El precio del dólar estadounidense en Colombia cerró la jornada del 20 de febrero en un promedio de $3.691,57. Esto significó una caída de $4,15 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), que se ubicó en $3.695,72.
La divisa norteamericana tuvo un precio de apertura de $3.694,00, tocó un máximo de $3.717,50 y un mínimo de $3.667,00. Además, durante el día, de acuerdo con la plataforma Set-FX, se negociaron más de USD1.374 millones en 1.838 transacciones.
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Con relación a los últimos siete días, el dólar estadounidense anota una subida 1,46%; sin embargo desde hace un año acumula aún una bajada del 10,84%.
Si comparamos el valor con días previos, sumó cuatro sesiones sucesivas en cifras positivas. La volatilidad referente a estos siete días presentó un comportamiento notoriamente inferior a la volatilidad que mostraron las cifras del último año, de modo que en esta última fase está tendiendo menos variaciones de lo esperado.
Narrativa de mercado
El panorama macroeconómico dibuja un entorno global que, en términos relativos, favorece la fortaleza estructural del dólar frente a monedas emergentes como el peso colombiano. La clave no está únicamente en el crecimiento, sino en la combinación entre actividad sólida, inflación persistente y diferenciales de tasas reales.
En Estados Unidos, un PIB anualizado del 3,0% para el 4T25 con un consumo creciendo al 2,5% sugiere una economía que evita el aterrizaje brusco. Más importante aún es que la inflación PCE se mantiene en 2,8% interanual (2,9% subyacente), por encima del objetivo de la Reserva Federal. Esto reduce la probabilidad de recortes agresivos de tasas en el corto plazo. En términos cambiarios, un escenario de higher for longer en tasas estadounidenses sostiene el atractivo de los activos denominados en dólares, comprime los diferenciales frente a emergentes y limita el espacio de apreciación para monedas como el peso colombiano.
Europa y Reino Unido muestran resiliencia, pero sin alterar el liderazgo relativo de EE.UU. El BCE mantiene su tasa de depósito en 2%, con crecimiento salarial cercano al 3%, mientras el PMI compuesto se sitúa en zona expansiva (51,9). Reino Unido presenta superávit fiscal récord y expansión privada sólida. Esto reduce riesgos sistémicos globales, pero no desplaza al dólar como moneda refugio dominante. El resultado es un entorno de dólar estructuralmente fuerte, aunque no necesariamente en modo de apreciación explosiva.
Japón, con inflación en 1,5% y política fiscal activa, mantiene condiciones monetarias aún acomodaticias en términos relativos. Esto limita la presión alcista sobre el yen y refuerza la centralidad del dólar en los flujos globales. En paralelo, México consolida su rol como principal socio comercial de EE.UU., capturando flujos de nearshoring que fortalecen su balanza externa. Para Colombia, esto implica competencia regional por capital productivo y menor ventaja relativa dentro de América Latina.
Brasil muestra señales mixtas, con confianza industrial en contracción (48,2). Esto es relevante porque el real suele actuar como referencia regional de riesgo. Si Brasil enfrenta deterioro productivo, la prima de riesgo latinoamericana podría ampliarse, afectando al peso colombiano por contagio financiero.
En Colombia, el cuadro es más delicado. Un incremento del salario mínimo del 23,7% bajo la figura de Salario Vital en un contexto de inflación proyectada del 6% y tasas del 11% introduce tensiones de segunda vuelta. El riesgo no es solo inflacionario, sino fiscal y financiero. La colocación acelerada de TES por $8,9 billones, superando el cupo previsto, aumenta la oferta de deuda interna y puede presionar las tasas locales al alza si la demanda no acompaña. Si el mercado percibe deterioro en la sostenibilidad fiscal, la prima de riesgo soberano se amplía y el tipo de cambio actúa como variable de ajuste.
El diferencial de tasas nominales entre Colombia (11%) y EE.UU. puede parecer amplio, pero lo relevante es la tasa real y el riesgo percibido. Si la inflación colombiana converge lentamente y el riesgo fiscal aumenta, el carry trade pierde atractivo relativo. Además, el deterioro en la capacidad de pago de los hogares y la vulnerabilidad del sector vivienda pueden afectar la estabilidad bancaria, incrementando la aversión al riesgo sobre activos en peso colombiano.