Argenzuela: la otra cara que no se ve

El paradigma heredero del castro-chavismo fue capaz de abandonar el Plan de la Patria y volverse liberal. ¿Por qué no tomar el ejemplo y dar un giro de 180 grados para enrumbar a la Argentina hacia un mejor destino del que tenemos a la vista?

(REUTERS/Alejandro Rustom)

Venezuela sigue siendo un paradigma de lo malo y de lo que no está bien hecho. No solo para los argentinos, sino también para el resto de Latinoamérica, que la ve como un peligro acechante, y para el resto del mundo –hasta sus amigos Irán, China y Rusia la perciben con una mezcla de tristeza y lástima-, por lo que en cualquier campaña electoral o en cualquier ataque a la izquierda siempre saldrá ese ejemplo a relucir. Eso le ha hecho mucho daño a la ya golpeada reputación de la izquierda latinoamericana, de lo cual es difícil que se reponga.

Así como lo anterior sería el ejemplo a no seguir, también se ha incorporado un nuevo rumbo que ha pasado desapercibido y del cual tendríamos, al menos, que tomar nota los argentinos. Se trata de la liberalización de la economía venezolana, con el dólar circulando libremente, casi sin controles de precio o de cambio, todas las importaciones en manos del sector privado, pocos controles fiscales y para fiscales, una presión tributaria muy baja, además de una voluntad política, cada vez más clara, de pasar al sector privado una gran masa de empresas de las que se apropió el estado, incluyendo en estos días a la emblemática PDVSA.

Las medidas anteriores las tomó el Gobierno venezolano en forma defensiva, como respuesta a las sanciones americanas, y le permitieron sortear el colapso inminente. Tuvo que abandonar el estatismo y volcarse al mercado, y abandonar los controles y volverse liberal. El razonamiento, aplicable a la Argentina, es que si en vez de haberlo hecho en forma defensiva, cuando no tuvieron más remedio que hacerlo, lo hubieran hecho voluntariamente, unos años atrás, y contando con una actitud proactiva, se hubiera logrado frenar la caída del PIB venezolano a la velocidad que hoy en día, lo sigue haciendo.

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Quiere decir que si el paradigma heredero del castro-chavismo, fuente de la que se nutren La Cámpora y el Instituto Patria, fue capaz de abandonar el Plan de la Patria y volverse liberal, por qué no tomar ejemplo y dar un giro de 180 grados para enrumbar a la Argentina hacia un mejor destino del que tenemos a la vista. Porque pareciera, que en el rumbo de colisión que llevaba Venezuela, y que aun lleva pero más moderado, la única salida era esa… Tarde, porque el deterioro es indetenible, pero oportuno para que el kirchnerismo lo tome en cuenta, porque aun están a tiempo de evitar el colapso… Si esperan mucho mas, aun tomando medidas draconianas, no podrán evitarlo.

Por consiguiente, hablar de Argenzuela ya no es unidimensional, sino que también puede tomarse como ejemplo de lo que sí debería hacer la Argentina. Aún estamos a tiempo.

Político

Este último mes ha servido para poner en perspectiva que, si las elecciones fueran hoy, el oficialismo las perdería. Pareciera como si nada les saliera bien, como si estuvieran desorganizados y como si el único núcleo duro, vertical y disciplinado de la coalición de Gobierno fuera el de Cristina, quien ya no sabe cómo manejarse para que el enfoque peronista de Alberto, no le contamine sus bases duras, que están entre el 30 y 35% de las posibilidades electorales presidenciales. Sin embargo, si se atomizaran, como ocurrirá en las parlamentarias de este año, pudieran significar muchos menos puntos.

El mayor daño se lo está haciendo el Gobierno a sí mismo, con un tira y afloje entre Alberto y Cristina que termina sin establecer un rumbo único para el país. Es una pulseada permanente, en la cual, cuando se impone Cristina, el país marcha hacia medidas radicales de izquierda, estatistas y anti empresarias. Y cuando se impone Alberto, parece liberal de mercado. El tema es que un día se impone uno y al siguiente se impone la otra, con un zigzag que no solo confunde a la propia tropa, sino que lo hace con todo el entorno, incluyendo el internacional.

La lectura desde arriba es que cada vez Cristina se impone con más frecuencia que la que lo hace Alberto, lo cual reafirma el mensaje negativo que arrancó el 11 de agosto del 2019, cuando se impusieron en las PASO por 20 puntos, arrancando una estampida de inversiones y posibilidades, que no solo no se ha detenido dos años después, sino que puede esperarse que se profundice y el PBI caiga aún mas.

Y la oposición no necesita hacer mucho, pues el Gobierno le hace todo el trabajo con una batería de desaciertos que los lleva a un contraste permanente y en tiempo real, con la buena gerencia pública manejada por Rodríguez Larreta en la ciudad de Buenos Aires. Por cierto, es un escenario nacional e internacional de privilegio, donde, si lo hace bien, lo lleva a la Presidencia de la República. Tal como ocurrió con Macri en su momento, tras dos períodos al frente de la Ciudad.

En política todo es posible, hasta que los malos momentos por los que pasa el Gobierno ahora, con algún golpe de suerte externo, se conviertan en alguna ventaja que pueda capitalizarse. Pero hasta en eso se ven problemas: tanto para identificar la oportunidad, como para capitalizarla.

Social

A diferencia con otros países donde están dando por terminada la pandemia, en Argentina está alcanzando picos muy altos de contagio y mortalidad. Además, está bajando el promedio de edad de los contagiados a los 30 años, atacando ahora a la población económicamente activa, a la que el Gobierno mandó para sus casas hace más de un año y que aun hoy, quince meses después, no logra retornar a sus actividades con una frecuencia razonable.

En este caso puede verse con mayor claridad la falta de estrategia de Gobierno que mencionaba más arriba, pues confinó a la población cuando no era necesario, la sacó a la calle cuando había que administrarlo y hoy luce como extraviado con medidas que no dejan a nadie satisfecho. Más que nada porque no se han ocupado de hacer una lectura transversal sobre las expectativas de la gente, que a estas alturas sabe mucho sobre el virus y sus vicisitudes, y es la que lo enfrenta todos los días, a toda hora y en todo lugar.

En su inmensa mayoría, la población ha decidido correr sus riesgos de contagio y salir a la calle de todos modos, cuidándose en la medida de las posibilidades. De hecho, según una encuesta, el contagio está en quinto lugar de las preocupaciones de la gente, que pone por delante, primero a la inflación, luego a la inseguridad /delincuencia, posteriormente a la incertidumbre en la situación económica, luego al coronavirus por su impacto económico, y recién entonces, al virus como temor a contagiarse.

El resultado de este desmanejo se puede ver en las UCI de clínicas y hospitales, que si bien aún no han colapsado, están cerca de hacerlo y eso se nota en los casos de triage que tuvieron que enfrentar algunos médicos. Tal como en los ámbitos económico y político, en este campo de lo social, también estamos en manos de algún golpe de buena suerte.

Económico

Lo más relevante y lo que justificó el viaje de Guzmán a EEUU y el del Presidente (también con Guzmán) a Europa, es la negociación con el FMI, en la cual hay un tema crítico, que son las tarifas.

Una cosa es lo que piensa el Presidente y otra muy diferente lo que dice y hace Cristina. Una vez más, mientras Alberto Fernández se reunía con Georgieva, la presidenta del FMI, y Portugal, España, Francia, Italia, El Vaticano y China le daban su apoyo para que la negociación sea un éxito, en el Senado Argentino, dominado por Cristina y propuesto por su adlater Parilli, aprobaron un proyecto condicionando la negociación y ordenando que la liquidación que tiene que hacer el FMI, de U$ 4.350 millones de dólares que le corresponde a Argentina, se utilice para atender gastos por la pandemia de COVID-19 y no para pagar deuda.

Mientras, al mismo tiempo, el sucesor dinástico Máximo Kirchner impulsaba una rebaja de tarifas, cuando la posición “sólida” del Presidente fue sostener los aumentos propuestos por Guzmán, reflotando una pugna interna en el Ministerio de Economía, donde un subordinado de Guzmán, el Secretario de Energía, no solo lo desobedecía, sino que argumentaba en contra de la política de tarifas de su propio jefe, el ministro, y del Presidente de la República.

Todo tiene que ver con la definición de éxito de cada uno de los dos contendientes de la coalición gobernante. Para Cristina, el fracaso de la negociación con el Fondo sería un éxito porque entraría en la épica de los perseguidos por los americanos, ingresando, orgullosamente, al club que presiden Cuba, Irán y Venezuela. Mientras que para Alberto, éxito significa todo lo contrario y está realmente comprometido con la negociación. Claro que no hay que perder de vista que las convicciones de Alberto no son muy sólidas que digamos y, si ve que la negociación va por mal camino, rápidamente hará un giro de 180º grados y será el principal crítico del Fondo y de la administración Biden.

Ahora, de cara adentro, la parte económica va desenvolviéndose con una cierta “normalidad” impulsada por el precio de la soja y el impacto positivo que se nota en la economía. De todos modos, el empresario argentino es reconocido como “piloto de tormenta” capaz de lograr buenos resultados en las condiciones más adversas. Otro tipo de empresario que seguramente lo haría bien en Argentina, es el venezolano, que ha alcanzado grados de excelencia en navegar en tiempos turbulentos.

Internacional

Dos temas de la cancillería, en la semana que pasó: la “toxicidad” de Venezuela y la posición argentina apoyando a Hamas en el conflicto con Israel.

En el primer caso, logró aislarse aún más de sus vecinos y socios, porque para cada uno de ellos, el tema Venezuela no solo no es tóxico, sino que tienen una posición activa tomada a favor de Guaidó y en contra de Maduro. O sea que en las mesas en las cuales Argentina quiere evitar “perder tiempo” hablando de Venezuela, no lo logrará, porque para todos sus interlocutores es prioritario. Ya sea que hable con los rusos o con los chinos que los apoyan, o que hable con EEUU, la UE, o sus vecinos y socios que los adversan, siempre el tema Venezuela estará sobre la mesa, porque es importante. Y uno no abandona el apoyo al sufrido pueblo de Venezuela porque la “solución aun tomará mucho tiempo”. Eso no se hace… Y está mal… Lo miren como lo miren.

En el segundo caso, la Cancillería tomó partido por un grupo terrorista, en contra de un país miembro de la ONU, amigo de Argentina, con la quinta colonia judía más grande del mundo y con una cooperación fuerte, especialmente en el campo de la tecnología. Y dado el giro que están tomando los acontecimientos, van a tener que desdecirse y corregir o terminarán poniéndose del lado equivocado en la escalada militar que inició Israel. Y si uno se guía por las palabras de la vicepresidente Kamala Harris, de apoyar sin condiciones en lo militar, a Israel, queda claro que “ya” estamos del lado equivocado.

Dos ”metidas de pata” que nos costarán más aislamiento y que servirá para polarizar la política interna, donde todas las de ganar las tiene la oposición.

Recomendación

- Al gobierno, que evite seguir perdiendo gobernabilidad y prestigio, y tome una posición firme en la lucha interna en su coalición. Así como van pueden llegar a perder el gobierno, pero esta vez, sin helicóptero

- A la dirigencia de la oposición, que mantenga el perfil de distancia con el Gobierno, porque entre lo difícil que le está resultando gobernar a Alberto, y lo bien que lo está haciendo Larreta, ya tienen una inercia favorable

- A los empresarios, que establezcan una estrategia común defensiva, porque desde el Gobierno van por ellos. Les dificultarán seguir con sus negocios y, si les va bien, los van a perseguir. El futuro para los empresarios, especialmente los grandes, no se ve bien.

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