Otra vez se equivocaron las encuestas. Tal vez ocultando una postura más extremista que lo políticamente correcto, los británicos, por un margen bastante importante, optaron finalmente por la salida de Europa. Más allá de las consecuencias inmediatas y obvias que ya se van registrando en el escenario político de Londres, esta decisión tendrá repercusiones muy potentes de mediano y largo plazo y que no sólo afectarán a Gran Bretaña.

La caída del gobierno de Cameron, primera consecuencia política directa en el Reino Unido, traerá un nuevo Primer Ministro, seguramente también conservador, pero euroescéptico, para comandar el período de dos años que se inicia ahora en el que los británicos deben negociar un nuevo tratado con Bruselas que reemplace el de su membresía plena. Los más pesimistas prevén además un golpe fuerte a su economía porque, de no mediar un buen arreglo, perderían ventajas especiales con su principal socio comercial.

Puede además ponerse en tela de juicio la propia existencia del Reino Unido, debido a la enorme disparidad de criterios entre sus miembros constitutivos, principalmente entre ingleses y escoceses, quienes votaron masivamente por seguir vinculados al resto del continente.

También hay consecuencias para la Unión Europea, lógicamente, ya que esta decisión de los flemáticos habitantes de aquellas islas abre la puerta para cualquier escenario futuro respecto de otros integrantes. Si los ingleses pudieron, por qué no los griegos… y sigue la lista. Además de poner por primera vez en reversa el motor que hasta hace poco parecía imparable de expansión y fortalecimiento de esta unión, que permitiera hace algunas décadas terminar con las guerras y enfrentamientos más sangrientos en los que se enfrentara la especie humana.

Consecuencias para el mundo entero también, ya que reafirma la peligrosa oleada de nacionalismo que se expande por todo el planeta y amenaza con hacerse cargo, vía elecciones, de las principales democracias. Por algo la felicidad y los festejos de Marine Le Pen en Francia y el inefable Donald Trump en los EEUU.

Se viene un mundo más separado y tenso. La historia nos enseña que debemos cuidarnos mucho, cuando los países centrales, temerosos por las consecuencias de las crisis económicas deciden cerrarse, construir muros y exagerar diferencias.

Por último, los argentinos debemos estar muy atentos a las próximas jugadas desde Londres y a las repercusiones que esta decisión pueda acarrear. Mantenemos con esta potencia el único y último conflicto internacional por un territorio que reclamamos como nuestro. Una cosa es discutir nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas contra toda la Unión Europea y otra muy distinta lo será contra un un país aislado, por más ex potencia dominante y Reina de los Mares, que haya sido. Tal vez en ese aspecto se nos abra una oportunidad y el día de hoy marque un hito en una de las pocas políticas de Estado que la Argentina mantiene en sus relaciones internacionales. Tal vez sin quererlo, los británicos con su decisión acercaron algo las Malvinas al resto del continente sudamericano.

@luisrosalesARG

Es analista internacional y co-autor del libro "Francis: A Pope for our Time"