Después de años de exportar, Roberto tiene una certeza: “No hay quien pueda ir a solucionar un problema: a cada lugar el elemento tiene que llegar perfecto”. En la charla repasa cómo la apertura importadora cambió el acceso a insumos y la competencia, y por qué la posventa pesa frente al producto importado. También cuenta qué espera de un proveedor logístico cuando algo demora en el camino y por qué la mano del ebanista sigue marcando la diferencia.
¿Qué diferencia a una empresa que simplemente resiste de una que logra adaptarse y seguir creciendo en la Argentina?
Creo que hay una mezcla de resistencia y de adaptación. Uno tiene que moverse con los cambios, es indefectible, pero el foco está puesto en un nicho que busca siempre la diferencia. Eso permite mantener un nombre que se relaciona con la excelencia. Y hacer lo que no quiere hacer nadie, porque es complejo, da muchas oportunidades, tanto en lo residencial como en lo corporativo.
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¿Cómo impactó la apertura importadora en un rubro tan particular como el del mueble de diseño?
Se siente. Con esta apertura, digamos, indiscriminada, por un lado se facilitó la importación de insumos, que antes era una gran dificultad. Eso incluye la tecnología de los herrajes y muchas otras cosas, como la domótica. Fue un cambio importante para la fabricación.
Pero también trae aparejado que cualquiera puede traer algo de cualquier parte del mundo, y ahí se compite directamente con un comercio internacional donde lo único que juega a favor es la distancia, por el costo de la logística.
Después está el tema de la posventa, que influye mucho. Ser muy rígidos en mantener al cliente o a la empresa con mucho servicio y en garantizar lo que se hace siempre levantó la marca. Un producto importado que tenga un problema no se soluciona con la misma facilidad, y eso influye en el pensamiento del cliente.
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Cuando se trabaja con piezas grandes y de alto valor, ¿qué desafíos aparecen en la logística de entrega?
La logística es un punto importante por el nivel de producto que se hace. Cómo llega ese producto al departamento o al piso es clave. Hay edificios muy altos, y el producto ya tiene que estar pensado para saber cómo va a entrar en ese lugar.
Con las medidas siempre se analiza. Se mandan técnicos a ver la entrada, por dónde va a subir, por dónde va a entrar y qué características tiene que tener. Hubo hasta sillones muy grandes que hubo que hacer casi desarmables para poder entrarlos.
Después de tantos años exportando a Estados Unidos, ¿qué aprendiste sobre cómo tiene que viajar un mueble y qué buscan otros mercados?
Con la experiencia de tantos años de exportar se aprendió mucho sobre lo que se envía, porque no hay retorno. No hay quien pueda ir a solucionar un problema: a cada lugar el elemento tiene que llegar perfecto. Para eso, posiblemente, se hace un embalaje un poco exagerado, con todas las protecciones necesarias.
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Hoy, en líneas generales, los productos que se importan vienen muy bien embalados para cada elemento. En este caso los embalajes son casi también artesanales, porque las piezas son todas diferentes. No hay un producto que tenga una caja exacta con un envase especial. Eso lo hace distinto, y también complejo.
En cuanto a los mercados, creo que se normalizó mucho. Antes los muebles italianos, vamos a suponer, no entraban en Estados Unidos. Hoy las tendencias se globalizaron. Vas a la Feria de Milán y sacás una enriquecedora cantidad de elementos que te marcan una línea, y en esa línea se apoya lo que busca el consumidor en cualquier mercado.
¿Cómo se organiza la distribución y qué valorás de quienes te proveen servicios logísticos?
Internamente hay un mix: camiones propios que hacen la logística cercana, hasta Córdoba o Salta. La internacional, obviamente, no se hace con recursos propios. Ahí se sale a buscar en el escenario de la logística a quienes puedan dar ese servicio.
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Me parece muy importante que al cliente lo mantengan al tanto de los problemas que van trabando la llegada del producto. Nunca se sabe qué pasa en el camino: lo que pasó en Oriente con la guerra, lo que a veces pasa en la aduana brasilera. Siempre hay algo en el canal rojo, siempre hay algo que demora.
Eso siempre es una preocupación, pero quienes brindan el servicio están siempre buscando la solución, y la experiencia termina siendo satisfactoria. Hoy la logística internacional en Argentina, dentro de lo que yo conozco, funciona muy bien.
¿Cómo convive el trabajo artesanal con la inteligencia artificial y la automatización?
La IA es un desafío enorme, y por momentos me asusta ver tanto cambio y tan rápido. Pero creo que el camino que nace desde el arte, desde lo más manual y la creatividad, está un poco más defendido que la automatización de hacer mobiliario en gran escala.
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No es lo mismo un pantógrafo que repite un producto 50 veces exactamente igual que una mano que talla un elemento y lo hace único. Hay un toque de diferencia, y ese es el valor: darle valor humano. Por eso en la misma fábrica se creó hace unos cuantos años una escuela de ebanistería. Vienen chicos de 21, 23 o 25 años a aprender. Si aguantan el ritmo y son serios, se transforman en ebanistas de la firma, con una continuidad laboral importante.
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