No puede decirse que esta vez el Presidente haya ido literalmente “a poncho”.
Tras los memorables traspiés de la pasada semana en los que dejó un tendal de gente ofendida hacia su persona y gestión en razón de las desopilantes consideraciones acerca de nuestros orígenes étnicos, el Jefe de Estado llegó a Salta debidamente preparado para rendir homenaje al General Martín Miguel de Güemes.
Parece un maleficio pero, ni la preparación previa, ni el ayuda memoria, ni el impecable punteo histórico al que se aferró con concentración plena para evitar nuevos malentendidos logró poner a Alberto Fernández a resguardo de otro nuevo alboroto.
Esta vez se le enojaron los gauchos.
El ingreso de un grupo de militantes enchalecados, con bombos, banderas y pancartas a la zona de exclusión COVID que las autoridades sanitarias habían delimitado, puso en pie de guerra al gauchaje güemesiano.
No lograban comprender porqué ellos se quedaron afuera de rendir su devoto homenaje en el preciso día en que se cumplían los 200 años del paso a la inmortalidad del más venerado de los salteños y, en cambio, se permitió el ingreso de los manifestantes que convirtieron tan sagrada conmemoración en un acto político. Lo vivieron como una afrenta.
Las autoridades sanitarias trabajan mucho con los centros tradicionalistas y federaciones gauchas para hacerles entender que debían resignar fogones y ranchadas, una centenaria tradición que los convoca bajo las estrellas en las heladas noches de cada 17 de Junio y posponer para noviembre el tradicional desfile que reúne a miles de gauchos de a caballo todos los años en las calles de Salta capital.
Francisco Araoz, presidente de la Agrupación Tradicionalista Salta Gauchos de Güemes, se retiró del acto para “evitar que mis palabras o actitudes pudieran no representar a todos los gauchos y gauchas y fueran signos de división y discordia”.
El Titular del Comité Operativo de Emergencia (COE) presentó su renuncia para manifestar su desconcierto frente al descontrol que se vivió en el acto central rompiendo todos los compromisos de cuidado que se acordaron.
“Con gran tristeza tuvimos que restringir el desfile y afluencia de público para no afectar la situación sanitaria de nuestra provincia… y debido a motivaciones políticas que no comparto y desconocía se autorizó el ingreso de simpatizantes del Sr Presidente de la Nación en una actitud que constituye una afrenta a los salteños…”, sostuvo Francisco Aguilar en el texto de su dimisión.
“La errática y contradictoria política sanitaria del Gobierno Nacional puede afectar seriamente la situación de la pandemia por transmitir a la comunidad la sensación de que no se valoran los esfuerzos individuales y colectivos realizados en aras de proteger la salud pública”, concluyó el funcionario.
Es probable que Alberto Fernández nada haya tenido que ver con el terrible desaguisado en la organización pero está claro quién terminará pagando los costos.
Va a costar mucho remontar el enojo de los salteños que se sienten profundamente heridos por el destrato propinado. El General Gaucho no solo es para ellos un héroe militar. El gobernador salteño que comandó la guerra de guerrillas en defensa de la frontera norte con sus " infernales” tiene estatura de mito.
No hay caso. No le está resultando fácil al Jefe de Estado desplazarse por el país. Tras haber suspendido a último momento su visita a Pergamino, donde una manifestación no lo esperaba precisamente con una bienvenida, la llegada a Salta estuvo enmarcada por caravanas y cacerolazos bajo la consigna: “Que se vaya”.
“Alberto Fernández es solo un estorbo para CFK”. “El modelo de CFK es un modelo absoluto...va por el 100% del poder”, sostiene un experimentado referente del peronismo.
El hombre que entiende a fondo las pulsiones del cristinismo sostiene que el ahora Presidente de la Nación fue solo un primer escalón de la lideresa del kirchnerismo y que ahora ella “va por el resto”. En la lista de los enemigos internos incluye a intendentes, gobernadores y sindicalistas.
Nuestro interlocutor, que conoce el conurbano profundo, asegura que tanto el Movimiento Evita que lideran Fernando “el Chino” Navarro y Emilio Pérsico, como el Movimiento de Trabajadores Excluidos de Juan Grabois son solo socios circunstanciales del oficialismo K.
Estos dirigentes también están llamados a ser desplazados por las organizaciones sociales en proceso de armado en las cocinas políticas de La Cámpora, con las que colabora de manera diligente Sergio Berni, aseguró.
Puede que Grabois ya haya tomado debida nota de estas advertencias.
“Tampoco estamos tan enamorados del Frente de Todos y ahora no hay ninguna perspectiva estratégica de un proyecto de país que enamore; no hay consenso”, dijo el líder del MTE quien calificó la ampliación de la Tarjeta Alimentar como “una política estúpida”.
Un acidulado tufillo preelectoral ha comenzado a impregnar con sus vahos los intensos días de junio.
CFK dejó oficialmente lanzada la campaña. Su aparición en el acto del Hospital Sor Maria Ludovica junto a Axel Kicillof la muestra tomando el control operativo de la situación.
El oficialismo, expresado por el ala más radicalizada, presentará batalla en la provincia de Buenos Aires donde tiene su base electoral. Es en ese inmenso playón donde comienzan a apostarse los pertrechos bélicos.
El conurbano concentra el 70% del padrón electoral de la Provincia. No menos del 50% de ese potencial se referencia en el peronismo. De acuerdo a los cálculos de los dirigentes justicialistas a los que el avance de los K les produce espanto, hay mucho para pescar en esa inmensa pecera. Mucho desencanto con el Albertismo
Florencio Randazzo trabaja a toda máquina en la construcción de una alternativa. Sale a aglutinar a los que consideran que la única salida para esta encerrona política consiste en salir de la tensión de la grieta.
“Esto se resuelve sin Cristina y sin Macri”, resume uno de los voceros oficiosos del sector.
Sostienen que los polos se necesitan mutuamente para seguir existiendo y que hay que quebrar esa lógica. Salen a buscar por fuera de los extremos.
La ambulancia ya está en marcha recogiendo a los heridos de uno y otro espacio.
Los más afectos a los cálculos matemáticos pre comiciales confían en sacar no menos de dos puntos al Frente de Todos y al menos uno a Juntos por el Cambio. Salen a buscar al mercado del voto peronismo o cuasi peronista. Quieren morder a ese 35% con el que dice contar el oficialismo.
La feroz interna que amenaza desangrar al PRO y dañar a los Cambiemos podría facilitarles el trabajo pero no la celebran. Prefieren jugar en un escenario con una oposición fortalecida y unida bajo un objetivo: hacer perder la elección al oficialismo copado por los K. De eso se trata. Amor con amor se paga.
La decisión de Horacio Rodríguez Larreta de adelantar la confrontación con Mauricio Macri es percibida de un lado y del otro del mostrador como un error estratégico.
“La competencia entre María Eugenia Vidal y Patricia Bullrich es un mal espectáculo”, dicen algunos. “No pateemos el hormiguero”, suplican otros.
En cualquier caso, ya hay conciencia de que el desafío está lanzado y es difícil de desandar. El peor escenario sería llegar a las PASO con una interna en el PRO.
Los movimientos telúricos que desató la estrategia de Horacio Rodríguez Larreta, que incluyen el cruce de la General Paz de Diego Santilli genera también remezones en el radicalismo que saca a escena a Facundo Manes, un nombre que viene a oxigenar a la UCR pero que también anticipa su exposición en orden a 2023, asumiendo riesgos por anticipado.
Es de esperar que las alteraciones en la percepción de la realidad que generan en la dirigencia los tiempos preelectorales no compliquen la situación sanitaria. La tercera ola es una posibilidad con la variante Delta ya detectada fronteras adentro.
Varios intendentes del Gran Buenos Aires empiezan a sentir alarma frente al aumento exponencial de los denominados “Código Negro”. Se trata de los casos reportados de gente que muere en su casa sin recibir ni buscar ayuda médica u hospitalaria. De eso por ahora no se habla.
“Con la vacuna vamos a salir y vamos a volver a ser felices”, dijo CFK al dejar inaugurado el tiempo comicial. Es difícil compatibilizar estos augurios con el rotundo fracaso en la gestión de la pandemia.
Con un promedio de 492 muertos por cada millón de habitantes a escala global, Argentina se alinea entre los peores registros con más 1900 decesos por cada millón.
Mientras nos acercamos sin freno de mano al temido números de los 100.000 muertos, el costo en pobreza provocado por el encierro superó ampliamente los cálculos presidenciales de cuando todavía la disyuntiva giraba entre la vida y la economía. Muchos muertos y muchos pobres.
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