Ganar tiempo o hacer tiempo

El Gobierno fundamenta las nuevas restricciones y la intención de postergar las PASO en criterios sanitarios. Sin embargo, no resultan infundadas las sospechas de especulación política

Alberto Fernández

Una cosa es “ganar tiempo” y otra muy distinta es “hacer tiempo”.

La expresión “ganar tiempo” supone obtener o hacerse de un tiempo determinado para acelerar o retardar la conclusión de un determinado objetivo. Por el contrario “hacer tiempo” implica entretenerse o distraer a otros a la espera de un momento adecuado o señalado para que un hecho se produzca.

Mientras “ganar tiempo” se asocia con una acción, con una tarea, con un empeño, “hacer tiempo” alude a una omisión, a un dejarse estar, a un patear la pelota para adelante.

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Las restricciones presentadas esta semana vía DNU, en un contexto de hondo dramatismo y desafortunada refriega política, son fundamentadas por el Gobierno en la necesidad de “ganar tiempo” para vacunar. De eso se trata. Por lo tanto tendrán razón de ser en tanto y en cuanto sean acompañadas por una urgente aceleración de la campaña de vacunación.

Los apremios por retrasar las fechas electorales, por el contrario, se sospechan relacionados con una actitud de “hacer tiempo”.

El Huracán COVID ya golpea fuerte y se traduce a diario en un incremento exponencial de los casos, porcentajes de positividad en crecimiento y un acelerado proceso de ocupación de las unidades de terapia intensiva.

Urge vacunar cuanto antes a quienes integran los grupos de riesgo. Se trata de quince millones de personas.

Hasta la última hora de este viernes se distribuyeron por todo concepto 6.916.296 dosis. Se aplicaron 5.127.611. Sobre ese total sólo 716.896 recibieron las dos dosis y 4.410.715 recibieron una única dosis.

A la luz de esta performance cuesta imaginar cuánto tiempo demandará lograr un mínimo de protección para quienes han quedado atrapados en el peor de los mundos.

Obligados a autoaislarse, con o sin DNU, mucho más allá de controles y eventuales represalias, millones de personas comienzan a revistar en una categoría nueva y penosa. Habitantes de un limbo COVID. Una suerte de ghetto de vulnerables, de autoconfinados a la espera de una inmunidad que tarda en llegar.

¿Cuánto tiempo necesita el Gobierno para completar esta tarea urgente? ¿Serán suficientes las tres semanas de virtual toque de queda para asegurar algún resguardo a los más expuestos? Todo parece indicar que no.

Ya sabemos: una cosa es la vacuna y otra la vacunación. Las vacunas siguen llegando lento, la vacunación se cumple de manera poco transparente y desordenada.

La calidad y eficacia de las vacunas a las que hemos podido acceder están objetadas por muchas y distintas razones. Pero está claro, es lo que hay, lo que se supo y pudo conseguir.

El anuncio de ampliar el plazo de aplicación de las segundas dosis, con el declarado objetivo de acercar algún grado de protección a más gente, es un recurso desesperado en un tiempo de escasez. La estrategia está hoy objetada por los infectólogos más reconocidos en el caso de la vacuna china Sinopharm.

La reserva acerca de la necesidad de completar el esquema con segunda dosis antes del día 28 no es un invento de la prensa, ni una campaña de desinformación, está documentada por papeles oficiales del Ministerio de Salud que recomiendan “completar los esquemas de vacunación contra COVID-19 con intervalos convencionales, en aquellos que realicen actividad asistencial con alta exposición al virus SARS-COv-2 o que manipulen muestras clínicas que puedan contenerlos”. O sea, segunda dosis antes de los 28 días para todes.

En este contexto de desazón y desconcierto, el Gobierno estableció que los empleadores “podrán convocar al retorno a la actividad laboral presencial a los trabajadores” que hayan recibido “al menos la primera dosis de cualquiera de las vacunas destinadas a generar inmunidad contra el coronavirus”.

La resolución, publicada en el Boletín Oficial, dice que todas las personas con relación de dependencia podrán regresar a sus puestos de trabajo de manera independiente de la edad y condición de riesgos, transcurridos 14 días desde la inoculación”. Un asunto que promete generar revuelo.

Reunión entre el oficialismo y la oposición en el Congreso para discutir la postergación de las PASO

Eramos pocos y se contagió María Romilda. La jueza electoral Servini de Cubría, de 84 años, contrajo COVID y muy enojada, expuso otra inconsistencia. En sus declaraciones desde el aislamiento convaleciente, señaló que le suspendieron la aplicación de la segunda dosis.

Considerando que la legendaria magistrada fue inoculada con un primer pinchazo de Sputnik, y que en el caso de la vacuna rusa el segundo componente es diferente del primero, sólo puede suponerse que las segundas dosis de la vacunas del Gamaleya no estarían llegando en tiempo ni cantidad suficiente o bien que no están siendo destinadas a un uso que sería impropio: aplicarlas como primera dosis. Para no hablar del caso del envío de ampollas que por un “error de tipeo” llegó confundido a Córdoba, obligando a suspender el cronograma de vacunación, a las espera de aclarar el entuerto que comprometió a 27.700 aplicaciones.

La titular del Juzgado Federal con competencia electoral lo venía advirtiendo, sin vacunas no hay elecciones.

“Todo este tema de las vacunas se ha manejado muy mal, y se lo estoy diciendo al Presidente. Se ha manejado irresponsablemente”, dijo. “Si en pocos días no se vacuna a mi gente, no se van a hacer las elecciones”, bramó entrando de lleno en otro tema sensible: la postergación de las fechas electorales.

Sin margen alguno para disponer de cierres en las actividades productivas, la pandemia, no obstante, empieza a imponerse con crudeza. Aerolíneas Argentinas canceló, demoró y desvió vuelos en la mañana del viernes tras detectarse un caso COVID positivo que obligó a aislar al único radio operador de las comunicaciones de la empresa.

La empresa Toyota decidió suspender el turno tarde de la producción por una semana ante el aumento de la cantidad de personal con licencia por estar cursando la enfermedad o por ser contacto estrecho. Las cosas empiezan a complicarse mal. El virus impone su presencia.

Está claro que el oficialismo necesita ganar tiempo para vacunar y también para llegar a los comicios con alguna de las variables controladas.

Los primeros días de abril encuentra al Gobierno de Alberto Fernández lidiando contra el tiempo. Necesita que la progresión de las personas inmunizadas supere al número de contagiados y que los magros ingresos y salarios de los argentinos no sean devorados por la inflación.

Las dificultades para avanzar en estos objetivos tan básicos como sensibles explicarían la irascibilidad presidencial que se tradujo esta semana en insultos e imprecaciones para todos y todas.

Abrumados por una realidad asfixiante, la inmensa mayoría de los argentinos asistimos a diario con perplejidad a los enojos, retos, advertencias y reprimendas que bajan desde el poder en medio de un creciente clima de enfrentamiento y tensión. Nada de todo esto ayuda a sobrellevar la adversidad.

Las declaraciones del Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, quien dijo que los gobernadores, intendentes y compañías privadas no están impedidos por legislación alguna para comprar vacunas sonó a chicana pero en mucha gente generó confusión. En la misma línea Axel Kicillof desafió a la oposición: “Si tienen algún contacto por afinidad ideológica o empresaria, que lo acerquen. No se prohíbe ayudar a buscar vacunas”.

Apenas algunas horas después de que el Jefe de Estado arremetiera con rayos y centellas contra quien sabe quién, el Ministro del Interior convocó a la oposición a conformar una comisión conjunta de seguimiento de la pandemia. Eduardo Wado de Pedro hizo el anuncio desde su cuenta de Twitter a poco de mantener una reunión en la que se habría consensuado postergar el cronograma electoral llevando las PASO al 12 de setiembre y las generales al 14 de noviembre.

Habrá que ver si desde Juntos por el Cambio aceptan el convite que supone compartir un escenario del que no se bajarán sin costos considerando la gravedad del momento. Ellos también están contando los porotos. Las especulaciones electorales discriminan a sus seguidores también por franjas etáreas y a la oposición les viene muy bien que los adultos mayores lleguen todos vacunados.

Los días de este otoño nos encuentran lidiando con la incertidumbre y extremando los esfuerzos.

“El tiempo es tuyo”, te pertenece. Reza una frase que remite al sentido más profundo de la existencia. El tiempo es lo único de lo que disponemos. Es nuestro insumo más básico. Es aquello de lo que está hecha nuestra vida. No hay manera de comprar tiempo.

Estamos en una desesperada carrera contrarreloj. Se nos va la vida y la libertad en esto. Por eso es muy importante no distraerse y distinguir cuando estamos ganando tiempo de cuando simplemente estamos conminados a “hacer tiempo” a la espera de quién sabe qué.

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