Llega el segundo semestre y todas las miradas parecen estar puestas en el futuro económico del país. Desde el pasado 10 de diciembre, la economía argentina vive el logro de objetivos con razonable éxito y sufre por la coyuntura restante aún no solucionada o, como le gusta decir al Gobierno, sin normalizar.
Durante el primer semestre del año, el gabinete económico logró salir con éxito del cepo cambiario, solucionar el problema del default de la deuda, normalizar las reservas cambiarias, y corregir y mantener un tipo de cambio estable. Por el contrario, no consiguió bajar la inflación, sino, por el contrario, con el aumento del tipo de cambio, con el fuerte incremento en los servicios, aceleró el proceso inflacionario, proceso que parece estar comenzando a desacelerarse luego de una caída fuerte en el nivel de actividad.
Entonces, con este panorama ya analizado, ¿qué podemos esperar para el segundo semestre? Sin duda, es toda una incógnita. Por un lado, desde el Gobierno siempre se dijo que el segundo semestre iba a ser el semestre en el que entrarían dólares suficientes para que la economía retomara el rumbo del crecimiento y el desarrollo económicos. Y, en concordancia con esto, un empresario la semana pasada me preguntaba: "¿Vació la pileta para que se llene con los dólares que van a llover?" Y la verdad es que, con la coyuntura actual y con la tendencia de esta, me parece que la entrada de dólares, la tan ansiada entrada de dólares para inversión, infraestructura y otros recién se podría empezar a ver a principio del año que viene.
De hecho, la tendencia actual es que la caída de la actividad económica se profundice y las estimaciones más optimistas indican que el nivel de crecimiento de la economía va a estar en el entorno del uno por ciento. Pero eso no es todo: la coyuntura económica internacional tampoco ayuda. La crisis política y económica del país hermano, Brasil, locomotora del Mercosur, sufre una desaceleración de su demanda, lo que lleva a que los excedentes industriales de su propio mercado interno estén empezando a ser colocados acá, en el país, lo que sin duda acrecienta la oferta de productos y lleva a una mayor caída de la industria nacional.
El otro tema a tener en cuanta es si el tipo de cambio se encuentra otra vez retrasado como consecuencia del incremento sostenido del tipo de cambio. No creo que el dólar vaya a subir sustancialmente en el próximo semestre, es más, lo veo estabilizado en el entorno de los 16 pesos por dólares, ya que el Banco Central ha logrado, en los últimos tiempos, frenar la presión sobre este y también pudo restablecer un cierto nivel de reservas con la entrada de dólares de las exportaciones del campo.
Una situación exógena que puede llevar a la economía y, sobre todo, complicar el mercado cambiario es que los Estados Unidos incrementen la tasa de interés de referencia de su economía, lo que sin duda va a ser una enorme aspiradora de dólares desde todos los rincones del mundo y ello presionaría al tipo de cambio a una situación alcista. Esto va a comenzar a clarificarse en el cortísimo plazo, ya que la próxima reunión de la Federal Reserve (FED, también conocida como Reserva Federal de los Estados Unidos) está prevista para dentro de 15 días.
Por último, la inflación se vio ampliamente acelerada por la corrección el tipo de cambio y por la suba de los servicios públicos, que impactaron fuerte en la corrección de los precios. Si bien en los primeros meses del año, y como consecuencia de lo expuesto anteriormente, se tuvieron picos mensuales de 7%, mientras que el último cálculo se muestra en el entorno del 2,5%, lo que, en forma anualizada, hasta fin de año estaría en el orden del 25 por ciento.
Como conclusión, el objetivo de normalizar y mantener los niveles de inflación comienza a ser alcanzado. Aún falta, pero el problema parece estar dentro de los límites propuesto por el gabinete económico. Pero todavía es necesario que la gente, que el individuo económico sienta en su bolsillo las mejoras económicas. Y eso no se va a ver hasta que la economía restablezca su nivel de actividad y para ello falta que la economía solucione y sobre todo frene la entrada de productos desde Brasil.
Al mismo tiempo, hay que bajar aún más las tasas para que la economía vuelva a tener crédito y que el sector inmobiliario y de la construcción tengan actividad y puedan generar trabajo. Y por último, se requiere que se lance de una vez por todas el tan ansiado plan de infraestructura, que, junto con la reactivación de la construcción, generaría nuevos puestos de trabajo y mejora en los salarios, lo que posibilitaría que el ciudadano viera y sintiera la mejora.
@MCarpineti
El autor es economista (UBA), magíster en Finanzas Corporativas (UCEMA). Consultor económico y financiero, investigador y docente universitario