La pregunta no podía ser más precisa, más certera. Con filo quirúrgico pegó en el punto exacto de una flagrante contradicción.
“¿Qué necesidad tenés de poseer tantas propiedades?”, le descerrajó Alejandro Bercovich a un Máximo Kichner relajado en la zona de confort que se supone siempre garantiza un medio amigo.
A la perplejidad inicial (”no entiendo bien la pregunta”, dijo) le siguió una explicación anclada en el asunto de lo heredado de papá Néstor, varias decenas de inmuebles cuyo usufructo está ahora inhibido y/o embargado por que el kirchnerismo define como “lawfare”.
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Néstor Kirchner supo ser un abogado exitoso cuando, allá por los primeros ochenta, consolidó un suculento patrimonio inicial acopiando viviendas con la maldita circular 1050 que desalojaba de techo y futuro a miles de familias. El resto lo fue sumando como consumado hombre de negocios instalado en la función pública.
El tema de la pregunta venía a cuenta del denominado “impuesto a la riqueza” que con denodado empeño impulsó el acaudalado vástago presidencial y que él mismo se vio obligado a pagar en cómodas cuotas hasta donde se sabe.
Bercovich, un periodista a quién nadie podría tildar de opositor, compartió con el corazón en la mano, su incomodidad por el solo hecho de disponer de su departamento de soltero en alquiler generando renta. Algo que cuesta procesar a quienes solo conocen una manera de ganarse el pan de cada día, laburando, y disponen de una cierta mirada social.
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La cuestión no parece haber perturbado al jefe de la bancada oficialista de la Cámara Baja. Puede que nunca antes se haya planteado un asunto tan sensible: ser tan rico, en un país tan pobre, a pesar de que el espacio político que representa vive fustigando a los que disponen de riqueza o trabajan para generarla. Los empresarios, por caso. Un blanco fijo de las diatribas del oficialismo. Para no hablar de los productores agropecuarios y todo aquel que logre mejorar su situación en base al esfuerzo en alguna de sus formas.
El asunto de la riqueza y la pobreza no parece un tema menor a la hora de la bajada de línea ideológica que alimenta el catecismo populista. Mandamientos a los que recurre la narrativa K.
Loris Zanatta, el prestigioso profesor de la Universidad de Bologna, sostiene que los populismos latinoamericanos abrevan en la tradición jesuítica. Más dedicados en combatir la riqueza que en erradicar la pobreza.
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Ya se sabe, está en el nuevo testamento. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos”. Mateo 19, 23-30
En su último libro, El populismo jesuita. Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio, Zanatta sostiene que los populismos latinoamericano se inspiran en la religión más que en la política.
La fe que anima lo sagrado deviene religión política. “La ideología erguida como verdad divina, como certificado de superioridad moral. La cruzada de los populismos es contra aquellos a quienes imputan corromper al pueblo y es de tipo moral; es una guerra de religión más que un enfrentamiento político”, dice.
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La demonización de la riqueza, en general asociada al que trabaja y produce, es parte de la bíblica construcción de la narrativa en la que estamos atrapados. El bien y el mal. El cielo y el infierno. Una de buenos y malos. Angeles y demonios. La esencia de la grieta.
Loris Zanatta habla de la victimización de los que gobiernan. El proceso de responsabilización supone la identificación o construcción de un enemigo. “El enemigo es al populismo lo que el demonio al Reino de Dios”, señala.
El capitalismo, el neoliberalismo, aparecen en los populismos como la representación del mal. El dinero, el vicio, el egoísmo, el individualismo.
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Estas ideas que alimentan los afiebrados discursos de este tiempo político no parecen haber penetrado a los referentes que las reivindican.
Las referencias a la riqueza y el lujo en su versión más superflua sólo sumaron cotillón a una semana preelectoral con escenas rocambolescas.
La deleitación que la Vicepresidenta siente por sumar a sus outfits accesorios de marca también expone una ofensiva contradicción con la esencia del relato K que demoniza toda la iconografía del neoliberalismo y los consumos suntuarios que lo caricaturizan. Algo que también ya sabemos. La coherencia y alineamiento entre lo que se dice y lo que se hace no parece ser la virtud dominante de nuestros dirigentes.
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Es muy difícil dar con un dirigente político, sindical o social pobre en estos tiempos de exaltación religiosa del pobrismo.
Mucho Bergoglio, mucho Papa Francisco, pero la “opción preferencial por los pobres” que da sustento a la teología de la liberación y que inspiró a las guerrillas setentistas hoy solo sirven para salir con el mediomundo electoral. De austeridad y recato ni hablar. Pobrismo a la criolla.
La invocación a la ayuda divina a la que recurrió el Gobernador de la provincia de Tucumán, en ejercicio de la Jefatura de Gabinete, se inscribe en la línea de populismo de impronta religiosa que describe Zanatta. A Dios rogando y con el mazo dando. Dando a la maquinita claro.
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Manzur quedó instalado en el purgatorio de las PASO, un limbo a plazo fijo que comparte con casi todos los ministros del Gabinete que pretende comandar. Seis semanas en situación patibularia. Se les ha otorgado una expectativa sobrevida en el poder para el caso de que arrimen alguna diferencia en Noviembre. Caso contrario serán inmediatamente descartados.
Los populismos no se llevan bien con la escasez. Tienen como meta la distribución y para distribuir hay que tener.
Quién si hace culto de su apego a la liturgia es el vapuleado Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Lo suyo es la multiplicación de los panes, los peces y los viajes de egresados para todes. Una suerte de parábola del turismo social.
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Sin dejo de pudor alguno, Axel Kicillof adelantó la llegada de los reyes magos a noviembre, justo un rato antes de la fecha electoral.
La iniciativa generó un comprensible revuelo. La pregunta es quién paga la fiesta. El tema va a la legislatura provincial. Quién podría negarse a compensar a los más chicos después de tanto encierro y abandono. “Vamos volviendo a la vida”, dijo Kicillof. Al que madruga Dios lo ayuda.
No fue el caso del voluntarioso Presidente de la Nación, quien, ahora sí debidamente coucheado salió a recorrer los barrios anotador en mano para registrar en detalle las necesidades de “vecinos y vecinas”. Fueron solo unos días de bajo perfil recorriendo los caminos de la vida.
La apremiante necesidad de capturar el voto joven induce a situaciones equívocas, cuando no hilarantes. La convocatoria de L Gante a la intimidad de Olivos sumó confusión al mensaje que se pretende transmitir.
Elian Angel Valenzuela, exitoso influencer, creador de la cumbia 420, llegó a quinta presidencial portando el moisés de su recién nacida Jamaica. Un nombre delicioso que remonta a la tierra de Bob Marley, la cultura rastafari, caracterizada por las rastas y el uso sacramental del consumo de marihuana.
Puede que los temas hayan girado más cerca de los avatares del puerperio y el baby shower que de las angustias existenciales que fatigan la vida de nuestros chicos de la edad de Elián, quien gracias a sus méritos emprendedores logró zafar de un destino marcado por las privaciones y la marginalidad.
Es poco probable que la juntada de Olivos mueva el amperímetro de los miles de jóvenes de todos los sectores sociales que no están encontrando en este patético escenario idea alguna de futuro.
Un momento encantador, en cualquier caso, considerando que la pareja presidencial transita la dulce espera pero, a los efectos electorales, una estrategia fallida. Del voto joven al voto ternura.
Pero la quintaesencia del pobrismo la encarnó esta semana Emilio Pérsico. Tras proclamar que esta democracia de la alternancia no camina y que quiere construir una democracia donde el movimiento popular gobierne 20 años la Argentina.
El líder piquetero, referente del Movimiento Evita y Secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social dijo, citando a CFK: “Hay que llenar la política de pobres para construir el bien común”.
Al concepto le sumó un diferencial de tipo étnico. ”La tez de nuestro pueblo es del color del Río Paraná”, dijo frente a Alberto Fernández en el escenario del acto de Nueva Chicago.
“La utopía cristiana de los populismos jesuitas es un himno a la pobreza (...) No democratizan el poder, no descentralizan las decisiones, no toleran la participación autónoma de la sociedad civil. Hacen exactamente lo opuesto: concentran el poder, centralizan las decisiones,sujetan a la sociedad. El igualitarismo se reduce a la asignación estatal de bienes y servicios, al rito de la distribución de los panes y los peces”, concluye Loris Zanatta.
Emilio Pérsico no podía ser más explícito.
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