REUTERS/Benoit Tessier
REUTERS/Benoit Tessier

Los medios son máquinas de conocer que construyen a escala masiva un producto distintivo: las noticias. De una multitud de eventos potencialmente noticiables que ocurren en el mundo, estas máquinas construyen historias sobre los hechos que importan y explicaciones de por qué importan.

Uno de los desafíos de hacer que las máquinas de construir noticias funcionen adecuadamente es que, si bien el mundo es bastante impredecible, el producto periodístico debe construirse de manera y en tiempos predecibles (cada hora, día, semana o mes). Una forma clave en la que las organizaciones de medios han superado históricamente este desafío es apoyándose en gran medida en el aparato institucional de las sociedades sobre las que informan.

Los gobiernos, las grandes corporaciones, los partidos políticos, las principales organizaciones sin fines de lucro, etcétera, han sido algunos de los principales proveedores de las materias primas que a menudo forman la base de las noticias. Durante el transcurso del siglo XX, los representantes de las grandes burocracias se acostumbraron a proporcionar información a los periodistas de manera racional y desapasionada, por lo general con el objetivo de alcanzar un consenso sobre importantes temas sociales.

Posicionarse como el mediador clave entre las instituciones y el público ha sido la base del poder cultural de los medios en la sociedad. En la forma idealizada que a menudo se enseña en las escuelas de periodismo, los medios líderes han tratado de desempeñar este papel presentando noticias con orientación burocrática, repletas de hechos verificables, explicados en términos racionales y presentados en un lenguaje desapasionado.

Debido a que las instituciones son entidades estables interesadas en su propia conservación, las noticias construidas por los medios de comunicación también a menudo han empujado a la política hacia el consenso y la mayor cohesión social, a pesar de que esta imagen ha sido problematizada al aumentar en el último cuarto de siglo la prominencia de la retórica incendiaria en el ecosistema de noticias.

Pero si el último par de años ha dejado algo en claro, es que vivimos en una era en la que el poder de las instituciones está en declive y el de los movimientos sociales va en aumento. Como si la crisis económica de los medios de comunicación no fuera suficiente para generar nubes oscuras en su futuro, el debilitamiento del aparato institucional de la sociedad amenaza con erosionar la infraestructura cultural de cómo los medios de comunicación han producido conocimiento en la historia reciente.¿Puede el periodismo reinventarse para una era pos-institucional?

Los desafíos contemporáneos a la fortaleza de las instituciones provienen principalmente de los movimientos sociales. Desde el #MeToo hasta los chalecos amarillos, esta forma de organización social se ha ido convirtiendo gradualmente en el principal canal para expresar un creciente desencanto generalizado con la capacidad de las instituciones existentes para abordar adecuadamente las inequidades sistémicas en dimensiones claves de la vida social.

El movimiento de los chalecos amarillos en Francia es una ilustración particularmente reveladora de la disminución de la fortaleza de las instituciones. Un colectivo auto-organizado, que depende en gran medida de las redes sociales, que expresa sus afirmaciones con vehemencia, y que aparentemente no está focalizado en alcanzar el consenso, ha desafiado con fuerza los límites de un presidente apoyado… ¡por un partido político de dos años de vida!

Los movimientos sociales no son un nuevo actor colectivo, por supuesto. Su existencia es anterior al momento contemporáneo, y los medios de comunicación solían ser instrumentales para transmitir el mensaje de un movimiento a la ciudadanía. Pero las redes sociales han facilitado que los líderes y miembros de un movimiento se comuniquen entre sí y con la población sin pasar por las organizaciones periodísticas. Para decirlo sin rodeos, los medios ya no median como antes.

Lo que hace que el escenario actual sea tan complicado para la máquina periodística moderna no es solo que los movimientos sean desafíen cada vez con más fuerza el poder de las instituciones, sino que esta tendencia se ha combinado con un discurso público focalizado en reclamar a partir de una retórica con altos niveles de emotividad, y comunicada principalmente en las redes sociales.

Tomados en conjunto, los roles crecientes de los movimientos, los reclamos, las emociones y las redes crean la oportunidad de reinventar al periodismo para este momento pos-institucional.Este proceso podría llevar a las organizaciones de medios hacia un camino que confíe menos que antes en los temas, la información y las perspectivas proporcionadas por los actores institucionales de élite. Esto podría abrir espacios en las noticias para voces que representan los intereses y las preocupaciones de una mayor variedad de grupos cada vez más insatisfechos con las instituciones tradicionales de la sociedad.

La incorporación de una mayor variedad de voces no necesariamente alineadas con actores institucionales de larga data podría llevar a un producto editorial más propenso a interpretar los reclamos y los conflictos de una manera sistémica, en lugar de tratarlos como anomalías episódicas que deben resolverse mediante un consenso orientado institucionalmente.

Los reclamos y los conflictos se suelen transmitir con una tonalidad afectiva mayor. Ponerla en primer plano también invitaría a pasar de racionalizar la emoción a legitimarla en tanto elemento central de cómo se hacen, reciben e interpretan las noticias.

En un mundo en el que miles de millones de personas pasan una gran parte de sus días no solo informándose sino también expresándose en las redes sociales, las organizaciones de medios deberían explorar un giro que fuera de comunicar historias a albergar también las conversaciones acerca de estas, así como a la multiplicidad de historias alternativas que posiblemente surgirían al otorgarle al público la posibilidad de la expresarse y no solamente de informarse.

A pesar de que muchas de las principales organizaciones de medios digitales ofrecen a sus usuarios la posibilidad de reaccionar a las noticias en sus respectivos sitios, a menudo esto parece ser más un plato de acompañamiento que el plato principal. Reorientar al periodismo a escuchar las voces de la multitud podría ser una forma de aprovechar la energía movimientista del momento cultural actual, en 2019 y más allá.

El autor es profesor en el departamento de estudios de la comunicación de Northwestern University en Estados Unidos. Codirector del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO).