¿Quién será el primero en devolver los piedrazos?

El punto de hartazgo está cerca y el Gobierno de Cristina y Alberto juega con fuego si pretende traspasarlo

Cristina Kirchner y Alberto Fernández (Presidencia)

Quedará por siempre en la memoria de los argentinos el intento de golpe a las instituciones que maliciosamente pergeñó el kirchnerismo y diversas agrupaciones sociales, en aquella tarde trágica de diciembre de 2017, frente al Congreso de la Nación. Se debatía la ley de reforma previsional que el actual Gobierno modificó para hacerse de recursos vitales para su gestión, en perjucio de las actuales jubilaciones pero, claro, eso ya es una anécdota que nadie en el oficialismo pretende recordar.

Ese lunes 18 de diciembre de 2017, toneladas de piedras caían con violencia sobre un grupo de gendarmes, que impidieron valientemente la toma de la Cámara de Diputados, a costa de golpes y heridas que varios recibieron, evitando el mal mayor de ver caída la república.

Todos recordamos a Cesar Arakaki del Partido Obrero y sus ataques con cuchillos y bengalas: el mayor impacto de la agresión lo recibió el policía de la Ciudad Brian Escobar, quien debió ser operado de urgencia por fractura de cráneo y pérdida del oído izquierdo.

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Esa jornada, el por entonces diputado Agustín Rossi, actual ministro de Defensa, quien recientemente perdió -una vez más- miles de municiones estando al frente de esa cartera, expresó: “Espero que todos los ciudadanos argentinos que están en contra de la ley, vengan al Congreso”. Arengando a los violentos a sumarse al ataque institucional.

El periodista Julio Bazán fue cobardemente agredido y lastimado en patota por aquellos que embestían contra las instituciones. Todos recordamos cómo fue echado a patadas de la Plaza de los dos Congresos con el rostro cubierto de sangre mezclada con cenizas y carbones encendidos que le arrojaron y cómo buscó refugio para salvar su vida.

Pasaron casi tres años de esa acción frustrada para derribar el orden constitucional. Se pudo frenar ese intento que esos fanáticos organizaron para derrocar el gobierno de Mauricio Macri y llamar, una vez más, a elecciones anticipadamente. Pero esas toneladas de piedras no tuvieron un freno. Ni siquiera terminaron: solamente cambiaron de forma con el gobierno actual.

Nos tiran piedras cuando cercenan nuestras libertades en cada acto de gobierno con la excusa de la pandemia, al confinarnos en nuestros domicilios metiéndonos temor a contagiarnos, sin valorar otras opciones de cuidado y prevención.

Nos tiran piedras cuando el Gobierno suelta a miles de criminales asesinos a las calles, como parte de una estrategia de sembrar terror, y paralizarnos.

Nos tiran piedras en cada intento de toma de propiedades privadas ya sea por parte del Estado como con Vicentin, los grupos armados de mapuches truchos en el sur metiéndose en terrenos del ejército y en los parques nacionales, las agrupaciones sociales impulsadas y protegidas por Grabois, Donda y Frederic en Guernica, o el juez Flores y otros funcionarios al permitir la intrusión de bandidos a la estancia “Casa Nueva” en Entre Ríos.

Nos tiran piedras cuando crean organismos como Nodio, desde donde su titular Miriam Lewin, emulando a una comisaria del pensamiento, intenta callar nuestras voces.

Nos tiran piedras cuando el Gobierno evalúa suspender las PASO del año que viene con la excusa del COVID, a sabiendas de que el apoyo que tuvieron en 2019 no lo tienen más, producto de acciones y políticas que destruyeron el trabajo, la seguridad, y la economía de todos los argentinos.

Y fundamentalmente nos tiran piedras cuando avanzan sobre la Corte Suprema, amagando cambios y aumentos en el número de sus integrantes a propuesta de la Comisión Beraldi, que lidera el abogado personal de la vicepresidenta, o propiciando la expulsión de los jueces que juzgan a CFK en varias causas de corrupción, para someter definitivamente a la Justicia.

Y si seguimos el rastro de estas tiradas de piedras como si fueran parte de un plan de múltiples brazos siempre aparece ella. Cristina. Siempre Cristina.

La sociedad toda, que defiende los valores y las libertades, tiene el cuero curtido de tantos ataques desestabilizadores pero, como todos sentimos, el punto de hartazgo está cerca y el Gobierno de Cristina y Alberto juega con fuego si pretende traspasarlo.

No faltará mucho para que algún avezado devuelva el golpe y entonces, ¿quién se hará cargo del caos? Por pura intuición y lectura del pulso social, puedo aventurar que ni el oficialismo ni la oposición podrá a impedir la ira y rebelión de millones de ciudadanos que ven en peligro sus derechos. Bastará con uno sólo que cruce límites y abra las puertas de un nuevo y factible, sangriento conflicto social. Y lo digo con el ánimo de llamar a la reflexión, antes que estos hechos se conviertan en realidad. Ya vivimos esta desdicha tantas veces, que por eso le imploro al Gobierno a claudicar en imponer la agenda de una sola persona, a costa del sufrimiento y sacrificio de muchos. Por favor, recapaciten: serán los responsables de repetir esta dolorosa historia.

François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, fue un importante escritor, historiador y filósofo francés nacido en París en 1694. Fuente de inspiración de los que propiciaron la revolución francesa nos dejó innumerables escritos y entre ellos elegí el siguiente para compartirles: “Para el malvado, todo sirve como pretexto”.

Sepamos diferenciar las acciones del bien, contra los propósitos del mal, y así ubicarnos del lado correcto, en los tiempos que inevitablemente están por venir.

El autor es columnista en “Baby en el medio” Radio Rivadavia y socio del Club Político Argentino

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