Del interior al puerto: el flete que define si una exportación es rentable

Patricia Esposto, responsable de comex de una empresa que se dedica a la citricultura, repasa el auge exportador argentino y por qué la infraestructura vial y portuaria define la competitividad

Patricia Esposto
Patricia Esposto es responsable de comex de una empresa que se dedica a la citricultura (Foto: Movant Connection)
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“Una operación no termina cuando subís el producto al buque”. Con más de dos décadas en comercio exterior, Patricia recorre el peso de los costos logísticos que no se contemplan, las exigencias de sustentabilidad de los compradores, el control de cada operación de punta a punta y el lugar que hoy ocupa la inteligencia artificial en la gestión diaria.

¿Cómo ves hoy la actualidad del comercio exterior argentino?

La actualidad en cuanto a las exportaciones es muy prometedora. Según los datos del INDEC, de enero a agosto hay 67.000 millones de dólares de exportación y 49.000 millones de importación. Las importaciones bajaron y las exportaciones están continuamente subiendo, con un crecimiento interanual del 21%.

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Eso habla de que Argentina se está transformando cada vez más en una potencia exportadora. Y no solo por lo que siempre la impulsó, que es el sector agroindustrial y la producción primaria, sino porque hoy se suman dos motores más: la energía y la minería.

A principios de septiembre estuve en una feria. Me imaginaba que había una gran explosión en el crecimiento de esos dos sectores, pero me sorprendió mucho más, y para bien. Lo que viene para los próximos años va a ser mucho mejor de lo que alguna vez estuvimos.

Cuando se sale a un nuevo mercado, ¿qué peso tiene la logística en el análisis de una operación?

La logística es fundamental. Una operación no arranca cuando estás fabricando el producto: tenés que contemplar todos los costos, incluso los financieros. Podés tener un buen precio con tu comprador, un producto excelente y cumplir con la normativa y con los requisitos fitosanitarios.

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Pero cuando ese producto llega a destino, si hay problemas con la documentación o demoras, aparece un costo logístico que no tenías contemplado. Y eso termina transformando una operación que era rentable en una operación con pérdidas.

¿Qué lugar ocupa la infraestructura en esa ecuación?

Hay muchos productos en el interior del país, y lamentablemente el puerto principal es el de Buenos Aires. Si tenés que trasladarlos desde Tucumán o Salta, hay un costo de roundtrip y de flete interno muy alto, que muchas veces termina costando lo mismo que un flete de China a Argentina. Apostar a la infraestructura es la forma de tener más capacidad de exportación en el futuro.

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"El comercio exterior me apasiona porque tiene imponderables, desafíos: no hay una operación igual a otra", destaca Patricia (Foto: Shutterstock)

La sustentabilidad está cada vez más presente en la agenda del comercio exterior. ¿Qué peso tiene hoy y llegó para quedarse?

Absolutamente. Cuando vas a introducirte en un nuevo mercado, los clientes te pasan todo un listado, un formulario de requisitos que tenés que cumplir, y cada vez más piden que tu negocio sea sustentable y que cuide el medio ambiente.

Obviamente implica una inversión para las empresas, la de adaptarse y cumplir con esos requisitos, pero es algo que debe hacerse. Hoy no es optativo: si querés venderle a ese cliente, vas a tener que invertir para que tu producto cumpla con la normativa que te exige.

Llevás más de 20 años en el comercio exterior. ¿Qué es lo que más te atrapa de la actividad?

El comercio exterior me apasiona porque tiene imponderables, desafíos: no hay una operación igual a otra. Coordino desde el inicio hasta el fin. Una operación no termina cuando subís el producto al buque: termina cuando le cobrás a ese cliente y te paga en tiempo y forma.

En la importación pasa lo mismo: hay que tener todo controlado dentro de ciertos márgenes para evitar sorpresas, que en comercio exterior se traducen en extracostos. Si el producto importado sale más económico que el nacional, perfecto, pero la comparación tiene que hacerse con todos los gastos involucrados.

Por eso es muy importante tener un análisis muy detallado de la operación y controlar las desviaciones de cerca. Si no, te podés llevar sorpresas que en comercio exterior son de varios miles de dólares, y eso es algo que nadie quiere.

¿Qué cambió la tecnología, y en particular la inteligencia artificial, en la operación diaria?

Creo que es espectacular, yo la uso muchísimo. Te permite controlar la documentación mucho más rápido, te detecta discrepancias, te sugiere las mejores rutas y podés hacer todo el análisis de costos de una forma mucho más ágil. También te ayuda en el análisis estratégico.

No tenemos que tenerle miedo, viene a potenciarnos. Como seres humanos tenemos algo que la IA no tiene, que es el pensamiento crítico. Tenemos conocimiento y experiencia, y eso permite tomar decisiones con criterio: después de muchos años, uno sabe dónde tener cuidado para que no le vuelva a pasar lo de una importación anterior.

¿Qué hace falta para aprovechar este momento exportador?

Estamos viviendo un auge de la exportación, de la minería y de la energía, con un montón de procesos que se simplificaron: ya no existe la SIRA y tenemos Exporta Simple, entre otros factores que hacen que este sea un momento excepcional para exportar. Pero también necesitamos que se acompañe de competitividad.

Pasemos de ser un país que exporta materia prima a uno que exporta valor agregado, porque en dólares significa mucho más. Sigamos exportando materia prima, pero apostemos a desarrollar productos con más valor agregado. Un producto nuevo también es una oportunidad para explorar nuevos mercados. Soy muy optimista en cuanto al futuro del país.

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