Asistimos a un nuevo momento crítico. Récord de contagios, de muertos y de familias que se quedan sin sustento producto de la necesidad de volver a confinarse. Una necesidad que nadie podría discutir desde lo urgente y sanitario, pero todos tenemos derecho a analizar en términos de posibilidad o no de haberse evitado. Y aquí, como una película en retrospectiva aparecen, en orden de desgracia, la mala gestión de las vacunas con los principales productores del mundo, el vacunatorio VIP y la inmensa falta de reflejos de un Gobierno nacional que no previó en su presupuesto que la pandemia no terminaría por poner los dedos en V. Aquel confinamiento acompañó las necesidades de un mundo en crisis. Este otro, las necedades de un populismo que no registra como propio ninguno de los problemas que la sociedad argentina padece. Esto se pudo evitar.
La matemática es inequívoca, pero no está libre de ser interpretada con manipulaciones. Fue el genial Umberto Eco quien nos recordó que para la estadística, si yo comí dos pollos y usted ninguno, ambos comimos un pollo.
Argentina está en el tercer lugar de la escala mundial en materia de muertos, sólo superada por India y Brasil. Mientras nuestro país tiene una población aproximada –no hubo censo en 2020- de 45 millones de habitantes, Brasil tiene 211 millones e India 1.346 millones. Es decir, nos colocamos detrás de países cuyo volumen y densidad poblacional es infinitamente mayor y por tanto, mucho mas compleja la posibilidad de vacunación, circulación y controles. Argentina debió haber podido -más allá de los datos nominales- llegar al segundo semestre de este año con indicadores favorables para la circulación y el control de la pandemia. No lo logró por la brutal ineficacia y miopía de un Gobierno que no puede proyectarse más allá de sus propios intereses endogámicos con olor a cárcel.
Hasta ahora, el número de muertes ronda los 85.000. La mayor tragedia de nuestra historia. Solo el 5% de nuestra población tiene las dos dosis de la vacuna, es decir, el esquema de inmunización completo. Fuimos sede de una de las mayores pruebas de Pfizer. No contamos con esas vacunas. Anunciamos la “producción local” de la vacuna de AstraZeneca. Aún no vimos ni una sola de las que podrían derivarse de la producción que está saliendo de Garín hacia México. Quienes han recibido la Spuntnik V con posterioridad a la primera quincena de marzo pasado, no saben cuando tendrán la segunda dosis. La mayoría de quienes recibieron la primera dosis de AstraZeneca no han tenido jamás su segunda dosis. Muchos de ellos fueron vacunados en febrero y son personal de salud, por si dato negro aún faltara.
Eso no es tragedia natural, ciclo biológico adverso, ni variable aleatoria inmanejable. Eso es corrupción, ineficiencia, anteojera ideológica atrasada y un profundo desprecio por una sociedad a la que solo se la ve en términos de beneficio propio.
Nos toca entender que no somos presos de un destino al que no podemos modificar. Tenemos la oportunidad de hacerlo antes que la responsabilidad, como ciudadanos, también sea nuestra.
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