
El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 4 de febrero de 2026 en un promedio de $4.299,56, lo que representó una subida de 20,89 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de +0,49%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.322,99 y un mínimo de $4.282,86 reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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Teniendo en cuenta la última semana, el euro marca una disminución 0,74%, de modo que desde hace un año aún acumula un descenso del 7,08%.
Con relación a los cambios de este día respecto de días previos, invirtió el resultado de la jornada anterior, donde cerró con un incremento del 0,8%, demostrando que en este contexto no es posible determinar una tendencia. La cifra de la volatilidad fue de 12,14%, que es una cifra inferior al dato de volatilidad anual (16,26%), de manera que podemos decir que está pasando por un periodo de mayor estabilidad en fechas recientes.
Análisis de mercado
El euro volvió a ocupar un lugar central en la lectura del entorno macroeconómico global, apoyado en una dinámica inflacionaria que empieza a despejar dudas sobre la efectividad del ajuste monetario en Europa. En enero de 2026, la inflación anual de la eurozona se moderó hasta el 1,7%, ubicándose por debajo del objetivo del Banco Central Europeo. Este descenso estuvo explicado en buena parte por una fuerte corrección de los precios de la energía, que cayeron 4,1% interanual y por una desaceleración más estructural, la inflación subyacente bajó al 2,2%, su nivel más bajo desde 2021. Para el euro, este escenario combina alivio y cautela, menor presión inflacionaria fortalece la previsibilidad monetaria, aunque la debilidad de los precios industriales, con una caída de 1,7% anual en diciembre, refleja una demanda aún frágil.
Aun así, la actividad no se ha detenido. El PMI compuesto de la Eurozona se ubicó en 51,3 puntos, señal de expansión moderada, lo que sugiere que el bloque avanza hacia un crecimiento de baja intensidad pero más equilibrado. El Reino Unido, aunque fuera del área del euro, refuerza este clima europeo, en enero mostró una aceleración más clara, con un PMI compuesto de 53,7, impulsado por los servicios y una manufactura que volvió a terreno expansivo. Sin embargo, el costo social del ajuste tecnológico empieza a notarse, con la mayor racha de pérdidas de empleo en 16 años, un factor que limita el optimismo de largo plazo.

En contraste, Estados Unidos atraviesa un momento de ruido fiscal que introduce volatilidad en los mercados. La aprobación de un presupuesto por USD 1,2 billones evitó el cierre del Gobierno, pero retrasó la divulgación de estadísticas oficiales, afectando la lectura de corto plazo. Pese a ello, el mercado laboral mantiene señales de resistencia, el empleo privado, medido por ADP, apunta a una creación de 45.000 puestos en enero, por encima del mes previo. Esta resiliencia sostiene al dólar, aunque sin disipar las dudas sobre la sostenibilidad fiscal en un año políticamente sensible.
Asia aporta un matiz más constructivo. China encadena ocho meses consecutivos de expansión, con un PMI de servicios de 52,3 y un índice compuesto en máximos de tres meses. La recuperación permitió generar empleo por primera vez desde mediados de 2025, mientras las autoridades definen sus metas fiscales en la Asamblea Popular Nacional. Este repunte asiático añadió soporte al comercio global y, por extensión, a las monedas emergentes.

En ese grupo, el peso colombiano enfrenta un balance complejo. Por un lado, las exportaciones crecieron 1,3% interanual en diciembre, impulsadas por el oro no monetario y los productos agrícolas, que compensaron la fuerte contracción del sector de hidrocarburos. A esto se suma el crecimiento de las remesas, que alcanzaron casi USD14.000 millones en 2025, una fuente estable de divisas. Por otro lado, la política monetaria sigue siendo restrictiva, el Banco de la República mantiene la tasa en 10,25% y elevó su proyección de inflación para 2026 a 6,3%, presionada por el aumento del salario mínimo. Este contexto limita una apreciación sostenida del peso, aunque le otorga cierto respaldo frente a choques externos.
La agenda bilateral con Estados Unidos, centrada en seguridad, descarbonización e integración energética, aparece como un factor clave para atraer inversión y sostener flujos comerciales superiores a USD30.000 millones. En conjunto, el euro y el peso colombiano reflejan hoy dos realidades distintas, pero conectadas, estabilidad relativa en economías maduras y un equilibrio delicado en mercados emergentes que dependen tanto de fundamentos internos como del pulso global.
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