Menem: el vaso medio lleno

Fue el único Presidente transformacional de esta última etapa democrática. Con él hubo un antes y un después en muchas cosas que van a perdurar en el tiempo y que nos cambiaron para siempre como sociedad

(Foto NA: GABRIEL CANO/COMUNICACION SENADO)

Unos días antes del fallecimiento del ex presidente Carlos Menem y sin la presión revisionista que su muerte puso sobre la mesa, por parte de los medios y de los analistas, le comentaba a un amigo que Menem había sido tal vez el único presidente transformacional de esta última etapa democrática. Que con él hubo un antes y un después en muchas cosas que van a perdurar en el tiempo y que nos cambiaron para siempre como sociedad.

Antes de él, un teléfono, una línea telefónica, era más valiosa que el apartamento o la oficina donde estaba instalada: el que fuera “con teléfono” elevaba su valor a la estratósfera. Tanto era así, que la gente cuando se mudaba, se llevaba su teléfono, arrastrando el cable por cuadras por arriba de los techos y cruzando calles y avenidas. En el microcentro de Buenos Aires, si uno levantaba la vista, no veía el cielo, sino una masa de cables entrecruzados que lo oscurecía. Por no mencionar los largos minutos desde que se levantaba el auricular, hasta que llegaba el tono y se pudiera hacer la llamada, que no siempre lograba completarse. Luego de Menem, todo eso cambió y nos dio la oportunidad de entrar en la época en la cual tan cómodamente nos sentimos ahora.

O la posibilidad de tomar agua de la canilla o de que cambiara la manera de relacionarse con la electricidad, que pasó a ser un servicio normal y estable. Hubo muchas más cosas que, después de Menem, cambiaron para siempre la vida del argentino, que salió al mundo por primera vez… Sí, por primera vez, contingentes de la clase media menos acomodada salieron a recorrer el mundo y eso les cambio la visión, al pasar de ser una sociedad cerrada y ensimismada a abrir mentes y horizontes. Sin mencionar que para entrar a los Estados Unidos no se necesitaba visa, sino solo mostrar el pasaporte argentino en migraciones, que por primera vez en décadas, era un símbolo de democracia, progreso y bienestar.

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Lo anterior fueron solo algunos hechos, entre muchos otros, que pudieron ser posibles, porque tal vez Menem fue el único presidente con un plan y con una visión de país. Y mucho más que eso, con la voluntad política de tomar las decisiones para lograrlo. Hizo desaparecer la inflación como por un milagro y, con eso, como es natural, bajó la pobreza. Achicó el tamaño del estado y con él, el déficit fiscal. Y como es natural la sociedad entera se modernizó, entró nueva tecnología, y, en lo empresario, se hizo necesario competir para sobrevivir.

El estado comenzó a ser menos necesario y se replegó desde ser un actor económico influyente, con el clientelismo partidista que lleva asociado, a ser un regulador e impulsor de nuevas posibilidades. Algunas de ellas aún hoy perduran, como Puerto Madero, y se nos hace difícil comprender cómo es que eso se pudo hacer en una Argentina poco capaz de ese tipo de emprendimientos planificados y enrumbados para seguir desarrollándose en forma autónoma.

Sin mencionar que, por primera vez, me tocó ser testigo de un taxista al que le ofrecí: “¿Cómo le pago, en dólares o en pesos?”. Y el contestó, casi con orgullo: “En pesos”. Porque nuestra moneda pasó a ser preferida de los argentinos como instrumento de reserva, mantenimiento y acumulación de valor, cosa que hasta ese momento no había ocurrido por décadas, y, luego de Menem, nunca más volvería a recuperar ese atributo.

Claro que con decisiones arriesgadas, pero con un sentido de dirección claro, vienen aparejadas responsabilidades, no sólo del Gobierno, que por cierto estaba soltando en manos de la sociedad el manejo de una cantidad importante de variables, sino principalmente del sector privado empresarial y personal. Cada uno tuvo la posibilidad -y la responsabilidad- de manejar esas oportunidades y convertirlas en cambio. De hecho, según el pensamiento liberal, el estado crea las condiciones para que el privado se desarrolle.

Pero eso no pasó. Ni la sociedad, ni el mismo Gobierno (que por supuesto no era sólo Menem), ni los partidos políticos estuvieron a la altura de las circunstancias y la ventana de oportunidades estratégicas que abrió la audacia y la visión del Presidente, como suele ocurrir, comenzó a cerrarse. Y lo que ya no pasó por esa ventana mientras estuvo abierta ya nunca más pasaría y se cerró, dejándonos como estábamos antes, pero tristes por la sensación de fracaso. Pero disfrutando de aquellas cosas que si lograron cruzar esa ventana de oportunidad. Tanto es así que hoy damos por hechas muchas cosas que sin su capacidad de cambio y transformación no hubieran ocurrido. Y nosotros como país que estamos en el fin del mundo -y por el cual la gente no pasa, sino que va- aún tal vez estaríamos en el atraso resultante de seguir mirándonos el ombligo.

Político

Esta campaña electoral se ha constituido en la presentación en sociedad de Máximo Kirchner, no sólo en su actuación como diputado y jefe del bloque de su partido, sino como el jefe del peronismo, a nivel de la Provincia de Buenos Aires primero y a nivel nacional después, mientras Alberto le va cuidando el puesto y preparándole el camino. Capitalizando como propio el aporte de votos que hizo Alberto Fernández a la coalición de gobierno. Cada vez que se presenta junto al Presidente -y este aún no se ha dado cuenta- le consume su capital político hasta, con el tiempo, dejárselo vacío.

Como suele pasar en los proyectos de largo alcance como el que tiene Cristina Kirchner, los eventos de los siguientes seis meses ya están definidos y su preocupación diaria apunta al primer día del mes siete, dejando que el corto plazo se vaya resolviendo en forma táctica –pero dentro de la estrategia- y poniendo foco en el futuro. Como siempre les digo, Cristina tiene un proyecto de poder, mientras que Alberto, tiene un proyecto de Gobierno… Y por eso ella siempre va un paso adelante y Alberto uno detrás.

Tal como les decía en el pasado, un posible acuerdo con el FMI, es ventajoso para el país, pero ideológicamente incorrecto para el kirchnerismo, por lo que Cristina siempre tensará esa relación, pues en el peor de los casos siempre podría obtener una ventaja política. Lo de negarse al aumento de las tarifas hace un par de meses, y lo de duplicar los plazos ahora, debería leerse en ese contexto.

Social

Nos hemos concentrado solo en el ángulo anatómico de la salud de los argentinos y hemos perdido de vista que las medidas que tomó el gobierno de cuarentena y confinamiento han producido daños psicológicos en nuestra población, que ha visto alterada la manera de percibir el futuro. El cierre de empresas con la consecuente pérdida de fuentes de trabajo, no son sólo cifras estadísticas de desempleo, sino que son cientos de miles de familias que han tenido que migrar hacia abajo del estrato socioeconómico al que pertenecían, en el que se habían criado, y de donde habían adquirido sus modos y sus costumbres… Y hasta el patrón de consumo, a través del cual se insertaban y vinculaban con esas comunidades, que ya consideraban propias.

Se afectó su sentido de pertenencia, su auto estima y su capacidad para proveer bienestar a sus grupos familiares. Y se convirtió en depresión y en ansiedad.

Sería interesante hacer algún tipo de análisis sobre los efectos mencionados en el párrafo anterior, pues la capacidad de contribuir con la etapa de actividad postpandemia no pasa solo por vacunarse y lograr la inmunidad de la manada, sino por restaurar las partes dañadas de la psiquis y la espiritualidad perdidas. Siempre se habló del efecto “V” de tocar fondo y rebotar, pero eso no será posible si no logramos poner en perspectiva la capacidad real de la población para resistir esa brutal caída de los ingresos. Y una gran cantidad de los casos, ni siquiera está registrado como “pobre”, porque no lo eran, no esperaban serlo y aún se resisten a creer que ya lo son. Y no se ve una intencionalidad del Estado para reconocer y mitigar esa situación, por lo que una vez más, deberemos confiar en las ONGs especializadas para que pongan el tema sobre la mesa en su justa dimensión.

Nos resultará difícil frenar la caída de la actividad, pues ya generó su propia inercia, por lo que el vértice de la “V” tal vez no sea un punto, sino un piso que se prolongue en el tiempo y que de a poco comience a mejorar su pendiente. Porque el fondo, en general, no es el mismo para todos.

Y siguiendo en la tónica de la era menemista, no hay que olvidar que el desempleo que resultó por el cierre de empresas ineficientes –públicas y privadas- fue sustancialmente menos al que estamos viviendo en la actualidad, mientras convivimos con la ineficiencia que en el pasado había intentado ser minimizada. Y también faltó, en esa oportunidad, la generación de políticas públicas que promovieran la generación de nuevas empresas, con nuevas tecnologías, de forma tal de absorber ese millón de empleos que entonces se perdieron. Lo anterior es lo que en gerencia se llama “lecciones aprendidas” y sirve para tomar lo mejor, y evitar lo peor, de las experiencias del pasado.

Aún Alberto está a tiempo de tomar medidas para expandir la economía privada, de forma tal de absorber a la mayor velocidad posible ese casi 50% de pobreza que nos está matando… Incluso a los que no son pobres.

Económico

Con el rumbo de colisión que lleva la economía argentina, que realmente está claro para casi todos, sería el momento en que el Presidente, tome decisiones transformacionales, que realmente le cambien el rumbo al país. La diferencia entre la época de Menem que le abrió oportunidades al empresariado de transformar el país, y no supieron ni identificarlas ni mucho menos aprovecharlas, es que en esa época había mucho mas dependencia cómoda del Estado y que ahora, si bien sigue habiendo dependencia, ahora resulta incómoda para el sector privado.

Es hasta posible que si las medidas que tomó Menem en su momento se aplicaran ahora, el sector privado si podría entrar por la ventana de oportunidad y, en vez de desguazar los ferrocarriles, los hubiera reforzado y logrado el mejor de los negocios. Y que en vez de importar productos terminados, hubiera aprovechado el momento para importar tecnología, bienes de capital y bases para materias primas. Y en vez de orientarse a la importación, hubiera trabajado para mejorar la competitividad y convertirse en una potencia exportadora. Porque un país que depende del tipo de cambio para decidir si es exportador o importador, realmente está condenado al fracaso… Que es un poco de lo que estamos viviendo en la actualidad.

Son pocas las empresas argentinas que pudieran considerarse competitivas de clase mundial. Las oportunidades que los empresarios dejaron pasar en ese momento histórico, ya no se volverán a repetir, principalmente porque Alberto Fernández no es Menem y no será capaz de tomar las medidas de fondo que el país requiere… Y que cuando se tomaron, se dejaron pasar.

Es importante recordar que las empresas que se van del país, suelen ser aquellas que por principios y políticas internas no pueden incorporar a la informalidad en su modelo de negocios, así como tienen que cargar con el peso importante del costo que significa la administración multinacional. Por lo que en general son compradas por grupos locales que se ahorran ese costo y que además pueden darse el lujo de jugar en los grises de la informalidad, que las grandes no pueden. Lo anterior, de ninguna manera puede resultar en algo bueno, porque se van deteriorando los principios que hacen a una empresa excelente, que generalmente hace siempre las cosas bien y no sólo cuando la están mirando.

Aún hay oportunidades en diferentes sectores que por presentar espacios que están en transición requieren de audacia y conocimiento del negocio,y con un modelo de diferenciación competitiva que ayude a moldear la futura institucionalidad del sector del que se trate. Casos como Uber o Airbnb o como Farmacity van impulsando sus modelos de negocios abriendo senderos para que otros, nacionales e internacionales, puedan enriquecer al país con inversión nueva y fresca. Es importante que cuando se vaya a actualizar la legislación en esos (y muchos otros) sectores, se basen en futuro y no en pasado, y permitan que nuestro país suelte las anclas que lo mantienen atado al subdesarrollo.

Movimientos heroicos como el del Menem y su época, lejos de ser criticados negativamente, deberían ser tomados como referencia para aprender y evolucionar… Y evitar andar siempre viendo el vaso medio vacío.

Internacional

El tema de la relación de Argentina con China pondrá a prueba las posibilidades de mantener relaciones de buena calidad con los Estados Unidos, en un momento político internacional en el que, si parecía que la relación de Trump con China era dura y conflictiva, hay que esperar a ver la radicalización del gobierno de Biden, que ya, en menos de un mes ha puesto en el spot light a sus fuerzas militares, cosa que Trump nunca hizo en sus 4 años de gobierno. La presencia de un elemento de la fuerza de submarinos y de un barco de guerra en las cercanías de las Malvinas, muestran que esta administración americana, no está jugando a la política pacífica, sino que podría llevarla a mantener un conflicto armado. Son un mensaje para los chinos que andan pescando en esas aguas, pero también para nosotros, para que tengamos cuidado con lo que hacemos. Me imagino que la base militar China en Neuquén, debe ser un punto de alerta para esa fuerza de tareas de avanzada.

Los nuevos bloques que estarían dispuestos a ir a la guerra serían Rusia-Irán-China, por un lado, y el resto del mundo por el otro, incluyendo a Estados Unidos y la Unión Europea, por supuesto, pero también a Japón, Australia, Nueva Zelanda, la India y Canadá. El primer bloque estaría limitado por el este por el “muro de arroz”, en la frontera entre China y la India, y por el oeste, la vieja “cortina de hierro”, ahora mucho más lejos de Berlín y más cerca de Ucrania. Y en esa posible conflagración no nuclear pero sí armada, debemos elegir de qué lado estaremos, porque neutrales difícilmente nos dejen ser. Una vez más los amigos venezolanos, chinos, rusos e iraníes no son una buena compañía para nosotros en estos tiempos. Como decía mi abuelita: “dime con quién andas…”

Recomendación

- Al Gobierno, que haga un benchmark sobre los tiempos de la convertibilidad y saque aprendizajes sobre lo bueno y lo malo –do´s and dont´s- y qué elementos pudieran sernos de utilidad en nuestra situación presente. De todos modos, a ese camino ya lo hemos transitado y algo debemos haber aprendido, que no sea “todo o nada”.

- A la dirigencia de la oposición, que se concentre en poner en valor los logros del gobierno de Macri, que los hubo y muy importantes, con la idea de evitar antagonizar y dejar que las obras hablen por si solas, de cara al futuro electoral.

- A los empresarios, que promuevan más mesas de negociación con el Gobierno y vayan recuperando espacios que les habiliten mayores productividades y logren bajar la presión tributaria. Para superar esta etapa hace falta que las empresas puedan “respirar”.

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