La duración de la guerra entre Rusia y Ucrania ya superó todos los pronósticos

Cuatro años después de la invasión, no se registran avances decisivos en el terreno ni en la mesa de negociaciones

Soldado ucraniano camina cerca de edificios de apartamentos dañados por un ataque militar ruso, en la región de Donetsk, Ucrania

A cuatro años de la invasión rusa a Ucrania, el conflicto continúa sin una definición clara a la vista. La duración ha superado todos los pronósticos que se hicieron entonces, cuando se pensaba en una guerra corta, una resistencia prolongada a través de guerrillas o una combinación de ambas.

Una guerra formal entre dos Estados que dure cuatro años no era el pronóstico predominante entonces, más bien parecía un escenario impensable. Desde ese momento se han producido cambios políticos en el mundo que no han resultado menores. El primero de ellos es la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, cuando la guerra ya llevaba tres años de duración. También ha habido un cambio de gobierno en Alemania, donde se encuentra al frente un dirigente de centroderecha, Friedrich Mertz, y otro también en el Reino Unido, donde ganaron los laboristas, llevando a Keir Starmer al poder.

Se ha registrado un cambio político muy importante en Japón, donde la nueva primera ministra Takaichi es nacionalista y está próxima a Trump. Es decir, los cambios en la dirigencia de los países occidentales han sido importantes. Pero Rusia sigue gobernada por Putin, al igual que China por Xi, la India por Modi, Turquía por Erdogan, Arabia Saudita por el príncipe Mohamed Bin Salman e Israel por Netanyahu. Es decir, en estos países no ha habido ningún cambio.

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Las diferencias dentro de la OTAN generadas por la subestimación de los países europeos por parte Estados Unidos ha debilitado la alianza occidental y su futuro hoy parece incierto.

En cuanto a las bajas, es sin duda la guerra más grande que ha tenido lugar en Europa en los últimos ochenta años, es decir, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Este concepto incluye muertos, heridos y desaparecidos. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) estima que Rusia ha tenido en el conflicto 1,2 millones de bajas, 325.000 de las cuales son muertos. Se considera este número el mayor para cualquier gran potencia en una guerra desde 1945, superando incluso ampliamente las de Estados Unidos en Vietnam o Corea y las de la Unión Soviética en Afganistán. Rusia ha eludido difundir estimaciones oficiales sobre muertos en el campo de batalla.

El CSIS estimó que Ucrania ha registrado entre 500.000 y 600.000 bajas militares, de las cuales 140.000 son muertos. El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, dijo que habían muerto sólo 55.000 ucranianos, agregando que muchos de ellos estaban desaparecidos. Paradójicamente ninguno de los dos países ha recurrido formalmente al servicio militar obligatorio, aunque ha habido levas en el interior y se han contratado mercenarios para suplir la falta de combatientes nacionales.

Se estima que hay 2 millones de ucranianos con edad para prestar servicio militar que han dejado el país por temor a verse obligados a hacerlo. Las cifras sobre bajas civiles son mucho más reducidas e imprecisas. Quizás el momento más difícil de Putin en esta guerra fue cuando se produjo la sublevación del líder del grupo ruso paramilitar Wagner, que puso en riesgo su poder desde una perspectiva nacionalista rusa, pero el presidente las superó y el jefe paramilitar murió en un dudoso accidente aéreo.

En estos cuatro años de guerra se ha logrado evitar el uso de armas nucleares, pese a ser Rusia el país del mundo con más ojivas. El gobierno ruso se ha encargado de explicar que de acuerdo a su doctrina, recurrirá al uso de armas nucleares cuando esté en riesgo “la existencia” del estado ruso. Putin se ha encargado de hablar en repetidas oportunidades de las “armas nucleares tácticas”. No se trata de las explosiones que sufrió Japón en 1945. Desde entonces la tecnología ha permitido construir nuevos tipos de bombas capaces de estallidos más controlados, de menor extensión y efectos más reducidos.

En los hechos, ha sido una guerra de la cual han participado las grandes potencias en forma abierta. La OTAN ha tomado partido por Ucrania. Del otro lado, China e India han apoyado indirectamente a Rusia, al comprarle petróleo barato a esta potencia a través de su “flota fantasma” hasta finales de 2025. Ucrania podía mantener su esfuerzo bélico gracias al suministro de armas de Occidente y, a su vez, Rusia hacía lo propio con la venta de petróleo y otros bienes primarios a China e India. Esta ha sido la clave central que ha permitido prolongar la guerra cuatro años.

Algo de esta asistencia empieza a debilitarse. La caída porcentual de la ayuda militar extranjera a Kiev ha sido en 2024 de un 13% respecto a 2022, según el Instituto Kiel de Alemania. A su vez, tras asumir en Estados Unidos, Donald Trump suspendió diversos envíos de material bélico que estaban previstos a Ucrania. La ayuda humanitaria y financiera occidental a este país cayó un 5% durante el mismo periodo.

Pero la cuestión de la disputa territorial sigue siendo la cuestión central y la más difícil de resolver en las negociaciones de paz que se llevan adelante con la participación de grandes potencias y países intermedios. Según el Institute for the Study of War con sede en Estados Unidos, durante 2025 Rusia ha ganado nada más que 0,79% de territorio. Antes de la invasión controlaba casi el 7% de Ucrania, incluida Crimea y partes de las regiones orientales de Donetsk y Lugansk, mientras que contaba con separatistas que combatían al ejército ucraniano en la región del Donbass, que incluía dichas provincias.

Es decir, la guerra al cumplirse cuatro años se encuentra estancada, pero el porcentaje de territorio en disputa entre los dos países es realmente bajo para la dimensión de estos. El gobierno de Zelensky se ha visto desgastado en los últimos meses por denuncias de corrupción que han afectado a su gabinete. Enfrenta también reclamos para que realice elecciones, las cuales viene postergando durante casi dos años.

A su vez, Putin, que ha ganado plenamente su elección presidencial durante la guerra, empieza a encontrar una economía que está dejando de crecer y que empieza a generar malestar. Pero la voluntad de Trump, con sus amenazas y su aplicación de sanciones, no ha logrado el acuerdo entre Putin y Zelensky que había anunciado durante la campaña electoral, en estos primeros catorce meses de gobierno.

En conclusión: la invasión rusa a Ucrania ha cumplido cuatro años, sin perspectiva de solución a la vista, mientras que, según los cálculos del CSIS, Rusia ha tenido 325.000 muertos en el conflicto y Ucrania 140.000, aunque en términos porcentuales sobre la población es 0,27% y 0,37% respectivamente.

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