Alberto Fernández) era la necesidad de cruzar la frontera hacia países vecinos como Paraguay o Uruguay para adquirir neumáticos para autos a sólo una quinta parte del precio en local. Estos sobreprecios (que “protegían la industria nacional”) eran consecuencia del bloqueo al acceso al mercado argentino a los bienes del mundo.

El caso del proteccionismo argentino y la resistencia de los beneficiados, muestra lo evidente: si cerramos un mercado y restringimos el acceso de bienes del mundo a tal mercado, los incentivos a bajar los precios por parte de los productores es nula o baja. Contrariamente, si eliminamos las restricciones para que los argentinos accedan a bienes del mundo, se incrementará la competencia, el consumidor será soberano y los productores locales deberán esforzarse por ser elegidos.

El proteccionismo sólo protege la renta de empresarios que disfrutan de los beneficios de las prebendas, mientras que el librecomercio beneficia al consumidor que puede elegir qué bien (elaborado localmente o globalmente) quiere adquirir.

El librecomercio incrementa el ingreso real del consumidor, del ciudadano de a pie, pues si el precio baja y dedica 20 dólares en comprar un par de zapatillas en lugar de 100 dólares que destinaba antes, podrá utilizar el resto a otras elecciones. E incluso esta mejora en la asignación de recursos “derramaría” a otros sectores de la economía pues el consumidor dedicaría los 80 dólares que no utiliza a adquirir zapatillas, a consumir en otras cosas, ahorrarlos o invertirlos.

A veces, lo que se ve (en términos de Frédéric Bastiat) suele ser sólo una parte de la compleja verdad de la economía. Lo que no se ve del proteccionismo son los enormes costos que tiene para la economía y la injusta transferencia de riqueza que se traduce en pobreza. La pobreza de sociedades portadoras de privilegios y que permiten la existencia de mercados cautivos.

El autor es profesor universitario y Director Ejecutivo de la Fundación Atlas

Read more!