Nos encontramos en tiempos de una complejidad extrema, cuyas raíces se sumergen en la herencia legada por dos décadas de gobiernos desastrosos y una gestión estatal que en más de una ocasión ha rozado la ilegalidad, e incluso en algunos casos, según las causas judiciales ya resueltas, ha transitado directamente por ella. Si bien la dirigencia política tradicional merece reconocimiento por haber restablecido la democracia hace más de cuatro décadas, ha gestionado de manera lamentable los destinos de la Nación, conduciéndonos al estado actual: un país devastado en lo económico, social y moral.
Javier Milei ha sabido interpretar el hartazgo popular, convirtiendo su discurso anticasta en la punta de lanza que lo catapultó rápidamente a la Presidencia. Su ascenso es el fruto de décadas de desilusión. Sin embargo, ahora es momento de gobernar. Si bien la confrontación constante puede rendir frutos a corto plazo, en el largo plazo gobernar implica hallar soluciones a las dificultades cotidianas que enfrentamos los argentinos. Esto requiere negociación, un equilibrio característico de los países “normales”, aquellos a los que aspiramos pertenecer algún día. Países en los que es común que un funcionario de alto rango tenga opiniones divergentes a las del presidente, como las expresadas por la vicepresidente Villarruel, sin que ello conlleve horas de debate vacío y sensacionalista.
En este contexto, tras sus primeros 100 días en el cargo, el presidente Milei ha adoptado el lema “retroceder nunca, rendirse jamás” en su lucha contra lo que él denomina “la casta”. El uso de las redes sociales ha sido crucial en su estrategia de comunicación directa, lo que ha mantenido su popularidad a pesar del fuerte ajuste que sufre la población. A pesar de la situación económica actual, Milei disfruta de una imagen positiva global superior al 56%, lo cual es sorprendente. Sin embargo, la confrontación tiene sus límites. Es hora de pasar de la teoría a la práctica, de la confrontación a la resolución de los problemas para los que fue elegido. Aquí radica la necesidad de que Milei se reinvente y ajuste su discurso al de un líder que resuelve los problemas que la casta no pudo abordar.
PUBLICIDAD
La Vicepresidente se refirió coloquialmente al presidente como el “jamoncito” del medio entre ella y Karina Milei (La Jefa). Aunque fue una declaración pueril y carente de sentido político, resulta un llamado de atención al propio Milei respecto a la percepción que podría generar en la población una visión equivocada de su figura y, sobre todo, de su autoridad. La necesidad de reinventarse implica mejorar su discurso, dejar atrás el traje de candidato y adoptar el de estadista. Milei debe ser y mostrarse como un presidente capaz de solucionar problemas, a diferencia de su predecesor, que se dedicó a crearlos.
Milei es consciente de que no puede mantener su gobierno únicamente a través de la confrontación con “la casta”. En algún momento, debe pasar de la confrontación a la resolución de problemas, y ese momento es ahora. Los argentinos anhelamos vivir en un país normal, con seguridad, educación y salud de calidad. Para lograrlo, Milei debe dar un paso adelante, negociar y trabajar incansablemente para alcanzar los acuerdos necesarios. Tiene el gran mérito de haber logrado en tres meses reducir la inflación, detener la emisión monetaria y encaminar el déficit fiscal. Sin embargo, siempre hay “peros”, querido lector. Para el asalariado, todo eso resulta imperceptible; solo siente lo que su bolsillo le dice cada día de su vida.
Para avanzar en la dirección delineada anteriormente, es de suma importancia que Milei logre destrabar el diálogo con la “liga” de gobernadores. En este contexto, la discusión sobre el Impuesto a las Ganancias emerge como uno de los principales puntos de fricción que el Presidente debe abordar, junto con la modificación de la fórmula de ajuste de las jubilaciones en curso. Estos dos temas son capítulos cruciales cuya negociación será determinante para el éxito o fracaso del gobierno en la nueva etapa que enfrenta después de sus primeros cien días en el poder.
PUBLICIDAD
Milei, después de sus primeros cien días de gobierno, con aciertos y errores, ha demostrado ser un presidente “diferente”, uno que cumple con lo prometido en campaña. Su alto índice de aceptación en la población constituye hoy su mayor capital político, especialmente frente a una oposición que persiste en su labor de obstaculizar, luego de sus propios fracasos durante décadas. Sin embargo, si no logra transformarse de un presidente anticasta a uno que resuelve los problemas heredados de la casta, corre el riesgo de que su accionar canse a aquellos que hoy lo apoyan y, como el público siempre busca novedades, comience a perder el favor que ahora disfruta entre los votantes.