Ciberseguridad: cinco decisiones que van a definir qué empresas sobreviven a 2026

Este año, el problema no va a ser la sofisticación técnica de los ciberatacantes, va a ser la exposición acumulada

La seguridad ya no es un estado ni una herramienta: es una práctica continua que sostiene la operación (Imagen ilustrativa Infobae)

El 2025 dejó expuesto algo que muchos preferirían no mirar de frente: la fragilidad del sistema digital sobre el que operan empresas, gobiernos y organizaciones. No hablamos de un año “con muchos ciberataques”, sino de un año que mostró fallas estructurales. Cayeron nubes críticas, se multiplicaron los ataques a la cadena de suministro, el ransomware se industrializó y los datos dejaron de ser solo información para convertirse en insumo de nuevos ataques.

Analizamos los incidentes más relevantes del año y encontramos un patrón claro: las brechas ya no se deben a errores aislados, ni a falta de herramientas de protección. Se deben a cómo las organizaciones administran accesos, dependen de terceros y gestionan (o no) su arquitectura digital.

Este 2026, el problema no va a ser la sofisticación técnica de los ciberatacantes. El problema va a ser la exposición acumulada. Y, en ese contexto, hay cinco decisiones que van a marcar la diferencia entre empresas resilientes y empresas vulnerables.

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De reaccionar a decidir: el cambio de enfoque que exige 2026

Durante años, la ciberseguridad se pensó como una capa técnica: firewalls, antivirus, soluciones puntuales. El 2025 demostró que ese enfoque ya no alcanza. Hoy, los atacantes no “ingresan” forzando sistemas: se loguean. Aprovechan accesos legítimos, configuraciones débiles y dependencias invisibles.

La primera gran decisión es asumir que la identidad es el nuevo perímetro.

Gestionar quién accede a qué, con qué privilegios y durante cuánto tiempo es más crítico que cualquier barrera perimetral. Sin control de identidades, llaves, tokens y accesos administrativos, no existe seguridad digital posible.

La segunda decisión clave es aceptar que la seguridad ya no es solo interna. Las empresas dependen de una red cada vez más amplia de proveedores, plataformas SaaS y servicios en la nube. Auditar proveedores una vez al año ya no sirve: el riesgo cambia todos los días. En 2026, la continuidad va a depender de la capacidad de auditar y monitorear terceros de forma continua.

La tercera decisión tiene que ver con el tiempo. Los ataques hoy ocurren en minutos, no en semanas. Sin telemetría en tiempo real, no hay detección; y sin detección, no hay contención. Apostar a reportes que son la foto de un solo momento es aceptar impactos innecesarios.

Personas, procesos y datos: lo que realmente está en juego

El 2025 también dejó claro que la tecnología no es el único problema. La capa humana se convirtió en uno de los vectores más críticos. Empleados, ex empleados y contratistas con accesos excesivos o mal gestionados estuvieron detrás de algunos de los incidentes más costosos del año.

Por eso, la cuarta decisión que define 2026 es entender que la cultura de seguridad no es solo awareness, sino gobernanza. Procesos claros, roles definidos, responsables visibles y decisiones documentadas. La mayoría del riesgo no proviene de hackers sofisticados, sino de accesos que nunca deberían haber existido o que nadie revisó a tiempo.

La quinta decisión tiene nombre propio: cómo se adopta la inteligencia artificial. La IA puede ser una aliada poderosa, pero solo cuando se integra a procesos maduros. Adoptarla por moda, sin estructura ni controles, amplifica errores y multiplica riesgos. En 2026, la pregunta no es “¿usamos IA?”, sino “¿para qué y bajo qué criterios?”.

La seguridad como práctica continua, no como reacción

En síntesis, el 2026 no va a exigir a las empresas ser perfectas ni infalibles. Va a exigirles ser conscientes, coordinadas y con buena visibilidad. Las organizaciones que entiendan su arquitectura real, que gobiernen sus accesos, que conozcan a sus proveedores y que operen con procesos claros, van a estar mejor posicionadas que las que sigan confiando en soluciones aisladas.

La seguridad ya no es un estado ni una herramienta: es una práctica continua que sostiene la operación. Y en un entorno donde la velocidad de los ataques supera cada vez más a la velocidad de respuesta, la diferencia entre sobrevivir o quedar expuesto no estará en el presupuesto, sino en la capacidad de anticipar, orquestar y adaptarse.

Eso fue lo que dejó expuesto el 2025. Y eso es lo que este 2026 exige decidir.

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