El eco de los impactos de bala rompió la tensa calma de la noche en el sureste de Austin, Texas. Era el lunes 15 de junio de 2026. A las 10:47 p.m., el estacionamiento del establecimiento AutoZone, ubicado en el 2237 East Riverside Drive, se convirtió en el escenario de una tragedia que cruzó fronteras. Allí, entre herramientas, vehículos a medio reparar y la luz neón del negocio, yacía el cuerpo de José Salgado Amador, un joven mecánico nicaragüense de 28 años cuyo único pecado fue trabajar hasta tarde para sacar adelante a su familia.
José, originario de la humilde comunidad de Pueblo Viejo en Matagalpa, Nicaragua, se había ganado el respeto y el cariño de la comunidad hispana en Texas. Sus clientes lo describían como un hombre servicial, de una amabilidad inquebrantable y de absoluta confianza.
“Era un muchacho muy querido, siempre tenía clientes, siempre estaba lleno de gente que confiaba en él”, relató con la voz entrecortada Rosa Nieto, clienta y amiga cercana de la víctima. Para muchos, José no solo arreglaba motores; era un punto de apoyo en un entorno que a menudo se torna hostil para los migrantes.
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La rutina de trabajo del nicaragüense se interrumpió de forma abrupta cuando un sujeto desconocido se le acercó con intenciones criminales. Según las investigaciones preliminares de los detectives del Departamento de Policía de Austin, el individuo abordó al mecánico con el único propósito de despojarlo de sus pertenencias.
En un instante de vulnerabilidad y violencia ciega, el delincuente sacó un arma de fuego y, tras un presunto intento de resistencia o por pura saña, disparó en repetidas ocasiones contra José antes de darse a la fuga a pie y perderse entre las calles aledañas.
La alerta llegó a los servicios de emergencia como un reporte de tiroteo. Al llegar al lugar, los oficiales de policía encontraron a Salgado Amador herido de gravedad en el pavimento.
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A pesar de los esfuerzos por trasladarlo rápidamente a un centro hospitalario para salvarle la vida, los médicos no pudieron hacer nada ante la gravedad de los impactos. José fue declarado muerto a las 11:56 p.m., dejando una viuda y a una pequeña hija de apenas cuatro años en la orfandad.
La caza del sospechoso y el clamor de justicia
Las autoridades locales no han detenido las investigaciones. Gracias a las cámaras de seguridad de los establecimientos cercanos, la policía obtuvo secuencias de video clave. En las imágenes se observa el momento exacto en que el implicado sale huyendo a toda prisa por varias calles antes de abordar un vehículo para escapar.
El sospechoso ha sido descrito preliminarmente como un joven de origen hispano, de entre 15 y 20 años de edad. Para acelerar su captura, la Policía de Austin ha distribuido las imágenes y ofrece una recompensa de hasta mil dólares a cualquier persona que brinde información fidedigna que conduzca al arresto del homicida.
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La urgencia comunitaria es máxima: exigen que el responsable pague ante la ley por destruir a una familia. “Solo queremos que se haga lo justo”, expresaron de manera rotunda los allegados de la víctima.
Mientras la policía busca al criminal, en Nicaragua el dolor se transforma en una carrera contrarreloj. Desde Matagalpa, los padres de José esperan el regreso de su hijo, pero no de la forma en que lo soñaron. La familia necesita recaudar más de $10,000 dólares para costear los trámites de repatriación del cuerpo y poder brindarle una cristiana sepultura en su tierra natal.