El cuarto aniversario de la trágica y violenta muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman tendrá hoy su conmemoración central en Israel, con la inauguración de un monumento que descubriremos en el bosque Ben Shemen, ubicado a unos 40 kilómetros de Jerusalén. En ese lugar se encuentran también los memoriales a las víctimas fatales del atentado contra nuestra institución, del ataque terrorista contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, y el tributo a los desaparecidos de origen judío durante la última dictadura.

Desde AMIA estaremos participando activamente de este homenaje especial, impulsado por el Fondo Nacional Judío ("Keren Kayemet LeIsrael"), a quienes corresponde felicitar y agradecer por la iniciativa. La memoria necesita de las recordaciones especiales, de los monumentos que nos invitan a detenernos, de los sitios establecidos especialmente para rendir homenaje y no olvidar.

El tributo que rendiremos hoy a quien durante diez años tuvo bajo su responsabilidad la investigación del peor atentado terrorista que sufrió la Argentina, representa una instancia más para fortalecer el camino de internacionalización de la lucha contra la impunidad.

Cuando hablamos de impunidad, nos referimos no solo a poder esclarecer rápidamente las causas y las circunstancias de la violenta muerte de Alberto Nisman, sino también a poder echar luz definitiva sobre las masacres terroristas contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994), dos crímenes de lesa humanidad que son pesadas cargas históricas que deshonran nuestra democracia, afectan seriamente nuestro orden republicano y nuestra relación con el mundo.

Desde nuestra institución, elegida como blanco por la barbarie del fundamentalismo islámico, llevamos casi 25 años sin claudicar en el reclamo de justicia y castigo a los culpables del atentado que dejó el doloroso saldo de 85 muertos y más de 300 heridos.

La Justicia argentina determinó responsabilidades de altos funcionarios de Irán en el planeamiento, la financiación y la ejecución del ataque. Hay pedidos de captura y alertas rojas de Interpol vigentes; sin embargo, los acusados transitan por el mundo libremente, sin voluntad alguna de responder los exhortos de nuestro país. Tenemos que hacer mucho más en este sentido.

Para AMIA resulta fundamental que los acusados iraníes sean juzgados en suelo argentino, para que den cuenta de sus actos con las garantías de nuestra Constitución nacional, sin caer en la tentación de modificar en nada el orden jurídico vigente por impulsos políticos por mejor intencionados que fueran.

En este camino estamos trabajando decididamente para que la causa adquiera visibilidad más allá de nuestras fronteras, llevando nuestra postura a todos los foros internacionales y llamando a la colaboración de las democracias del mundo para que se fortalezca la lucha contra el enemigo común: el terrorismo, en este caso protagonizado por Hezbollah.

Ese fue el relevante sentido que tuvo la participación del titular de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, como uno de los oradores principales del acto central que realizamos el año pasado al cumplirse 24 años del ataque contra nuestra institución. En dicho acto, y en otros ámbitos también, hemos sostenido que la muerte de Alberto Nisman está, sin ninguna duda, vinculada directamente con su tarea como investigador de la causa AMIA, tal como lo estableció la Corte Suprema de Justicia. Y que no solamente la Argentina sino también la comunidad internacional aguardan una respuesta certera para poner punto final a las dudas y los misterios que rodean su muerte.

Como siempre remarcamos, en tiempos de impunidad, hacer memoria es exigir justicia. Y así lo haremos. No solo hoy, cuando se cumplen cuatro años de la muerte del fiscal, sino cada día, a través de nuestras acciones concretas para defender el valor supremo de la vida, la vigencia de la paz, y el compromiso permanente con los derechos humanos.

El autor es presidente de AMIA.