Para los más pacientes, 2026 deparará un “milagro” bursátil

Las predicciones anticipan un nuevo periodo positivo para las bolsas internacionales, aunque con rendimientos moderados, a pesar de la incertidumbre política y las disputas en varias regiones

La geopolítica, las dudas sobre la dirección que tomará el candidato a nuevo presidente de la Fed, los vaivenes de Trump y otros factores pueden avivar la volatilidad (REUTERS/Brendan McDermid)

Tras una subida generalizada de las bolsas en 2025 que sorprendió a la mayoría, la buena racha continuará en 2026, aunque atenuada. A principios de año, aparecerán algunos contratiempos en el frente de la política estadounidense que acabarán convirtiéndose en incentivos hacia el final del ejercicio, para beneficio de aquellos que los afronten con paciencia.

Repasemos primero mis previsiones. El año pasado, la niebla inicial se fue disipando a medida que decaía el sentimiento de los inversionistas, sobre todo en Europa. Una situación que propició un año realmente bueno para las bolsas mundiales en que sobresalió la región europea. En su día, pronostiqué que Estados Unidos y Argentina quedarían rezagados, ya que el mayor optimismo en estos países dificultaría la aparición de sorpresas positivas. Acerté con respecto del mercado estadounidense, ya que se revalorizó un 16 % (en dólares); por debajo del 21 % del MSCI All-Country World (ACWI) y del impresionante 32 % de Europa.

La bolsa argentina se quedó más atrás. Desde luego no esperaba la caída del 50% de septiembre, que se quedó en un 15% cuando se produjo el milagro de las elecciones de medio término de octubre. Por casos como este, siempre recomiendo diversificarse a escala internacional para mitigar los efectos de la concentración sectorial y los riesgos políticos o económicos locales.

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En el caso de Argentina, el turbulento ejercicio pasado ha rebajado las expectativas, lo cual, sumado a un contexto político más calmado, hace pensar que también superará a EEUU

En 2026, espero más ganancias globales, aunque inferiores, y de nuevo lideradas por mercados no estadounidenses. En el caso de Argentina, el turbulento ejercicio pasado ha rebajado las expectativas, lo cual, sumado a un contexto político más calmado, hace pensar que también superará a Estados Unidos.

Para los más pesimistas, la revalorización del 68% de las acciones mundiales desde 2022 ha llegado “demasiado lejos y demasiado rápido”. Consideran que el mercado peca de eufórico y que el entusiasmo por la inteligencia artificial no hace sino alimentar la próxima burbuja tecnológica.

Se equivocan. Cinco de los “siete magníficos” tecnológicos estadounidenses se rezagaron respecto del mercado general estadounidense, que a su vez fue superado por la bolsa mundial. De los 47 países del ACWI, 35 lograron máximos en 2025, 30 de ellos en el último trimestre. Y muchos carecen de empresas tecnológicas.

Las ganancias de 2025 han caldeado los ánimos. Aunque hasta cierto punto, porque, de 73 previsiones profesionales, solo cuatro esperan pérdidas superiores al 1% para las acciones estadounidenses este año. Pesimistas de verdad hay pocos. Los pronósticos se sitúan en torno a la media del 9,6%, conque tampoco se ha desatado el optimismo.

El desánimo dominante favorece a las acciones ajenas a Estados Unidos

Las proyecciones para Europa son menos favorables; las previsiones de 17 responsables de estrategias del Euro Stoxx 50 promedian el 7,1% y la más optimista se queda en el 10,5 %. El desánimo dominante favorece a las acciones ajenas a Estados Unidos.

Hace décadas, demostré que los analistas profesionales nunca llegan a un consenso. Cuando los profesionales comparten una formación similar, llegan a conclusiones similares, que la renta variable descuenta. Luego, los mercados acaban tomando su propio rumbo.

Por lo tanto, dos escenarios parecen probables para las acciones en 2026: o bien caerán. o bien cosecharán ganancias superiores al 10%. Los fundamentales económicos favorecen el segundo escenario, ya que la diferencia entre los tipos a corto y largo plazo es mayor, así que, como los bancos piden préstamos a corto para financiar préstamos a largo, ha aumentado la rentabilidad de los nuevos préstamos. De ahí que su tasa de crecimiento en Estados Unidos duplique la del año pasado. Y en la eurozona, es la más alta desde principios de 2023.

El impulso al crédito estimula la expansión económica. Sin embargo, los economistas prevén un crecimiento del PIB mediocre en Estados Unidos e incluso peor fuera de ese país. En Europa, las expectativas son sombrías, o sea, fáciles de superar.

En el plano político, Brasil y Perú serán de los pocos países que acudirán a las urnas. Las elecciones anticipadas de febrero en Japón avivan la incertidumbre, pero pronto se despejará. Francia podría romper la relativa calma de Europa si las persistentes disputas presupuestarias derriban a su Gobierno, pero se trata de una cuestión más que descontada.

Como dije en diciembre, las elecciones de medio término en Estados Unidos son decisivas. Siguiendo el modelo de Argentina en 2025 —aunque menos extremo—, la atonía preelectoral dará paso al entusiasmo en cuanto se confirme el bloqueo político.

La geopolítica, las dudas sobre la dirección que tomará el candidato a nuevo presidente de la Fed, los vaivenes de Trump y otros factores pueden avivar la volatilidad. En 2026, solo queda ser optimista y esperar.

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