A todos mis amigos argentinos,
La situación en Italia es dramática, nadie dimensiona cuánto se agravó en los últimos días. Mientras estoy escribiendo, los infectados de coronavirus son 15113, los muertos 1016, y este viernes aumentarán drásticamente. Los números fríos no parecen hablar de personas.
Como saben, el coronavirus (Covid-19) ataca a todos sin distinción. Muchos de ustedes no saben que en los hospitales de Italia las terapias intensivas están al borde del colapso; por eso los pocos médicos que no cayeron infectados o internados empezaron a decidir a quién asistir y a quien no, sobre el criterio de quién tiene más chances de sobrevivir.
60 es el número vestido de negro que separa la vida de un oscuro viaje sin vuelta. Si tenés más de 60 años, problemas respiratorios y otras patologías, se sortea tu futuro: ¿hay respiradores disponibles?
Podés esperar sobrevivir; si no hay lugar ni respiradores, te mandan a tu casa, y no sabés si llegas a las pascuas. Los que caen primeros en esta batalla son nuestros abuelos, nuestro viejos.
Estaba en Italia hace un par de meses y fui a visitar a mis padres a Boltiere, un pueblito de seis mil almas en la provincia de Bérgamo, cerca de Milán. El virus todavía no había llegado. Paseaba con mi papá y los vecinos me paraban en la calle: “¡Volvió la argentina! Hace calor allá". Y nos convidaron un cafecito en el bar de Marco, querían saber cómo se vive en Buenos Aires, de mi libro, del título de “Cavaliere” y por eso me agasajaban con un chocolate o ofreciéndome un cappuccino, y Roberto, que desde cuando era chica me saludaba del balcón de su casa, me regaló una birome perfumada. Con esta birome hace dos días escribí una carta de pésame a su familia: Roberto murió de coronavirus. Ya fallecieron en cinco en el pueblito, sin velorio ni funeral. Prohibido reunirse.
Hoy llega la noticia de que la morgue de Bérgamo no tiene más lugar: la Iglesia va a recibir los cajones. Fiorentina y Vincenzo soñaban su boda en las colinas de Bérgamo, hace años que esperaban el sábado 7 de marzo 2020. El virus obligó cancelar todo tipo de ceremonia pública, privada, civil, religiosa en todo el país. No hay misa en toda Italia hasta el 3 de abril. Cerraron escuelas, universidades, museos, teatros, gimnasios, termas.
A partir del 12 de marzo cierran todas las tiendas, bares, restaurantes, peluquerías. Quedan abiertas las tiendas que venden productos de primera necesidad y farmacias. Italia paralizada, en cuarentena obligatoria y con el ejército en la calle. Si querés salir a pasear el perro, tenés que mostrar una auto certificación; si tenés la suerte o la mala suerte de ir al trabajo (si no quebró la empresa), certificación firmada.
Se acabó la fiesta, se apagaron las luces, todos en casa, ordenó el gobierno con un decreto.
El virus inexorable llegó a Argentina, y hasta ahora contamos veintiún contagiados y un muerto. Los números aumentarán. Ya fue declarado pandemia por la OMS.
Tanto en capital como en la provincia veo que muchos se reúnen o están de fiesta como si nada sucediera o el problema no les afectará. Por favor, dejemos de pensar que es solo una gripe y actuemos pensando que es un virus que no tiene límites. Tomemos a China e Italia como dos tristes ejemplos y evitemos los mismos errores. Todos aquellos que vuelven de los países afectados es importante que respeten la cuarentena en sus casas. Es obligatorio y si no les importa que además sea un delito piensen en sus viejos: son los que caerán primero. Ocultar no sirve. Siempre hay un amigo o tus seguidores en las redes que te vieron comiendo spaghetti en Roma o haciendo chistes con las manos tratando de agarrar la estatua de la Libertad o la torre Eiffel.
No asistan a reuniones ni comidas ya que pueden estar incubando el virus o contagiando a otros sin saberlo.
El gobierno argentino está reaccionado rápidamente, confío en que tome medidas drásticas como en Italia, o mejores, pero ahora. La única forma de vencer el virus es quedarse en casa, evitando lugares de congregación masiva, que cierren las escuelas, las universidades, smart working… higiene de las manos, mantenerse alejados de los otros un metro o más.
Nuestros “nonnos” fueron llamados al frente a combatir la Segunda Guerra Mundial. Nosotros, a pelear esta batalla planetaria quedándonos en pijama en casa, ¡qué afortunados!
En Italia, mientras el país está encerrado, los árboles se están llenado de brotes blancos y rosas, porque está llegando la primavera y con ella la promesa de que estas semanas oscuras se iluminen y que pronto podremos un día volver a cosechar ricos frutos.
Traten de cuidarse,
Los quiero amigos argentinos.
Nunzia Locatelli
#yomequedoencasa