Hipertensión secundaria: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

Varias son las causas de esta enfermedad, sin embargo, hay diferentes opciones para su tratamiento

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En muchas ocasiones se desconoce que se padece una enfermedad hasta que se presentan síntomas (Infobae/Jovani Pérez)
En muchas ocasiones se desconoce que se padece una enfermedad hasta que se presentan síntomas (Infobae/Jovani Pérez)

La hipertensión arterial secundaria (presión arterial alta secundaria) es la presión arterial alta provocada por otra afección médica. Puede ser causada por afecciones que afectan los riñones, las arterias, el corazón o el sistema endocrino. La hipertensión arterial secundaria también puede producirse durante el embarazo.

La hipertensión arterial secundaria difiere del tipo habitual de presión arterial alta (hipertensión primaria o esencial), que a menudo se conoce simplemente como presión arterial alta.

El tratamiento adecuado de la hipertensión arterial secundaria suele poder controlar tanto la presión arterial alta como la afección que la produce. El tratamiento eficaz reduce el riesgo de complicaciones graves (que incluyen la enfermedad cardíaca, la insuficiencia renal y el accidente cerebrovascular).

Síntomas

Al igual que la hipertensión arterial primaria, la hipertensión arterial secundaria generalmente no tiene signos ni síntomas específicos, incluso si la presión arterial ha alcanzado niveles peligrosamente altos.

Si te han diagnosticado hipertensión arterial y tienes alguno de estos signos, puede que la afección sea hipertensión arterial secundaria:

Hipertensión arterial que no responde a los medicamentos para la presión arterial (hipertensión resistente)

Presión arterial muy alta: presión arterial sistólica por encima de los 180 milímetros de mercurio (mm Hg) o presión arterial diastólica por encima de los 120 Milímetros de mercurio

Hipertensión arterial que ya no responde al medicamento que previamente controlaba tu presión arterial

Hipertensión arterial de aparición repentina antes de los 30 años o después de los 55 años

Ausencia de antecedentes familiares de hipertensión arterial

Ausencia de obesidad

Diagnóstico

Para diagnosticar la hipertensión arterial secundaria, un proveedor de atención médica te tomará una lectura de la presión arterial con un brazalete inflable.

El proveedor de atención médica podría no diagnosticarte hipertensión arterial secundaria basándose en una sola lectura de hipertensión arterial. Pueden requerirse de 3 a 6 mediciones de hipertensión arterial en citas médicas diferentes para diagnosticar la hipertensión arterial secundaria. El control doméstico y ambulatorio de la presión arterial podrían formar parte de estas lecturas. Con el control ambulatorio de la presión arterial, un dispositivo toma las mediciones de la presión arterial automáticamente en momentos específicos a lo largo del día.

Entre otras pruebas que ayudan a precisar la causa de la hipertensión arterial, se podrían incluir las siguientes:

Análisis de sangre. Se suelen realizar análisis de sangre para controlar los niveles de potasio, sodio, creatinina, glucosa en la sangre, colesterol total y triglicéridos, entre otros.

Una prueba de orina (análisis de orina). Una prueba de orina puede contener marcadores que podrían indicar afecciones que causan hipertensión arterial.

Ecografía de los riñones. Muchas afecciones renales están relacionadas con la hipertensión arterial secundaria. En esta prueba no invasiva, un técnico mueve un pequeño dispositivo manual, llamado transductor, sobre el área que se va a examinar. El transductor envía ondas sonoras al cuerpo, recoge las que rebotan y las envía a una computadora. Luego, la computadora genera imágenes de los riñones.

Electrocardiograma (o electrocardiografía). Esta prueba indolora y no invasiva registra las señales eléctricas del corazón. Puede ayudar a determinar si la hipertensión arterial secundaria podría deberse a un problema cardíaco. Durante esta prueba, se colocan sensores (electrodos) en el pecho y, a veces, en las extremidades. Los sensores se conectan a una computadora que registra la información de las señales eléctricas del corazón y la muestra en forma de ondas en un monitor o en papel. Esta prueba muestra cómo late el corazón.

Electrocardiograma (o electrocardiografía). Esta prueba indolora y no invasiva registra las señales eléctricas del corazón. Puede ayudar a determinar si la hipertensión arterial secundaria podría deberse a un problema cardíaco.

Durante esta prueba, se colocan sensores (electrodos) en el pecho y, a veces, en las extremidades. Los sensores se conectan a una computadora que registra la información de las señales eléctricas del corazón y la muestra en forma de ondas en un monitor o en papel. Esta prueba muestra cómo late el corazón.

 Cada enfermedad tiene una o varias formas de diagnosticarla para así detectarla y luego combatirla (EFE)
Cada enfermedad tiene una o varias formas de diagnosticarla para así detectarla y luego combatirla (EFE)

Tratamiento

El tratamiento para la hipertensión arterial secundaria incluye el tratamiento de la afección médica que la provoca con medicamentos o cirugía. Una vez que se trata dicha afección, la presión arterial puede disminuir o volver a la normalidad.

El tratamiento puede implicar seguir tomando el medicamento para la presión arterial. La afección médica subyacente podría afectar la elección del medicamento.

Las posibles opciones de medicamentos incluyen las siguientes:

Diuréticos tiazídicos. Los diuréticos son medicamentos que ayudan a los riñones a eliminar el sodio y el agua. A menudo, los diuréticos tiazídicos son la primera opción de medicamentos para tratar la presión arterial alta; sin embargo, no son la única. Los diuréticos suelen ser genéricos y, por ende, menos costosos que otros medicamentos para tratar la presión arterial alta. Si no tomas diuréticos y sigues teniendo presión arterial alta, habla con el proveedor de atención médica acerca de agregar o reemplazar un medicamento que tomas por algún diurético. Los posibles efectos secundarios de los diuréticos incluyen debilidad, calambres en las piernas y un mayor riesgo de tener problemas sexuales.

Betabloqueadores. Los betabloqueadores reducen la carga sobre el corazón y abren los vasos sanguíneos. Esto hace que el corazón lata más despacio y con menos fuerza. Estos medicamentos por sí solos no son tan eficaces en las personas afroamericanas, aunque sí lo son cuando se combinan con un diurético tiazídico. Los posibles efectos secundarios comprenden cansancio, problemas para dormir, reducción de la frecuencia cardíaca y frío en las manos y los pies. Por lo general, los betabloqueadores no están indicados para personas que sufren asma, ya que pueden aumentar los espasmos musculares en los pulmones.

Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA). Estos medicamentos ayudan a relajar los vasos sanguíneos al bloquear la formación de una sustancia química natural que hace que estos se estrechen. Los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina pueden ser especialmente importantes para tratar la presión arterial alta en personas que padecen enfermedad de las arterias coronarias, insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal. Al igual que los betabloqueadores, los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina no son tan eficaces en las personas afroamericanas cuando se recetan solos, pero sí lo son cuando se combinan con un diurético tiazídico. Los posibles efectos secundarios incluyen mareos y tos. Los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina no deben tomarse durante el embarazo.

Antagonistas del receptor de la angiotensina II. Estos medicamentos ayudan a relajar los vasos sanguíneos al bloquear la acción de una sustancia química natural que hace que estos se estrechen. Al igual que los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, los antagonistas del receptor de la angiotensina II suelen ser útiles para las personas que padecen enfermedad de las arterias coronarias, insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal. Estos medicamentos tienen menos probabilidades de causar efectos secundarios que los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina. Los antagonistas del receptor de la angiotensina II no deben usarse durante el embarazo.

Bloqueadores de los canales de calcio. Estos medicamentos relajan los músculos de los vasos sanguíneos o disminuyen la frecuencia cardíaca. Los bloqueadores de los canales de calcio pueden ser más eficaces en algunas personas con respecto a los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina o los betabloqueadores solos. Los posibles efectos secundarios comprenden retención de líquido, mareos y estreñimiento. El jugo de toronja (pomelo) interactúa con algunos bloqueadores de los canales de calcio al aumentar los niveles del medicamento en la sangre e incrementar el riesgo de tener efectos secundarios. Consulta con el proveedor de atención médica o el farmacéutico si el jugo de toronja (pomelo) afecta el medicamento que tomas.

Inhibidores directos de la renina. Estos medicamentos relajan y dilatan las arterias al prevenir la acción de la proteína (enzima) llamada renina. Un ejemplo de un inhibidor directo de la renina es el aliskiren (Tekturna). Los efectos secundarios frecuentes del aliskiren incluyen mareos y diarrea. Las personas que tienen diabetes o problemas renales de moderados a graves no deben usar aliskiren en combinación con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina ni antagonistas del receptor de la angiotensina II.

Diuréticos tiazídicos. Los diuréticos son medicamentos que ayudan a los riñones a eliminar el sodio y el agua. A menudo, los diuréticos tiazídicos son la primera opción de medicamentos para tratar la presión arterial alta; sin embargo, no son la única.

Los diuréticos suelen ser genéricos y, por ende, menos costosos que otros medicamentos para tratar la presión arterial alta. Si no tomas diuréticos y sigues teniendo presión arterial alta, habla con el proveedor de atención médica acerca de agregar o reemplazar un medicamento que tomas por algún diurético. Los posibles efectos secundarios de los diuréticos incluyen debilidad, calambres en las piernas y un mayor riesgo de tener problemas sexuales.

Betabloqueadores. Los betabloqueadores reducen la carga sobre el corazón y abren los vasos sanguíneos. Esto hace que el corazón lata más despacio y con menos fuerza. Estos medicamentos por sí solos no son tan eficaces en las personas afroamericanas, aunque sí lo son cuando se combinan con un diurético tiazídico.

Los posibles efectos secundarios comprenden cansancio, problemas para dormir, reducción de la frecuencia cardíaca y frío en las manos y los pies. Por lo general, los betabloqueadores no están indicados para personas que sufren asma, ya que pueden aumentar los espasmos musculares en los pulmones.

Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA). Estos medicamentos ayudan a relajar los vasos sanguíneos al bloquear la formación de una sustancia química natural que hace que estos se estrechen. Los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina pueden ser especialmente importantes para tratar la presión arterial alta en personas que padecen enfermedad de las arterias coronarias, insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal.

Al igual que los betabloqueadores, los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina no son tan eficaces en las personas afroamericanas cuando se recetan solos, pero sí lo son cuando se combinan con un diurético tiazídico. Los posibles efectos secundarios incluyen mareos y tos. Los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina no deben tomarse durante el embarazo.

Antagonistas del receptor de la angiotensina II. Estos medicamentos ayudan a relajar los vasos sanguíneos al bloquear la acción de una sustancia química natural que hace que estos se estrechen. Al igual que los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, los antagonistas del receptor de la angiotensina II suelen ser útiles para las personas que padecen enfermedad de las arterias coronarias, insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal.

Estos medicamentos tienen menos probabilidades de causar efectos secundarios que los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina. Los antagonistas del receptor de la angiotensina II no deben usarse durante el embarazo.

Bloqueadores de los canales de calcio. Estos medicamentos relajan los músculos de los vasos sanguíneos o disminuyen la frecuencia cardíaca. Los bloqueadores de los canales de calcio pueden ser más eficaces en algunas personas con respecto a los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina o los betabloqueadores solos. Los posibles efectos secundarios comprenden retención de líquido, mareos y estreñimiento.

El jugo de toronja (pomelo) interactúa con algunos bloqueadores de los canales de calcio al aumentar los niveles del medicamento en la sangre e incrementar el riesgo de tener efectos secundarios. Consulta con el proveedor de atención médica o el farmacéutico si el jugo de toronja (pomelo) afecta el medicamento que tomas.

Inhibidores directos de la renina. Estos medicamentos relajan y dilatan las arterias al prevenir la acción de la proteína (enzima) llamada renina. Un ejemplo de un inhibidor directo de la renina es el aliskiren (Tekturna).

Los efectos secundarios frecuentes del aliskiren incluyen mareos y diarrea. Las personas que tienen diabetes o problemas renales de moderados a graves no deben usar aliskiren en combinación con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina ni antagonistas del receptor de la angiotensina II.

En ocasiones, el tratamiento para la hipertensión arterial secundaria puede ser complicado. Es posible que se necesite tomar más de un medicamento, en combinación con cambios en el estilo de vida, para controlar la presión arterial alta. El proveedor de atención médica querrá verte con mayor frecuencia hasta que se te estabilice la presión arterial, posiblemente una vez por mes. También puede recomendarte que lleves un registro de la presión arterial en tu casa.