La Gran Confederación Opositora Nicaragüense denunció la detención de Thelma Montenegro por parte de la Policía sandinista en el municipio de Pantasma, Jinotega, en el norte de Nicaragua. La organización opositora calificó el hecho como un nuevo acto de persecución política contra la familia Montenegro, reconocida en la región por haber sido objeto de hostigamiento y violencia asociada al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Según la denuncia pública, Thelma Montenegro fue arrestada cuando se presentó en la delegación policial local para renovar su licencia de conducir. Desde el momento de la detención, sus familiares no han recibido información oficial sobre los motivos del arresto ni sobre su estado de salud, lo que ha generado profunda preocupación. La Gran Confederación Opositora Nicaragüense exigió la libertad inmediata de Montenegro y responsabilizó al régimen por su integridad física y psicológica.
La familia Montenegro enfrenta una historia marcada por la violencia y la represión. Reportes de allegados y publicaciones en redes sociales del periodista nicaragüense Miguel Mendoza documentan que varios integrantes del núcleo familiar han sido víctimas directas. Entre ellos, los hermanos de Thelma, Edgar Montenegro y Oliver José Montenegro, su sobrino Yalmar Montenegro y su esposo Francisco Blandón, quienes fueron asesinados en circunstancias que la familia vincula con actores afines a la dictadura. Otros miembros permanecen en el exilio, mientras los padres de Thelma viven bajo temor constante.
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La detención de Montenegro ocurre en un contexto de represión sostenida que afecta a opositores y críticos del régimen sandinista. Organizaciones internacionales han documentado un aumento en las detenciones arbitrarias en Nicaragua. De acuerdo con la Asociación Memoria y Justicia por Nicaragua (AMJ), al 31 de julio de 2026, al menos 60 opositores permanecen encarcelados, incluidos 23 en condición de desaparición forzada. La cifra representa un incremento frente a meses anteriores, reflejando la intensificación del control estatal sobre la disidencia.
Estos datos cuentan con el aval de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que también ha denunciado la falta de garantías judiciales y la ausencia de información transparente sobre los detenidos.
El Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, respaldado por la CIDH, reportó en junio que al menos 46 personas consideradas opositoras o críticas se encuentran privadas de libertad en cárceles nicaragüenses. De ese total, nueve han muerto bajo custodia estatal en los últimos siete años y un número similar está en situación de desaparición forzada. Se ha evidenciado que el 26% de los presos políticos pertenece a comunidades indígenas, 21% a sectores campesinos y 15% proviene del aparato estatal o tuvo vínculos previos con el oficialismo.
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La Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) advirtió en su último informe que el riesgo de sufrir tortura en los centros de detención nicaragüenses es “muy alto”. Instalaciones como El Chipote y La Modelo han sido señaladas como escenarios donde se aplican métodos de tortura y tratos crueles, incluyendo violencia sexual, descargas eléctricas y aislamiento prolongado. Desde 2018, ocho presos políticos han muerto bajo custodia, y la OMCT destaca que no se ha abierto ninguna investigación oficiosa ni se han dictado sanciones contra funcionarios penitenciarios.
En una reciente audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), bloques de organizaciones humanitarias denunciaron la persistencia de detenciones políticas y desapariciones forzadas, así como el desacato del Estado nicaragüense a resoluciones internacionales que ordenan la liberación de personas presas por motivos políticos. Las condiciones dentro de las cárceles fueron descritas como incompatibles con la dignidad humana: celdas sin ventilación, iluminación permanente, falta de agua y comida adecuada, ausencia de atención médica y aislamiento de familiares y abogados.
La situación de Thelma Montenegro se inscribe en este patrón de represión y persecución política, marcado por la ausencia de información oficial sobre los motivos de detención y el estado de las personas arrestadas. Familiares y allegados exigen respuestas y garantías para la protección de sus derechos fundamentales, mientras el clima de temor y silencio se afianza en amplios sectores de la sociedad nicaragüense.
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