¿Cuánto margen tenemos para moldear el despliegue de la IA?

La gobernanza adaptativa de la inteligencia artificial en espacios subnacionales propone articular actores públicos, privados y sociales para maximizar beneficios locales

El avance de la inteligencia artificial genera desafíos inéditos para la gobernanza global y la sociedad humana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asistimos a una escena de tormenta perfecta. El desarrollo de la IA avanza a pasos agigantados en manos de un grupo reducido de empresarios tecnológicos globales con poder y ambiciones ilimitadas. El desorden geopolítico se traduce en maniobras y conflictos bélicos cada vez más extendidos y peligrosos (con la IA detrás) protagonizados por líderes que parecen estar desconectados de propósitos trascedentes. Las instituciones globales crujen por su debilidad y obsolescencia frente a la velocidad de los acontecimientos. Se multiplica el desamparo, la soledad y el pesimismo hacia el futuro de grandes mayorías ciudadanas en gran parte de las regiones, frente a la vorágine de cambios y la dificultad para encontrar respuestas a tantas preguntas que emanan de ello.

Ya hemos argumentado en otras notas de este espacio que este proyecto resiliente y exitoso que ha sido la Humanidad probablemente deba atravesar por esta nueva y más temeraria etapa de decadencia, como interfase para condensar las corrientes de coraje y creatividad que desencadenan en nuevos modelos de solución y progreso. Juntamos anomalías que se van profundizando por el solo hecho de vivir en un tablero lleno de culturas, intereses, transacciones y afinidades. Y, hasta ahora, vamos encontrando ciertos equilibrios, imperfectos claro, que nos han permitido sobrevivir y, en algunas etapas, progresar.

Cada día que pasa emerge con más fuerza que la anomalía central que tenemos frente a nosotros en esta tercera década del Siglo 21 es la capacidad de gobernar y aprovechar para fines colectivos a la tecnología más poderosa y transversal que jamás hubiéramos imaginado: la inteligencia artificial generativa y todas sus expresiones y derivados, envalentonados hacia esa entidad de superinteligencia omnipresente conocida como IA general. Y ha llegado el momento de preguntarnos qué más podemos lograr además de producir declaraciones e invocaciones destinadas a peticionar (sin tener muy claro a quién) que el desarrollo de la IA se dirija hacia el beneficio de la Humanidad.

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La reciente Declaración de Nueva Delhi de febrero pasado, en la que más de 100 países y organizaciones internacionales suscribieron un conjunto de principios destinados a garantizar que el despliegue de la IA beneficie a toda la Humanidad, ofrece un buen marco conceptual acerca del desafío existencial que tenemos por delante, pero no deja de ser una pieza más del clamor que se agudiza sin encontrar aún alguna fórmula para gobernar o, al menos, incidir más eficazmente en el recorrido que la IA sigue hacia su máxima expresión.

Por su parte, la Declaración a favor de la IA Humana, auspiciada por un enorme conjunto de instituciones y personalidades de alto prestigio en el mundo, también ofrece un admirable marco de postulados deseables para encauzar el torrente de la IA. En su inspirador Preámbulo, afirman que hay un camino posible para la IA como potenciador de las personas y comunidades, pero que requiere Gobernanza y control sobre las compañías tecnológicas que construyen la arquitectura de la IA en el mundo. En esta Declaración abierta, que puede recibir la adhesión de cualquier organización en todo momento y busca crear un movimiento global que incida en las decisiones de líderes políticos y tecnológicos más encumbrados, son cinco los principios rectores: mantener los humanos al mando, evitar la concentración del poder en pocas compañías tecnológicas, proteger la experiencia humana, preservar la libertad y capacidad de acción humana y rendición de cuentas por parte de las empresas de IA.

Sin dudas que todos estos elementos contribuyen a fortalecer un estado de conciencia global, creando una corriente de pensamiento y reflexión que puede terminar impactando en distintos espacios de decisión. Pero no podemos apostar todas las fichas a ese proceso. Es más sensato reconocer que será muy difícil, al menos en el estado actual de los asuntos de la Gobernanza global, que se pueda lograr un ejercicio de organización y regulación de la IA para beneficio de la Humanidad vinculante a escala global.

¿Qué espacio nos queda con reales expectativas de impacto positivo si la dimensión global hoy no puede darnos más de lo que nos está aportando? Bueno, por un lado, el amplio y diverso repertorio de voluntades individuales, grupales y organizacionales que buscan crear, innovar y hacer el bien con las maravillosas aplicaciones de tecnología inteligente que tenemos a nuestra disposición. Mejores prácticas dentro de las empresas, medicina de precisión para cuidarnos mejor, mejor gestión de la naturaleza con la disposición de data en tiempo real en todas nuestras actividades, democracias menos atrapadas en la brecha nociva entre representados y representantes, soluciones para advertir y gestionar nuestros sesgos que nos conducen a ineficiencias e injusticias. Y tantas otras posibilidades que adquieren entidad real cuando las buenas voluntades de personas y equipos las concretan haciendo un buen uso de la IA. Por supuesto, todo ello siempre expuesto al riesgo de la voracidad y la codicia que siempre están al acecho en las dinámicas humanas, como en todas las demás tecnologías que hemos creado.

Ese camino rico y multifacético propio de la libertad humana bien inspirada puede y debe ser sostenido y multiplicado. Pero tampoco alcanza. No podemos confiar el destino de la Humanidad amenazado por una IA desaforada y sin marcos de control al poder contenedor que las virtudes individuales o grupales puedan alcanzar. Aparece como necesario complemento el rol que la inteligencia colectiva orquestada puede tener a nivel MESO o regional para orientar la dinámica de la IA hacia los mejores resultados. Bajo la premisa central de no intentar regular la IA, algo fuera de sus posibilidades, sino configurar su uso, sus aplicaciones y sus impactos en los sistemas locales, provinciales o regionales.

Se trata de abrazar un concepto viable y potente: la gobernanza adaptativa de la IA en espacios subnacionales. Su núcleo consiste en articular actores públicos, privados, académicos y sociales para orientar colectivamente cómo esta tecnología se integra en la economía, el trabajo y la vida cotidiana. No se trata de controlar los modelos ni la infraestructura, algo propio de la escala global, sino de influir en qué problemas se priorizan, qué capacidades se desarrollan y qué efectos se promueven o se evitan en cada región.

Este enfoque requiere un nuevo mindset en los actores clave de una región que hoy se reúnen en foros y eventos para diagnosticar lo que sucede (y lo que podría suceder) con la avanzada de la IA. Ese nuevo “modelo mental” supone pasar de la regulación a la orquestación, de la adopción pasiva de la IA a la co-creación estratégica, y de la discusión abstracta a la experimentación situada en casos concretos. A través de espacios como laboratorios territoriales, es posible acordar y habilitar el diseño de casos de uso con impacto real, la formación de talento, la definición de prácticas responsables y la alineación de la IA con los objetivos de desarrollo regional.

Así, la gobernanza local no define la tecnología de fondo de la IA, pero sí puede adquirir capacidades para definir la experiencia concreta de la IA en la vida de las personas. La OCDE, por ejemplo, así lo promueve en un reciente marco o framework destinado a aprovechar todo el poder de la IA a partir de la orquestación de una estrategia local. Primeras experiencias de este tipo de abordajes pueden encontrarse por ejemplo en la región Goa, de la India, a través de su “AI Mission 2027”, que incluye un Consejo Asesor, participación de actores locales y foco en alinear la IA con las necesidades y posibilidades de su territorio. O también en Alemania, con el Parque de Innovación en IA de la región de Heilbronn, que funciona como un ecosistema impulsado por el Gobierno y múltiples actores para acelerar y orquestar la adopción responsable de la IA en tu territorio.

En síntesis, el tiempo de las declaraciones globales y las expresiones de deseos se está agotando. Las posibilidades de que una acción global ordene el despliegue de la IA en el mundo son muy limitadas. La acción humana individual y grupal hace cosas maravillosas con IA, pero también puede caer en efectos no deseados. Y no alcanza. Es a nivel meso, a escala regional, donde disponemos oportunidades aún poco capturadas para modelar el despliegue de la IA: cómo se usa, quién la usa, para qué y con qué efectos. Es la hora de que los liderazgos locales se pongan al frente de estos ejercicios de inteligencia colectiva que podrían ayudarnos a construir soluciones reales y sustentables para esta hibridación entre Humanidad e IA que estamos obligados a lograr.

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