Las cifras recientes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) confirman una tendencia histórica: el 8% de la población total de Nicaragua reside actualmente en los Estados Unidos, un dato que refleja la magnitud del éxodo que vive el país centroamericano.
De acuerdo con el informe de la CBP, esta proporción supera a la de otras naciones con fuertes movimientos migratorios hacia territorio estadounidense, como Cuba (7%), Haití (6%) y Honduras (5%).
Según datos consolidados por la Oficina, la migración nicaragüense hacia Estados Unidos experimentó un salto abrupto desde 2018. Hasta ese año, el flujo de migrantes era principalmente circular y tenía como destino principal a Costa Rica.
El estallido de la crisis política y social de 2018 marcó el inicio de una nueva etapa. Lo que comenzó como un goteo de exiliados políticos se transformó rápidamente en una salida masiva de familias enteras que buscan seguridad y estabilidad económica fuera de Nicaragua.
De acuerdo con expertos, la principal causa de este fenómeno radica en la persecución política y el cierre de espacios democráticos en Nicaragua. El endurecimiento de las restricciones a la oposición, junto con la criminalización de las voces críticas, disparó la salida de miles de ciudadanos. Para la CBP, el éxodo se intensificó tras las elecciones de 2021, en las que se consolidó el control del gobierno sobre todas las instituciones del país.
Las remesas y los nuevos flujos migratorios redefinen la economía y la sociedad nicaragüense
El impacto económico de la migración transnacional es innegable. Datos del Banco Central de Nicaragua citados por The Wall Street Journal muestran que las remesas enviadas desde el exterior representan actualmente entre el 27% y el 30% del Producto Interno Bruto (PIB) nicaragüense.
Este flujo de dinero, proveniente principalmente de Estados Unidos, se ha convertido en el principal sostén de la economía local. “La migración es ahora nuestro mayor producto de exportación”, indicó un economista consultado por The Wall Street Journal.
A partir de 2023, la implementación de vías legales como el Parole Humanitario facilitó la salida de un nuevo segmento de la población: profesionales y jóvenes que buscan oportunidades laborales y educativas en territorio estadounidense. La respectiva Oficina aboga que, estos programas aceleraron el proceso de reunificación familiar y permitieron que miles de nicaragüenses regularizaran su situación migratoria de forma expedita.
El fenómeno migratorio ha dejado huellas profundas tanto en Nicaragua como en las ciudades de acogida en Estados Unidos. En lugares como Miami, la comunidad nicaragüense dejó de ser una minoría discreta para convertirse en una fuerza económica y cultural en crecimiento.
Sin embargo, muchos migrantes solicitan protección bajo el Estatus de Protección Temporal (TPS) o el asilo, mientras luchan por integrarse y aportar a la sociedad estadounidense.
La fuga de talento y el papel central de la migración en la nueva identidad nicaragüense
Uno de los efectos más preocupantes del éxodo es la pérdida de capital humano. Nicaragua está perdiendo a una generación joven y calificada, lo que plantea interrogantes sobre el futuro del país. Las familias nicaragüenses, según reportes de la CBP, suelen tener al menos a un miembro residiendo en Estados Unidos, lo que transforma la migración en un elemento central de la identidad nacional.
Por lo que, la migración masiva ha redefinido la relación de Nicaragua con su diáspora y con Estados Unidos, mientras el porcentaje de ciudadanos viviendo fuera de sus fronteras sigue creciendo.