Entre 2023 y 2025, el sector turístico de Nicaragua sufrió un severo revés al perder más de 120,000 visitantes internacionales. En ese mismo período, las llegadas por vía aérea experimentaron un vertiginoso desplome del 40%, evidenciando la fragilidad de un rubro cuya aparente recuperación estuvo inflada artificialmente por factores ajenos al flujo turístico real.
Durante casi dos años, las cifras oficiales mostraron una dinámica distorsionada debido al paso masivo de migrantes en tránsito irregular. Estos flujos migratorios —principalmente procedentes de Haití, Cuba y otras naciones que utilizaban Managua como trampolín hacia Norteamérica— abultaron de forma coyuntural las métricas del transporte aéreo y la captación de ingresos aeroportuarios.
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Sin embargo, tras el cierre progresivo de este corredor migratorio bajo presión internacional y la posterior imposición de medidas como visados consultados a más de 120 países, la cortina de humo cayó, dejando expuesto el verdadero estancamiento del sector.
El escenario posterior al fin del auge migratorio revela transformaciones profundas en la estructura del turismo nicaragüense. De acuerdo con datos consolidados del Banco Central de Nicaragua (BCN) para el año 2025:
- Dominio del mercado interno: El 77.4% del valor del consumo turístico en el país no proviene del visitante extranjero, sino del consumo local y el mercado interno (sumando el turismo interno y las dinámicas asociadas).
- Cambio en las vías de ingreso: La vía aérea dejó de ser la puerta de entrada predilecta. Hacia 2025, las llegadas terrestres pasaron a concentrar el 62.1% del total de visitantes (670,375 personas), reflejando una severa contracción del turismo de larga distancia y una fuerte dependencia de flujos regionales. La vía aérea cayó a 394,541 pasajeros en 2025.
- Concentración geográfica regional: El 52.9% de los turistas que pernoctan provienen de Centroamérica, mientras que mercados clave de alto gasto como Europa redujeron su cuota a apenas un 7.9%.
- Estructura de oferta y consumo: Aunque el país registró 1,125 hoteles y 14,229 habitaciones en 2025, la mayor parte del valor agregado turístico provino del sector de restaurantes y similares (35.8%) y servicios no específicos.
El impacto del régimen de Daniel Ortega y el «estado policial»
La falta de recuperación estructural en Nicaragua se encuentra directamente ligada a la crisis sociopolítica sostenida que atraviesa el país desde 2018 bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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Diversos análisis del sector y organismos internacionales coinciden en que el deterioro de la imagen país, sumado a las trabas consulares y la inseguridad jurídica, limitan de forma radical cualquier intento de reactivación.
A esto se le suma la instauración de un “estado policial de facto”. Múltiples reportes, testimonios de viajeros y coberturas periodísticas independientes señalan que los turistas internacionales enfrentan un clima constante de vigilancia, hostigamiento y controles arbitrarios al ingresar o desplazarse por el territorio.
La presencia intimidante de fuerzas policiales y paramilitares en las calles, los policías fronterizos, el decomiso arbitrario de equipos de fotoperiodismo o filmación y los casos de expulsión o detención de extranjeros por meras publicaciones en redes sociales han creado un entorno sumamente hostil.
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Esta situación ha provocado que potencias internacionales como Estados Unidos mantengan alertas de viaje que recomiendan “reconsiderar los viajes” a Nicaragua debido a la aplicación arbitraria de las leyes, el riesgo de detenciones injustificadas y la limitada capacidad de asistencia consular.
Mientras vecinos centroamericanos como Costa Rica, El Salvador o Guatemala registran cifras récord en captación de divisas y flujo de visitantes, Nicaragua queda rezagada.
La insistencia del régimen en proyectar una imagen de normalidad choca frontalmente con la realidad de las fronteras y los aeropuertos: un país con un atractivo natural innegable pero atrapado en un aislamiento político y diplomático que disuade al turismo internacional y ahoga la competitividad económica nacional.
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