Un lugar en el mundo para Argentina

De Malvinas a Bangladesh, pasando por China

Crédito: Casa Rosada

Venimos discutiendo desde hace ya varios años qué lugar ocupa la Argentina en el sistema internacional. De forma simplificada, si está dentro o fuera del mundo. Con sesgos ideológicos, se argumenta a favor y en contra respecto del carácter de los aliados, socios comerciales y bloques a los que pertenece. Con distintos niveles de profundidad, estas cuestiones se ponen de manifiesto en ámbitos como la comunidad académica, los foros políticos, y los medios de comunicación.

Si nuestro país está dentro o fuera del mundo es una pregunta que parte de una falacia, ya que no hay adentros o afueras en el sistema internacional. Lo que existen son alianzas y ejes programáticos entre países con diferentes grados de desarrollo y poder militar. En consecuencia, vamos a partir de la base de que Argentina forma parte de un sistema internacional con un orden jerárquico y condicionantes geopolíticos.

Desde este punto de vista, ahora sí podemos empezar a delinear algunas ideas respecto de cuál es el lugar en el mundo de Argentina. Esto implica plantear estratégicamente el diseño de política exterior y la matriz de inserción internacional en un sistema internacional con características particulares: una guerra convencional en Ucrania sin expectativas de resolución en el corto plazo; una guerra económica entre EE.UU. y China; el cambio climático que potencia los fenómenos (inundaciones, olas de calor, olas de frío, etc.); el crecimiento exponencial de la tecnología en la vida diaria (inteligencia artificial, internet de las cosas, etc.); la amenaza de las pandemias; el fortalecimiento de los extremismos de derecha. Lo que podemos caratular como un escenario distópico.

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Recomiendo al respecto la intervención de George Soros en la Conferencia de Seguridad de Munich 2023, en la cual se centra en el cambio climático y los autoritarismos. Es interesante el diagnóstico, las soluciones y la prospectiva que realiza sobre estos temas. Logra llamar la atención en su discurso sobre el camino recto hacia una distopía.

Ahora bien, pongamos sobre la mesa la discusión de fondo sobre la proyección de la Argentina en el sistema internacional. Lo primero sobre lo que es necesario enfocarse son los intereses nacionales. La política exterior debe, necesariamente, orientarse hacia los intereses y objetivos planteados por los marcos institucionales y por la conducción política. En este sentido, en esta semana hubo tres hechos que nos sirven de ejemplo para analizar: la denuncia (finalización) del Pacto Foradori – Duncan de 2016, la reapertura de la Embajada en Bangladesh, y la advertencia de la congresista republicana del Congreso de EE.UU. María Elvira Salazar sobre las relaciones entre Argentina y China. Los tres casos tienen que ver con el diseño de una política exterior realista, periférica y autónoma.

El canciller Santiago Cafiero y su par británico, James Claverly, en el encuentro donde le anunció la decisión de Argentina de dar por finalizado el denominado pacto Foradori-Duncan

El realismo periférico, la autonomía y la subordinación autoimpuesta son caracterizaciones y construcciones teóricas que desde la década del ‘70 en Argentina se han discutido hondamente. Sin entrar en detalles de los debates, los académicos que aportaron sobre estas ideas fueron (entre los más destacados) Juan Carlos Puig, Roberto Rusell, Carlos Escudé, Juan Gabriel Tokatlián y José Paradiso.

Volvamos a Malvinas, Bangladesh y China. Respecto a Malvinas, el Pacto Foradori – Duncan implicaba una serie de intercambios de información y concesiones logísticas en las cuales Argentina no tenía ninguna ganancia relativa. Aclaración fundamental: el reclamo de soberanía implica posicionamiento geopolítico en el Atlántico Sur, proyección hacia la Antártida, ganancias por explotación pesquera, y explotación de hidrocarburos. Es decir, que cuando hablamos de las Islas no solo lo hacemos por una pretensión histórica. La vigencia del reclamo está íntimamente relacionada a la gobernanza de los recursos naturales y la Antártida en los próximos años.

Segundo. La reapertura de la Embajada en Bangladesh es una muestra de la ampliación del espectro de relaciones en función de las oportunidades que tiene el mercado asiático. Esto implica un cambio de percepción en la concentración o dispersión del esfuerzo de política exterior, que se corre de la exclusividad del eje euroatlántico, para enfocarse en el eje Asia-Pacífico. En otras palabras, perseguimos con insistencia el acuerdo MERCOSUR-UE, o diversificamos esfuerzos en la apertura y consolidación de nuevos mercados, con millones de consumidores.

Finalmente, llegamos a la relación con China, probablemente la muestra mas evidente de la autonomía heterodoxa y de código geopolítico en la política exterior de los últimos 20 años. Hace unos días, la congresista republicana María Elvira Salazar, presidenta del subcomité del hemisferio occidental del Congreso de EE.UU. dijo (en español): “que le quede bien en claro a mis amigos argentinos, su presidenta (sic) y su presidente están haciendo un pacto con el diablo, que puede tener consecuencias de proporciones bíblicas”, sobre un posible acuerdo entre Argentina y China para la fabricación de aviones militares. Más allá de lo no-secular y vehemente de su discurso, es una clara muestra de la estrategia unipolar de política internacional de EE.UU. al mejor estilo Kissinger.

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