Si bien Brexit es un término desconocido para el común denominador de América Latina, es el término con el que suele aludirse a una hipotética salida de Reino Unido de la Unión Europea. Es una reducción en inglés formada por la unión de Britain ('Gran Bretaña' y, por extensión, Reino Unido) y Exit ('salida').

El próximo 23 de junio, el Reino Unido decidirá si sigue o no en la Unión Europea; los inversores ya empiezan a anticiparse al peor de los escenarios. Pero la mayor preocupación en Europa es que no sólo el Reino Unido tome esta decisión, sino que muchos países que hoy forman parte de la unión puedan, en el corto plazo, tomar la misma vía de negociación con Bruselas.

Según indican diferentes fuentes británicas: "La salida del Reino Unido provocaría efecto dominó en países como Suecia, Dinamarca o los Países Bajos, que exigirían con más fuerza y frecuencia un referendo sobre la permanencia en la Unión Europea" y, además de esto, cabe recordar que, desde el año pasado, Grecia, entre otros países, viene barajando esta posibilidad dada la profunda crisis económica que vive el país helénico.

Sin duda, una salida de la Unión Europea no solucionaría una crisis económica, sí sería un duro golpe para la economía de aquellos países que salgan. Si tomamos el primero de estos ejemplos, Gran Bretaña sufriría una fuerte contracción de su economía si el 23 junio se confirmara la salida de la Unión Europea. De hecho, los inversores institucionales europeos y extra europeos se están anticipando y están corrigiendo su participación en empresas británicas previendo el Brexit.

En cuanto a la economía real, se espera que, de producirse esta salida, Gran Bretaña perdería alrededor de 950 mil empleos para el 2020, lo que incrementaría la tasa de desempleo en un 3%, aproximadamente. Por su parte, el PBI británico se contraería en un 5% para el mismo período de tiempo, lo que supondría una fuerte tormenta para el nivel de actividad económica de Gran Bretaña y una caída de la demanda dada el aumento en los niveles de desempleo.

El ministro de Finanzas británico, George Osborne, hizo público esta semana: "Tendrán que subir mucho las cargas impositivas o recortar en servicios públicos como educación, sanidad o el presupuesto de defensa". Además, agregó: "En caso de Brexit, nos despertaríamos en menos de una semana sin un plan de viabilidad económica, con una profunda inestabilidad financiera y años de incertidumbre, en los que tendrás que apretarte el cinturón. El país no será capaz de mantener la calidad de los servicios públicos actuales".

Los recortes anunciados esta semana, en caso de producirse el Brexit, serían de 30 mil millones de libras en el independiente Instituto de Estudios Fiscales. Para hacer frente, el impuesto a la renta subiría dos puntos, hasta el 22%, y el IVA se incrementaría del 40% hasta el 43%; las cargas fiscales sobre las herencias y las transmisiones patrimoniales también subirían, así como las del alcohol y el petróleo. El ministro también prevé un recorte en torno al 5% en el gasto para policía y transportes.

Como conclusión, sólo resta preguntarse si el efecto probable de la consulta que se está por llevar a cabo no es la salida per se de esos países, sino más bien una puerta a una negociación política profunda de los términos de cooperación y la relación entre el poder político de la Unión Europea ubicado en Bruselas y el Reino Unido, a fin de restablecer y dinamizar la economía de la unión.

Sin lugar a duda, una salida fáctica de Gran Bretaña sería impensada, ya que, de ganar la decisión de salir de la Unión, Reino Unido y Europa se sumergirían en una crisis económica cuyas consecuencias descritas anteriormente no sólo se van a sentir en Gran Bretaña, sino que el efecto derrame que la crisis tendría sobre Europa sería fuerte.

@MCarpineti

 

El autor es economista (UBA), magíster en Finanzas Corporativas (UCEMA). Consultor económico y financiero, investigador y docente universitario