“La relación perfecta en todo este negocio de supply chain es cliente-compra”. Para Eliot, esa conexión es la base para evaluar lo que se compra y detectar dónde se puede mejorar. Desde su recorrido en consumo masivo, energía y oil & gas, repasa cómo se coordinan proveedores, operadores logísticos y comercio exterior, qué pasa cuando un insumo crítico no llega y qué lugar ocupan la formación y la inteligencia artificial.
¿Cómo se logra una coordinación precisa en una industria como el oil & gas, donde todo está encadenado y nada puede fallar?
Hay una analogía que me encanta, que es la del baile invisible. En toda industria existe un baile que el consumidor no ve y que solo entiende quien está adentro. Los actores de ese baile son las empresas de comercio exterior, las que prestan logística y las que prestan servicios, y cada una tiene que cumplir su papel correspondiente.
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Cuando todos están en sincronía y en tiempo, el baile pasa invisible, y eso es lo que debería pasar normalmente: el cliente o el consumidor final no se tiene que enterar de los problemas. Pero cuando un material o un servicio no puede llegar, o cuando un producto crítico que está en el exterior por alguna circunstancia no va a llegar, ese baile se desajusta.
¿Y qué se hace cuando ese baile se desajusta?
En ese desajuste muchas veces toca improvisar o tener un plan de respaldo. El oil & gas es una industria donde hay que tener mucha planificación y, como lo conocemos en el negocio, un BCP, un plan de respaldo. Esos planes se piensan con mucha anticipación, de la A a la Z: estoy trabajando con un rubro A, pero ¿qué pasaría mañana si no me funciona?
Para eso hay que tener una rama de opciones para poder sustituirlo. Obviamente no aplica a todo lo que se compra: hay cosas fundamentales que, si no las puedes comprar en ese lugar, no se pueden comprar en otro lugar del mundo. Ahí hay que jugar no solamente con el suministro, sino también con los planes de producción.
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En muchos países ha pasado que faltó un tipo de material o de componente y eso rompió el volumen de producción. Entonces toca hablar con la gente de planificación y plantearle la situación: tengo este problema, no puedo abastecerlo, no hay una solución B, ¿cómo podemos amortiguar? Y ahí empieza también un baile invisible, donde todos planifican cómo corregir.
En la cadena de suministro, ¿qué diferencias hay entre comprar materiales y comprar servicios?
Al principio es la misma operación, porque es comprar, pero el background es muy diferente. El material normalmente ya viene listo, con un estándar y una calidad determinada: cuando se recibe, uno verifica si está dentro de sus estándares y decide si lo recibe o no. El servicio, en cambio, es un bien intangible, donde interviene la mano humana y todo termina siendo muchas veces subjetivo.
¿Cómo evaluamos un servicio de limpieza? ¿Cómo sabemos si en verdad es perfecto? Por eso desde compras nos apoyamos mucho en el área usuaria. La relación perfecta en todo este negocio de supply chain es cliente-compra: en la medida que entendemos la necesidad del cliente y tenemos ese feedback, podemos evaluar el servicio y entender esas diferencias.
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¿Cómo empezó tu vínculo con compras y qué te dejó recorrer distintas industrias?
Mi primer acercamiento fue en unas pasantías cuando vivía en Venezuela. Muchas veces se asocia compras con precio, pero atrás hay mucho valor agregado que no se ve. Después recorrí consumo masivo, energía y oil & gas, y en todos vi lo mismo: los procesos estándares aseguran calidad y un tiempo de respuesta óptimo. Pero no es lo mismo buscar un tornillo que conseguir el insumo productivo que necesita la cadena de suministro.
El comprador no es solamente alguien al que le llega una requisición y va al mercado: muchas veces tiene que hablar con el usuario, con un gerente, meterse en la operación. Cuando tú entiendes lo que estás comprando, empiezas a ver las n posibilidades de lo que se puede mejorar. Terminas entendiendo que el problema capaz que es otro y propones una solución B que puede ser más óptima.
¿Qué valor tiene la formación profesional para quien trabaja en compras?
Quien decide especializarse en compras muchas veces tiene que complementarlo con estudios. La carrera te da una base para atacar un problema, pero después aparecen un posgrado o un micromáster para potenciar esas habilidades. En una negociación puedo pensar que hice mi mejor esfuerzo, pero con mayor conocimiento veo que puedo llegar mucho más profundo. Por eso hoy apunto a la negociación y a clasificar mejor la información.
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¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial en compras y dónde queda el valor del profesional?
Hoy nos está ayudando a procesar mayor cantidad de información en menor tiempo. Si me preguntas qué autonomía tiene para la toma de decisiones, te diría que está 50 y 50: muchas veces no te permite llegar a una solución completa, pero sí te ayuda a allanar el camino. Quizás en dos, tres o cuatro años pueda hacer todo ese análisis sin margen de error y tomando variables externas.
Hoy hay que alimentarla con muchos prompts para que te devuelva algo. Por eso el valor del profesional queda justamente en entender esa información: él es el que tiene que interpretar el resultado y ver si es lógico. Para eso necesita capacidades analíticas respaldadas por sus estudios, y así saber cuál es la mejor decisión.
¿Qué reflexión te gustaría dejar a quienes forman parte de la cadena de suministro?
Hoy tenemos que agregar valor. Nuestro rol en la cadena de suministro, sea cual sea, tiene que ser analizado. No se trata solo de hacer un trabajo y terminarlo, sino de entender la importancia de lo que hago y cómo impacta en esa cadena. Muchas veces me toca ponerme el mameluco y salir a ver para qué sirve lo que compro. Si estás comprando para altamar no puedes agarrar un bote e ir a verlo, pero cuando se puede, entiendes el valor de lo que se entrega.
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Y eso llega no solamente a la empresa, sino a la cadena de suministro y al consumidor final. Hay que sentirse orgulloso de nuestro laburo, sobre todo cuando vemos el producto o el servicio que se entrega. Sentir que somos parte de eso, que ahí hay un grano de arena que cada uno de nosotros aporta.
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